Se cumplen cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la concentración mediática que nació de la complicidad de los dictadores con los propietarios de los grandes medios, ha impuesto sus propios discursos, que eran y son los del poder económico concentrado. Esa es la gran victoria de un poder comunicacional que torna la institucionalidad en simulacro y que hace inviable la existencia de una democracia real en la Argentina.