Hablar de consumo interno y exportación de carne nunca es neutro. No es una discusión ideológica, es una ecuación productiva concreta, con límites físicos, biológicos y logísticos que, cuando se ignoran, la perjudicada es la mesa argentina.
Mientras en Medio Oriente mueren civiles y niños bajo las bombas, en distintos rincones del mundo —y también del propio sector agropecuario— algunos analizan el conflicto como si fuera simplemente una variable más del mercado. No es sólo un problema del campo: es un síntoma de época.