
Ruido de época – Por Martín Kohan
24 julio, 2026El avance de proyectos petroleros en Malvinas bajo control británico consolida un enclave estratégico que altera el balance geopolítico regional, con implicancias a largo plazo para la Argentina y el Cono Sur.
Por Iván Ambroggio*
(para La Tecl@ Eñe)
En poco más de un año y medio serán extraídos los primeros barriles de petróleo desde el lecho marino al norte de las Islas Malvinas. Así surge del informe que la petrolera Rockhopper envió a sus accionistas para avisarles que el directorio había tomado la decisión final de avanzar con el proyecto de extracción de petróleo del yacimiento Sea Lion, a unos 200 kilómetros al norte de Puerto Argentino, la capital de las islas bajo control ilegal británico.
El proyecto Sea Lion, descubierto en 2010 por Rockhopper Exploration (Reino Unido), avanza con el socio mayoritario Navitas Petroleum (Israel), que ostenta el 65% de la participación tras la Decisión Final de Inversión (FID) tomada en diciembre de 2025. Rockhopper retiene el 35%. La fase 1 apunta a 170 millones de barriles recuperables, con producción pico inicial de alrededor de 50.000-55.000 barriles por día (bpd) a partir de marzo de 2028, y potencial para escalar a 120.000 bpd en fases posteriores.
El petróleo es crudo convencional de buena calidad extraído de depósitos offshore en la plataforma continental. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, 1982), Argentina ejerce derechos soberanos sobre su plataforma continental extendida en el Atlántico Sur, que comprende el área del yacimiento Sea Lion. El Reino Unido, sin embargo, administra estas aguas como territorio propio, desconociendo las sucesivas resoluciones de la ONU que instan a resolver la disputa de soberanía mediante negociaciones bilaterales.
Para los aproximadamente 3.500 isleños, el impacto económico es transformador. El gobierno kelper percibiría regalías del 9% sobre el valor del crudo (estimadas en US$120 millones anuales iniciales a US$70/barril, escalando a US$270 millones con mayor producción), más impuestos corporativos del 26% (alrededor de US$25 millones anuales en la primera década). Según informes y evaluaciones macroeconómicas de agencias internacionales como S&P Global Ratings, el Producto Interno Bruto actual de las Islas Malvinas ronda los US$350 millones —impulsado principalmente por la actividad pesquera y el turismo—, una cifra que podría multiplicarse de concretarse el desarrollo de la industria petrolera. Dicho escenario proyecta un crecimiento en la cadena de suministro, infraestructura y servicios, lo cual analistas comparan con un perfil económico de gran envergadura en el Atlántico Sur. Esto fortalece la posición económica de los isleños quienes alegan su derecho a la autodeterminación; argumento que no aplica porque se trata de una población implantada por el Estado ocupante.
Los riesgos para Argentina son elevados. Económicamente, representa una pérdida de recursos hidrocarburíferos soberanos equivalentes a un 6% de la producción nacional actual (comparable a campos clave de Vaca Muerta). Geopolíticamente, consolida la ocupación británica desde 1833, legitimando un enclave colonial en el Atlántico Sur y complicando reclamos de soberanía. El exministro Matías Kulfas lo resumió: «Se están robando literalmente el petróleo argentino en Malvinas».
Históricamente, las Malvinas tuvieron importancia estratégica vital hasta 1914. Como estación naval y punto de control en rutas al Pacífico, protegían intereses británicos antes de la inauguración del Canal de Panamá. Controlar el Cabo de Hornos y el Pasaje de Drake era clave para el comercio global. Hoy, su valor radica en recursos (petróleo, pesca, posibles minerales), posición geoestratégica ante la Antártida, Hielos Continentales, Amazonas y Acuífero Guaraní (todas reservas de agua relevantes a nivel planetario) y proyecciones climáticas de rutas marítimas bioceánicas alternativas.
El impacto geopolítico es significativo. Robustece la presencia británica en el Hemisferio Sur, potencialmente facilitando bases o influencia en un contexto de tensiones globales. La influencia de Estados Unidos es ambivalente: aliado histórico de Reino Unido (OTAN y «Five Eyes»), pero con debates internos (especialmente bajo administraciones republicanas) sobre apoyar reclamos argentinos dada la alineación de Javier Milei con Washington y Tel Aviv. Marc Zell, presidente de Republicans Overseas Israel y figura influyente en círculos republicanos cercanos a Donald Trump, ha sugerido públicamente que Estados Unidos revise su tradicional apoyo a Londres en favor del reclamo argentino sobre las Malvinas. Sin embargo, conservadores británicos advierten sobre los riesgos que esto implicaría para la alianza especial entre Washington y el Reino Unido.
El rol del gobierno argentino actual ha sido criticado por su «ruidoso silencio». Mientras prioriza relaciones con Occidente e Israel (socio en Navitas), la respuesta diplomática ha sido tibia ante el avance del proyecto. Analistas reclaman acciones firmes en foros internacionales, invocando resoluciones de la ONU para negociaciones pacíficas. Esta actitud genera especial preocupación porque la Argentina tiene malos recuerdos de confiar en eventuales apoyos de Estados Unidos: durante la dictadura militar que desembocó en la Guerra de Malvinas de 1982, el gobierno de facto también creyó que Washington les brindaría pleno respaldo debido a las buenas relaciones forjadas en el marco del Plan Cóndor, pero finalmente Estados Unidos optó por apoyar a su histórico aliado británico. La percepción popular de «desmalvinización» contrasta fuertemente con los gestos simbólicos de la Selección Argentina durante el Mundial de Fútbol 2026 y con el sentir de la sociedad y los grupos de Veteranos de Guerra.
En síntesis, el petróleo de Sea Lion no sólo enriquece a un enclave colonial, sino que redefine equilibrios de poder en el Atlántico Sur. Como advierte el experto en asuntos globales Juan Gabriel Tokatlian respecto a la profundización de la brecha de soberanía, el avance de proyectos petroleros en Malvinas bajo control británico consolida un enclave estratégico que altera el balance geopolítico regional, con implicancias a largo plazo para la Argentina y el Cono Sur. Ignorar el colonialismo moderno conlleva el riesgo de perpetuar injusticias históricas y pérdidas estratégicas. Argentina debe reactivar su diplomacia multilateral para defender sus derechos, mientras el mundo observa cómo recursos vitales fluyen bajo bandera ajena. La cuestión Malvinas trasciende símbolos: es soberanía, recursos y futuro regional.
24 de julio de 2026.
*Analista internacional, docente de Ciencia Política, autor del libro “MALVINAS”.

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