
Un país que naturalizó la locura – Por Hugo Presman
8 septiembre, 2026El presidente Lula da Silva entendió algo que Milei no entiende: desarrollar el campo no significa ayudar al productor grande y al exportador. Significa que el pequeño productor pueda quedarse en su tierra, producir alimentos y crecer.
Por Matías Jáuregui *
(para La Tecl@ Eñe)
El mes próximo Brasil elige presidente. Y para nosotros esa elección importa. Brasil no es solamente nuestro vecino, es nuestro principal socio comercial. Mucho más que Estados Unidos. Pero hay una razón todavía más interesante para mirar lo que está pasando en ese país: Brasil convirtió al agro en una herramienta para desarrollar su interior.
No fue solamente cuestión de hectáreas. Es cierto que Brasil tiene una escala territorial, una disponibilidad de tierras y condiciones climáticas diferentes a las nuestras. Pero eso no explica todo.
Hace 25 años Argentina y Brasil producían prácticamente la misma cantidad de granos. Hoy Brasil produce 2,5 veces más, y sólo su soja supera toda nuestra producción granaria.
Lo impresionante vino después de producir más: Brasil llevó ese crecimiento hacia el interior.
En los últimos 30 años, la población de las regiones agropecuarias creció 81% y más de 5,3 millones de personas se trasladaron hacia esas zonas. No fueron expulsadas de las ciudades, fueron atraídas porque allí aparecieron trabajo, industrias, servicios y oportunidades. Surgieron 319 ciudades y casi 400 municipios agropecuarios crecieron por encima del promedio nacional.
Y acá aparece Lula.
El presidente brasileño entendió algo que Javier Milei no entiende: desarrollar el campo no significa ayudar al productor grande y al exportador. Significa que el pequeño productor pueda quedarse en su tierra, producir alimentos y crecer.
Hoy Brasil destina R$85.200 millones al Pronaf, el programa de crédito para la agricultura familiar, dentro de un Plan Safra familiar.
Mientras nosotros discutimos permanentemente si el Estado tiene que estar dentro o fuera del campo, Brasil construyó algo diferente, un Estado que ayuda a que grandes, medianos y pequeños productores puedan invertir y que el desarrollo no quede concentrado en San Pablo o Río de Janeiro.
El resultado se ve en el mapa, el PBI per cápita del Centro-Oeste agropecuario ya supera al de los grandes centros industriales de San Pablo y Río. Y sus exportaciones por habitante, que hace dos décadas eran la mitad, ahora son el doble.
Por eso, antes de las elecciones brasileñas, habría que mirar menos a Brasil para preguntarnos cuánto produce y mucho más para preguntarnos cómo consiguió que millones de brasileños quieran vivir y trabajar en el interior.
El desarrollo agropecuario no se mide en récord de exportación; se mide en el crecimiento de los pueblos del interior, donde llegan universidades, industrias, y con esto trabajo
Lula sostiene una política para que producir en el campo signifique vivir mejor en el interior.
8 de septiembre de 2026.

*Ingeniero Agrónomo y productor agropecuario de Tandil.

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