La respuesta a la consigna oficialista de “memoria completa” no es la caricatural “memoria parcializada” de la que habla el gobierno y la ultra-derecha, sino la conversación necesaria, y siempre inconclusa, con aquellos que en el pasado intentaron provocar cambios revolucionarios. Porque si de reabrir el tiempo histórico se trata, sería letal dar por cerrada la historia de las rebeliones que nos precedieron.