Foucault se sonreiría, pero también tendría algo para decirles a quienes hicieron, de parte de su obra, sostén penoso de la defección en la educación de las futuras generaciones.
Un día el bicho humano dejó de hablar a instancias de la Técnica, menos aliada que sepulturera. El autor cree que, de cambiar, la escuela ayudará a recuperar lo perdido.
Los adolescentes nos convocan detrás de su máscara de apatía, su indiferencia es nuestro espejo; es un grito, un pedido de auxilio. ¿Vamos a escucharlos o persistiremos en nuestra sordera?