Los Mundiales no significan cortinas de humo. El fútbol no produce éxitos ni fracasos políticos o económicos, aunque los actores de la política crean lo contrario y actúen en consecuencia.
Pablo Alabarces sostiene que el desembarco de Peter Thiel en la Argentina no es el resultado de un impulso místico ni de la mera fascinación por la retórica de Javier Milei, sino que responde a un cálculo geopolítico sobre las condiciones materiales excepcionales que hoy ofrece la Argentina, que transforman al país en la vanguardia experimental de un capitalismo tecnológico radicalizado.
El mundial es una ficción increíble en la que sin embargo creemos, escribe Pablo Alabarces en esta nota; y el fútbol de naciones es una de ellas, tan atractiva como eficaz. No hay conspiraciones planetarias, afirma Alabarces, sino paranoias planetarias ("campaña anti-argentina") que responden a razones mercantiles y mediáticas.