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Hegel: 5 indicios sobre poética – Por Gabriel Rodríguez Molina

“La poesía es la primera forma bajo la cual el espíritu llega a la verdad” enuncia Hegel en su olvidado libro –Poética-.

Por Gabriel Rodríguez Molina*

(para La [email protected] Eñe)

Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda.

Hölderlin

 

  1. “La poesía es la primera forma bajo la cual el espíritu llega a la verdad”

Hegel ante todo era un poeta. Un ser sensible abierto a las influencias de la poesía, abierto al cauce sensible que la poética teje para hacer pasear al espíritu por los lugares más desconocidos, más bellos y más extraños. Por eso Hegel, curioso en esencia, intenta encargarse, percibir algo (la parte domable, digamos) de su propia experiencia poética, no olvidemos todas sus amistades y sus inicios como poeta, como tampoco podemos olvidar el vínculo primigenio que existe entre la poesía y la filosofía, dos monstruos que formulan preguntas, dos animales que ponen la interrogación frente los pasos del ser, es decir, dos formas de llegar a los abismos, a los bordes de lo real, dos formas de habitar los límites que nuestro propio cuerpo o nuestros propios ojos nos imponen.

 

  1. “La poesía es más antigua que el lenguaje”

 ¿Cómo llegar entonces a rozar algo del alma, porque Hegel cree en el alma, si no es a través de la bello? Para eso es que plantea en su libro Poética las condiciones que percibe él no pueden faltar en cualquier intento que tenga uno para iniciar su camino en la poesía, lo que es lo mismo decir en el arte, en la práctica de preguntar, de confrontar el absurdo y, sobre todo, de confrontar las pasiones.

 La poesía, como la filosofía, es una forma de la pasión, una manifestación que se vale por sí misma, una energía autónoma y libre que no depende más que de su origen para inquietar y atravesar al ser en su más enajenado contexto.

La poesía, no como respiro o como válvula de escape sino la poesía como una forma de mirar al mundo, una forma de relacionarse con lo real, una forma de caminar, de preguntarse, de relacionarse con el otro, la poesía como la primera forma de hacer filosofía, eso es lo que plantea Hegel, la poesía como el movimiento mismo, no el fin, la poesía como el gesto, la forma de llegar a ese terreno llano que es el de no encontrar respuesta.

 

  1. “La poesía es el principio espiritual de nuestra naturaleza íntima”

En su libro Poética Hegel detalla y hace, como un cirujano, una anatomía comparada entre las diversas ramas de la poesía (lírica, dramática, épica) sustrayendo la esencia, ese exudado medular, esa columna vertebral que fue buscando en los rincones  de su biblioteca, en las pequeñas esquinas que presenta porque toda biblioteca esconde dentro de sí una ciudad y es en los  lugares más remotos, los más polvorientos y más olvidados donde Hegel encuentra pequeñas llaves que le sirven como talismán para formular su pensamiento.

 

  1. “En el interior de la poesía hay una existencia extraña”

En fin, estos breves indicios son apenas unos pétalos que se acercan a derramar su perfume en las finas praderas que teje el tiempo, y a la vez, son la invitación cordial que la poesía formula a través de los seres para no ser olvidada. Porque el ser necesita a la poesía, su espíritu en algún momento le pedirá formular esas preguntas, ansiarán esas manos tomar el cuenco para regar la semilla y espectarán sus ojos hasta ver el brote pequeño emerger de la tierra, gozará su alma al oler el perfume y elevará su voz en ese silencio íntimo que hará el cuerpo al experimentar esa frágil sensación de inmortalidad que tiene la persona al detenerse frente a la poesía.

No debemos perder entonces el carácter íntimo ni la pasión por los secretos, ni olvidar el sentido musical de la vida que se distingue del pensamiento para doblegar la percepción finita con el martillo de la imaginación, porque como dice Hegel, es la imaginación lo que hace poético un tema y debemos inervarnos de esa imaginación para poder caminar las calles de nuestra vida con gracia, debemos convocar a ese signo desnudo para que oriente nuestra brújula en este teatro y creer en la verdadera sustancia de las cosas, en la potencia que anida en cada raíz que aún no vemos, en la sabia antigüedad que madura en nosotros mismos a través de ella, en la liberación a la que se acontece cuando uno se acerca y la toma para ir al hueso del espíritu, para perforar la piel y las palabras, la razón y la locura. Y Hegel lo hace, va desde el centro a la periferia, como si se tratara de un guía que va con el machete haciendo el camino desde el pulmón de la selva hacia las orillas donde esperan los barcos para la huida.

 

  1. “La poesía revela el alma, el sentido íntimo de las cosas, sus propios secretos”

Pero Hegel sabe que no es sin dolor, sin mordidas de serpientes venenosas ni rasguños de las ramas afiladas ni con el frescor de la infinita lluvia que saldrá. Porque se trata de estar a la intemperie, peleando con los impulsos más antiguos de la tierra, avanzando sin avanzar y caminando sin caminar, pensando en esa utopía que alguna vez alguien nos hizo soñar.

Recurre, entonces, Hegel, a su memoria más íntima y personal, convoca, para hablar de poesía a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Goethe, pero también va más allá y nos trae a Sófocles, a Eurípides, a Esquilo, a Aristófanes, al Antiguo Testamento, al Korán, a Salomón, a las sentencias áureas de Pitágoras, a Plauto, a Aristóteles, a Voltaire, a Calderón, a Hesíodo y a Parménides, a la Ilíada y a la Divina Comedia, a las Odas de Píndaro, a las poesías de Hafis, al Fausto, al Cid, al Hamlet.

Esos son los pinceles que utiliza Hegel para pintar su autorretrato de lector y de poeta. Como si se tratara de una confesión estos nombres pasean en su Poética como si vivieran juntos en la misma manzana y se juntaran a la tarde a tomar el café con uno que se acerca tímidamente y arrima una silla en la mesa grande del bar. Porque allí, sostendrá Hegel, está la verdad, y eso es en definitiva lo que lo seduce a su poeta interior, lo que lo lleva a buscar en esa potencia misteriosa el encuentro desnudo con la verdad, y sabe que la única forma de llegar a su cita en el imperio de las sombras es la poesía. La siempre fiel poesía.

 

La Plata,  10 de abril de 2021.

*Gabriel Rodríguez Molina (1995, La Plata, Buenos Aires) es narrador, cronista, poeta, letrista y dramaturgo. Estudia Medicina y Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata. Publicó los libros El despertar de los ojos glaucosLágrimas de un pájaroUn cielo que llaman muerteMe necesitan las flores me necesita el silencio y Severino (Ed. Sudestada).       

Durante el 2019 participó de la Residencia para artistas del TACEC (Teatro Argentino Centro de Experimentación y Arte Contemporáneo) y formó parte de la Antología de poesía Contemporánea Latinoamericana (Buenos Aires Poetry).       

Trabajó en la Clínica Final de Obra (auspiciada por la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires) con su novela Ensayo sobre la intimidad bajo la tutela de Fernanda García Lao y estudió dramaturgia con Mauricio Kartun.       

En el año 2020 grabó «Güor. Cantata del Museo Sepulcro. Homenaje al Cacique Ranquel Mariano Rosas» obra integral para orquesta de la cuál es autor.    

Escribió las obras de teatro: Severino, el infierno tiene nombre (a estrenarse durante el 2021), Duelo criollo (sainete fundacional) Desiertos los bosques sagrados (Continuidad de las troyanas de Eurípides) y Arlt, el poeta en las nubes (pieza onírica en un acto).    

Actualmente colabora con el Diario El Día y con las revista Ágrafos (Washington D.C.) y La [email protected] Eñe.      

Redes:  https://www.instagram.com/gaaborm/ https://www.facebook.com/gabriel.rodriguezmolina  

3 Comments

  1. Omar Gais dice:

    ¿Y acá qué pasó Tecla?
    Denle a este niño veinte años y después le publican algo.
    Creo que es de Thoreau: «Cómo sentarse a escribir antes de pararse a vivir». Modestamente, me pareció superarlo al proponer que nadie abra la boca antes de los cincuenta.
    En tumultuoso intercambio con gente de redes comprendí mi error: 60.

  2. Omar Gais dice:

    Sres. [email protected] Eñe
    Agradezco tan delicada respuesta.
    Y digo: estudié filosofía en la FFyLetras de la UNCuyo; quedé harto para siempre de esencias, sustancias, más alláes y trascendencias. Quizá eso explique cierta irritación respecto de la nota. Al margen de ello, señalo que no se puede recuperar sin más una filosofía anterior a las deconstrucciones múltiples del siglo XX. No se puede.
    En rigor no hay «contenido» de la nota. Se trata de un extenso y acaramelado elogio de poesía y filosofía que se regodea enlazando las grandes palabras y que deja escapar alguna senda prometedora. Que «la poesía es más antigua que el lenguaje», por ejemplo. Al comienzo de Desgracia, Coetzee arriesga que «el origen del habla radica en la canción, y el origen de la canción, en la necesidad de llenar por medio del sonido la inmensidad y el vacío del alma humana».
    Sobre los logros que logra lograr en distintos campos el joven que escribe y que lo señalan como un destacado, en mí evoca por el contrario a un «empresario de sí mismo» empeñado en incrementar su capital humano (el neo liberalismo no es sólo una política económica); y así, prefiero quedarme en Flaubert: «los honores deshonran, el título degrada, el cargo embrutece». O en Deodoro Roca y su visión de los doctorados. Los doctores.
    Termino con Wittgenstein (y es la Carta VII de Platón) y me disculpo por el rosario de citas: «En la carrera de la filosofía gana quien sabe correr más lentamente».

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