Un fantasma recorre el mundo y lo cierra en sí mismo. Lo que implosiona en nuestros cuerpos es lo que no se puede desplegar en otro territorio vital: el sentido de nuestra vida vinculada a otros.
No se puede escribir sobre el golpe del '76 sobre una marca indeleble. No es un recuerdo. Ni una repetición. Vive en nosotrxs, y no sólo como horror sin nombre, sino como terror punitivo interiorizado.