
Soberanía Inc. – Por Rafael Bielsa
7 septiembre, 2026Murió Norberto Galasso, y la autora de la nota lo despide con este homenaje en clave discepoliana.
Por Angelina Uzín Olleros*
(para La Tecl@ Eñe)
Murió Norberto Galasso. Tenía 90 años y más de setenta libros escritos. Su obra fue una militancia persistente por las ideas de una Argentina herida y, en ocasiones, aguerrida. Galasso cursó estudios en el Colegio Comercial San Martín y en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, egresando con el título de Contador Público Nacional. Investigador, periodista, político, militante, en 1963, publicó su primer libro, «Mariano Moreno y la revolución nacional». A partir de 1966 inició su labor de investigación con una biografía titulada «Discépolo y su época», editada por Jorge Álvarez, y dio comienzo, así, a su actividad de militancia vinculándose al Partido Socialista de Izquierda Nacional, orientado por Jorge Abelardo Ramos, donde estableció estrechas relaciones políticas con Arturo Jauretche y Juan José Hernández Arregui. Al constituirse el Frente de Izquierda Popular (FIP), en 1971, renunció al PSIN. Colaboró desde entonces con la izquierda peronista, sin integrarse a ella, permaneciendo en posiciones de Izquierda Nacional. En 1973, se desempeñó, durante pocos meses, como síndico en la Editorial Universitaria de Buenos Aires, dirigida entonces por Arturo Jauretche.
Con una ya desarrollada carrera periodística en diversos medios impresos, colaboró con la revista Crisis. Durante la última Dictadura Militar, que censuró sus libros «Vida de Manuel Ugarte» y «¿Qué es el socialismo nacional?», se refugió en la investigación y publicó en el exterior artículos en la prensa clandestina. Restablecida la democracia, publicó varias obras en la Biblioteca Política del Centro Editor de América Latina, de entre las que cabe mencionar «La izquierda nacional y el FIP», libro con el que inicia la reivindicación de los hombres del Frente Obrero, creadores de esta corriente de pensamiento político en la década del ´40 del siglo pasado. Galasso ha publicado más de cincuenta títulos entre ensayos, antologías, estudios histórico-políticos, investigaciones y polémicas como «Seamos libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín», «De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa argentina» y la documentada biografía en dos tomos de Juan Domingo Perón.
Voy a destacar en este artículo su libro «Discépolo y su época», reeditado en 2011 sobre, en el cual Discépolo y su época conviven estrechamente, y por ello no se comprende al hombre sin su tiempo. Tal vez porque siempre que vamos cuesta abajo, no falta quien recuerde la letra de «Cambalache» para hablar de un supuesto ADN argentino. Enrique Santos Discépolo vivió intensamente los avatares políticos y sociales del devenir de comienzos de siglo XX, historia que para Galasso hunde sus raíces en el siglo XIX y transita el fracaso del sueño de la Patria Grande de San Martín y Bolívar, proyecto que quedó abierto, como una herida que no se pudo curar ni cerrar. «¡Trágico destino el de aquella primera década del novecientos! La oligarquía, alimentada con la renta agraria, se regodea en el lujo. Sus hijos corren alocadas aventuras rociadas con champagne en los cabarets europeos o arman patotas en las esquinas del centro porteño, mientras las ‘niñas bien’, rebosantes de presunción, pasean en rutilantes landós por la calle Florida».
Discépolo nació un 23 de marzo de 1901, quedó huérfano de madre y padre desde muy pequeño, no tuvo infancia como afirmaba Tania, su compañera, quien también contaba que él se olvidaba de comer y padecía anemia por esa circunstancia. La «década infame» marcará a fuego su juventud. En 1929 una crisis financiera conmueve al mundo entero, la desocupación afecta a millones de trabajadores de todos los países, las grandes potencias descargan el peso de la crisis sobre los países del tercer mundo; nuestro país sufre ese embate, la oligarquía argentina necesitaba sacar de la presidencia a Hipólito Yrigoyen para cuidar directamente sus capitales en riesgo.
La «restauración conservadora» del Golpe cívico militar del 30 coincidió con el inicio de la Gran Depresión; en seis días, a finales de octubre de 1929, la Bolsa de Nueva York se hundió estrepitosa e inesperadamente. El crac borró el febril optimismo del mercado bursátil y la supuesta invulnerabilidad de la América republicana de los años veinte.
Esa crisis económica afectará a millones y Discépolo será uno de ellos. En noches de necesidades y ausencias comienza a anotar los primeros versos de «Yira, yira», que se estrenó el 5 de septiembre de 1930, al día siguiente del golpe que derroca a Yrigoyen, iniciando una de las etapas más oscuras de nuestra historia, plagada de entrega del patrimonio nacional y la más escandalosa corrupción.
Para Norberto Galasso, «Yira, yira» expresaba el sufrimiento social, la incertidumbre y el despojo. Discépolo dijo: «Ese tango nació en la calle, precisamente, me lo inspiraron las calles de Buenos Aires, el hombre de Buenos Aires, la rabia de Buenos Aires. Yo no escribí esa canción con la mano. La padecí con el cuerpo. Quizá hoy no la hubiera escrito porque los golpes y los años serenan. Pero entonces tenía veinte años menos y mil esperanzas más»… «Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esta manera estoy más cerca de ellos y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan y ríen sin moldes». Ese dolor es el reflejo de la depresión de un contexto nacional e internacional que acompañaron la época. «Cambalache» fue escrito en el año 1934 para la película «Alma de bandoneón», un film que se estrenó en 1935 al mismo tiempo que se gestaba FORJA.
«Los slogans de FORJA son muy vecinos a los del APRA peruano de Haya de la Torre. La denuncia del inicuo tratado Roca-Runciman hace de Gran Bretaña el enemigo número uno de FORJA. Arturo Jauretche define y analiza lo que, en su expresión destinada a perdurar, llama ‘el estatuto legal del coloniaje’, es decir, el conjunto de los tratados y concesiones que ligan la economía argentina a Gran Bretaña…». Paradojas del devenir, la letra de «Cambalache», o sus fragmentos, han sido utilizados como himno de la despolitización, la ruina de la política y el desprecio por nuestra cultura argentina; lejos estaba la intención de su autor de generar en el imaginario de nuestro pueblo ese sentimiento de rechazo hacia la política.
Hacia el final de los años 40, Discépolo participaba en las pulseadas políticas y gremiales en SADAIC y ya manifestaba su adhesión al peronismo. «Para Discépolo, que no era un político, lo que estaba haciendo el peronismo era sustancialmente un cambio social. Eso es lo que a él le importaba», señala Galasso. Comenzó a colaborar con la campaña electoral para la reelección presidencial de Perón; lo hacía desde el programa radial oficialista «Pienso y digo lo que pienso», que luego, con Discépolo, pasó a llamarse «¿A mí me la vas a contar?» y se dirigía a un interlocutor hipotético a quien bautizó «Mordisquito». Éste era una representación del arquetipo de pequeño-burgués antiperonista.
«Cambalache» estuvo prohibido durante la década infame porque habían censurado el lunfardo; como dice su letra, en la vidriera irrespetuosa de esos cambalaches se había mezclado la vida, como hoy puede mezclarse en la crisis de nuestro presente la sabiduría y la ignorancia, el egoísmo y la bondad.
Todo el libro de Galasso recorre minuciosamente la biografía de Discépolo y los avatares de esa primera mitad de siglo. Concluye relatando los momentos de su muerte y sus repercusiones. «En su escritorio, entre un desordenado revoltijo de papeles, aparecen dos tangos sin letra que serán posteriormente ‘Mensaje’ y ‘Andrajos’. Se encuentran además los versos de aquella ‘falsa escuadra’ que tanta gracia causara a Enrique en una noche de La Lucila y que dormían un prolongado sueño desde 1942. Aparece el borrador de una letra inconclusa denominada ‘Fratelanza’ que decía: ‘Me pidió la escalera prestada pa’subir hasta donde llegó. Cuando estuvo afirmado en el techo me dio una patada en la jeta… y rajó’”.
A Galasso le hubiese gustado este despojado homenaje en su memoria, esta austeridad discepoliana en tiempos de gran penuria, como en las letras de aquellos tangos.
7 de septiembre de 2026.

Dra. Ciencias SocialesCoordinadora Académica Maestría en Género y Derechos UNGS/UADER.

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