El modelo de Milei parece un castillo de naipes que castiga a la mayoría de los argentinos mientras el FMI duda atrapado en una lógica que no se sostiene.
Francisco asumió un rol que desbordó el clásico límite espiritual: decidió intervenir en el orden económico y social de manera explícita, algo que resultó desconcertante para muchos.
Una economía que logra excedentes energéticos, pero no puede canalizarlos hacia la producción y la infraestructura, está destinada a repetir ciclos de restricción externa. Ni siquiera Vaca Muerta podrá compensar esa fuga estructural si no hay una redefinición profunda de las reglas de juego.