Rocco Carbone propone en este artículo una reflexión en torno a la pregunta por la caracterización del actual experimento libertariano como fascismo, haciendo foco en el modo psicológico o emotivo de ser fascistas.
La experiencia histórica registra que ante los periódicos cracks del capitalismo, con sus secuelas de desocupación y conflictividad social, los mercados de capitales promueven y financian movimientos totalitarios para que se encarguen de ejercer el control social.