En la realidad mundial irrumpió un agente de naturaleza biológica que pone a prueba la infraestructura sanitaria de cada país y genera una recesión económica a nivel planetario, con efecto inmediato en el despojo social. Argentina tiene enfrente al coronavirus, al FMI y a los bonistas, todo junto y al mismo tiempo. Hoy la política nos exige seguir cumpliendo las normas de prevención, priorizando la vida como bien supremo.
¿Es posible reconstruir, así sin más, el Estado social de base keynesiana como si nada hubiera sucedido en el interior de la sociedad del capitalismo tardío? ¿Se pueden combatir las causas estructurales y profundas que están en el origen de las expansiones virales de las últimas décadas sólo apelando a darle al Estado una dimensión más activa y presente? ¿No estamos, acaso, ante una oportunidad única de ir más a fondo con la propia metafísica del capital? Preguntas que buscan respuestas nada fáciles ni lineales allí donde la crisis de la economía-mundo es mucho más que una nueva redefinición de los modos de acumulación y de concentración de la riqueza por las grandes corporaciones y las plutocracias gobernantes.
Las políticas públicas de los Estados nacionales deben expandirse basadas en presupuestos que provengan de nuevas estructuras tributarias que graven la renta financiera y la acumulación desmedida de riqueza. Estas afirmaciones son construcciones políticas que deben ser sostenidas disputando sentido contra las vulgatas imperantes del discurso neoliberal.