12 octubre, 2019
La prudencia de Alberto Fernández, el tacto firme de su enunciación, no es sólo una disposición de carácter, es lo que demanda la situación si se desea que lo político retorne a su lugar. La hora de Fernández es la nuestra, pero no todo depende de él sino de lo que podamos construir para que se pueda gobernar una situación compleja.




