
Teatro. Ladrón de uno mismo – Por Mauricio Kartun
2 julio, 2026Con cada variación de semáforo suenan las bocinas de la ilusión. Cambiamos pesos por estampitas mientras el niño arroja al cielo las pelotitas del porvenir, y llora el ensueño donde se revela el abismo de un tiempo de soledad y exclusión.
Por Gabriel Martínez Picco*
(para La Tecl@ Eñe)
Hay noches en las que uno siente el deseo de volver a levantarse, rebobinar el día, avanzar cuadro por cuadro y recrear cada instante, no para pensar en cambiar lo sucedido, sino para volver a sentirlo exactamente igual. Revivir aquellas emociones que habían quedado guardadas durante un largo tiempo y que de repente irrumpieron otra vez. ¿Si no fuera por el fútbol, que habría sido de ellas? Es una pregunta tan pertinente como retórica, y se constituye al mismo tiempo como disparador de otras tantas. Podríamos escalar interrogándonos en qué otros hechos nos movilizarían como sociedad, sentir que un determinado fenómeno es también nuestra causa, hermanados con el de al lado para caminar juntos.
El 5 de junio del presente año partía de este mundo el Indio Solari. Con él se marchó una parte importante de la cultura de este país. Adorado por millones de almas que encontraron en sus canciones no sólo la banda sonora de una época irrepetible, sino también letras con reflexiones profundas que no caducan en el tiempo. Ahí estamos, expresando en las calles el dolor, tratando de asimilar la pérdida, como pueblos ancestrales que se juntaban para cantar alabanzas y bailar danzas fúnebres, y para llorar juntos como manifestación de un modo de vida primigenio.
Días antes del suceso, el Indio había grabado un saludo para Messi que no llegó a enviar en vida. En otras palabras, dejaba un deseo: «¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo, estás para eso». Aquellas expresiones resuenan hoy como un anticipo de lo que está sucediendo. Sabemos que la razón cede ante la pasión para acomodarse en una ilusión colectiva. Si bien entre el equipo de Scaloni y la frase del Indio no hay ruptura, es atinado afirmar que la sociedad se encuentra anestesiada, paralizada sin encontrar disponibles otros elementos que nos cobijen como grupo.
Este viernes 3 de julio vuelve el fútbol por los dieciseisavos de final entre Argentina y el seleccionado de Cabo Verde, y con él también el regreso de las pasiones intensas, aquellas que juntan las dos esquinas de una misma sociedad, quien lo tiene todo y quien vive en la estrechez de una vida de carencias. La soledad de estar expulsado del sistema y la resignación de quien ya no tiene nada que perder. En cada cuadra se levantan y ondean las banderas en las manos de los malabaristas, se agitan las imágenes de Lionel y las camisetas con su rostro como estandarte de una unión verdadera sólo asociada a este momento futbolístico.
Con cada variación de semáforo suenan las bocinas de la ilusión. Cambiamos pesos por estampitas mientras el niño arroja al cielo las pelotitas del porvenir, y llora el ensueño donde se revela el abismo de un tiempo de bárbaros enajenados como nunca nadie imaginó.
Los recuerdos se amontonan y vuelve a la memoria aquella entrevista en la que el periodista televiso, con una pregunta que hoy resulta premonitoria, le dijo al Indio: «¿y sí este es tu último concierto?».
«Bueno, festejemos entonces», respondió Solari.
Viernes, 3 de julio de 2026.

*Arquitecto. Fue docencte en la Facultad de Arquitectura de la UNLP.

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