Hugo Muleiro opina que las condiciones socioeconómicas que impone el gobierno de Milei llevarán a un incremento dramático de la explotación laboral de la niñez y adolescencia, en todas sus formas, incluidas las más aberrantes.
En nuestro país se oculta una realidad dolorosa y cruel: el trabajo infantil. Niños y niñas, marginados de su derecho a una infancia feliz, se ven obligados a trabajar en condiciones inhumanas y peligrosas. Claudio Altamirano afirma que la erradicación del trabajo infantil no es solo una obligación moral, sino una prioridad para construir un porvenir más justo y humano.
El trabajo infantil y la crisis climática son dos caras de una misma injusticia estructural. En el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, urge pensar una salida común: ética, solidaria y basada en la justicia social y ambiental.
Cuando los límites al poder se borran, la libertad deja de ser horizonte emancipador y se convierte en coartada. Y allí, donde la coartada reemplaza a la justicia, no solo la democracia se resquebraja: la humanidad entera queda expuesta al riesgo de un retroceso civilizatorio.