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Elogio de Alberto Fernández – Por Jorge Alemán

La prudencia de Alberto Fernández, el tacto firme de su enunciación, no es sólo una disposición de carácter, es lo que demanda la situación si se desea que lo político retorne a su lugar. La hora de Fernández es la nuestra, pero no todo depende de él sino de lo que podamos construir para que se pueda  gobernar una situación compleja.

Por Jorge Alemán*

(para La Tecl@ Eñe)

 

El peronismo está siempre habitado por vertientes contrapuestas .Una  es disruptiva, instituyente, de apropiación popular del espacio público. La  otra es institucional, republicana y perteneciente a la lógica de Estado en sus distintos órdenes. No hay nunca una síntesis final entre estas dos dimensiones ni mediaciones que le otorguen un equilibrio definitivo. Es en el seno de estas tensiones irresolubles donde aparece en la escena la conducción política. Y el saber hacer de la política exige tanto del cálculo como la invención.

Este es el lugar de Alberto Fernández, donde en  lo ya hecho hasta aquí ha sabido mostrar sus condiciones para la apuesta por esa conducción.

En primer lugar en sus diversas comparecencias en los medios adversarios, donde además de la paciencia infinita que ha sabido mostrar, ha sido muy importante también la firmeza y astucia para no permitir que su discurso pierda sus aristas más propias y novedosas. Fernández,  mientras construía su posición singular de futuro presidente, encontraba el lugar pertinente para su reconocimiento al gran peso histórico de Cristina. Cuestión nada fácil que siempre supo solventar frente a los interlocutores más suspicaces y hostiles. Nunca su reconocimiento y admiración por la vicepresidenta le hizo perder fuerza y novedad al propio estilo que él inaugura para esta etapa. Un estilo que se conjuga de inmediato y en una misma lógica con la gravísima situación argentina y el complejo mundo del siglo XXI, donde los poderes mundiales ya anunciaron lo que se prepara en el 2020. El recurso a la moderación de Alberto jamás le impide, todo lo contrario, insistir en que en este tiempo sinuoso, una conducción no es más que una herramienta asediada por una urgente responsabilidad colectiva en un auténtico final de época en la Argentina. Tal vez  estemos en la más urgente de todas nuestras encrucijadas históricas. Por ello más que reclamar una identificación a un líder, Alberto invita a la participación de una construcción colectiva que se permita dar el tiempo para pensar lo que nos pudo ocurrir para que tuviera lugar semejante devastación. Reflexión que nos debemos, aún en las condiciones durísimas de nuestro pueblo. Por ello cuando habla se percibe claramente la intensidad de este dilema. Incluso su sensibilidad liberal y progresista pueda en esta ocasión canalizar de un modo más sensato el enorme caudal transformador de nuestros sectores más jugados y comprometidos en su vocación emancipadora. En otros términos, impedir que se diseminen energías políticas en el sector donde reside nuestro mejor legado.

Suele ser difícil que dos personalidades políticas como Cristina y Alberto, transformen la escena pública en un suceder ininterrumpido de lecturas que preparan un diagnóstico de la situación. Será para siempre una muestra definitiva del talento político de Cristina haber elegido a Alberto, y una prueba de solidez e inteligencia prudencial de Alberto haberse construido en un país tan difícil, su lugar inconfundible y singular. La prudencia de Alberto, el tacto firme de su enunciación, no es sólo una disposición de carácter. Es lo que demanda la situación si se desea que lo político retorne a su lugar y que nuestros legados, que estuvieron a punto de naufragar y que otros con tanto poder quisieron hundir, vuelvan  a tomar la palabra. La hora de Fernández es la nuestra, pero no todo depende de él sino de lo que podamos construir para que se pueda  gobernar una situación endemoniada.

 

Madrid, 12 de octubre de 2019

*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».

9 Comments

  1. nora merlin dice:

    muy bueno, bravo. En un artículo breve Jorge Aleman dice casi todo

  2. Liliana dice:

    Es impresionante cómo Jorge diagnostica el lugar desde dónde habla Alberto Fernández Cómo resultó la gran estrategia de Cristina dando lugar a lo que damos en llamar :
    Acontecimiento

  3. Daniel dice:

    Brillante, como siempre

  4. María Elena Napione Bergé dice:

    Gracias, Jorge Alemán por su excelente análisis.

  5. Alcira Alonso dice:

    Cuando lo leí, me asombró como en muy pocas palabras, pudo poner es una especie de cierre, de síntesis de todo lo que dijimos, reflexionamos, discutimos y re discutimos respecto a esta fórmula, de la que tanto se habló .
    Vuelvo a leer esta publicación y me siento representada en mis conclusiones que, él, sabiamente, corrigió y las volvió a poner en consideración de todos nuestros compañeros, de manera mucho más comprensible y, se me ocurre, que a todos nos debe ocurrir lo mismo

  6. Celia dice:

    Claridad! Reflexión! Compromiso! Gracias Jorge Aleman

  7. Victor dice:

    Esperemos que aquellos que demostraron poca o nula lealtad a quien le dio lugar para «ser quienes son», no vuelvan a sus volantazos individualistas. «Sanguchito, randazzo y ventajita» no inspiran la menor confianza.
    Sólo por la elección de Cristina y el crédito de más del 40% de la sociedad Argentina que ella tiene, es que hoy Alberto está donde está. Ojalá, demuestre en la gestión venidera, que debe gobernar para el pueblo.

  8. Juan Ticak dice:

    Como siempre Jorge nos hace pensar.
    Particularmente en el día de hoy tomé un concepto al que hizo referencia en varias oportunidades que creo debemos repensar y debatir. Contribuyo con ello en lo que sigue:

    El momento político y la conducción

    La nota de Jorge es sin lugar a dudas una expresión del deseo de todos los peronistas en lo que respecta a la posibilidad extraordinaria que se nos presenta para un retorno de lo político luego de la devastación de esta nueva etapa neoliberal que termina.
    Coincidimos también que se trata de algo que compete tanto al futuro presidente de la argentinos como al colectivo que lo está llevando a tal responsabilidad.
    La amplitud de este colectivo es propia de lo que siempre ocurrió al interior y adyacencias del peronismo. Pero ocurre que la única amplitud que hoy en día se menciona en lo medios masivos es la de los dirigentes que Alberto Fernández, con gran muñeca, ha logrado conjugar; de modo que se trataría de un rejunte.
    Este mérito ya estaba en poder de Alberto en tanto que dentro del espacio peronista que abjuraba de Cristina lo tenía como armador de privilegio.
    Pero es Cristina quién tiene votos y militancia propia.
    Es por esto que sin restar ni agregar méritos llegamos a la palabra nuclear de la nota de Jorge: conducción.
    La conducción es, fue y será de Cristina.
    Que lo sea en el futuro no es sólo una expresión de deseo. Dadas las características que podemos observar en la construcción de una conducción al uso peronista solamente la desaparición de la misma permite que otra surja, algo que como sabemos no pasa con frecuencia en la historia de los pueblos.
    Lo que intuimos es que quien permite el momento político es la conducción. De un modo si hay un gobierno popular y de otro desde la oposición. De modo que la construcción política en cada uno de estos dos momentos diferenciados se nutre necesariamente de lógicas también diferentes.
    Tal vez por ello desde nuestro espacio, con la derrota del 2015, se escuchó con fuerza la frase de compañeros que decían «Cristina no me conduce».
    Creemos que es un buen momento para regresar al análisis de estas lógicas que permitan anclar nuestro pensamiento popular en bases sólidas, tanto para exigente etapa que se avizora como para otros momentos futuros.
    Lo que proponemos para su debate es que el momento político está signado por la conducción.

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