El desafío del gobierno del Frente de Todos es el de superar el circuito materia prima-mercado internacional que condena a la Argentina a una perpetua subordinación del imperio de turno.
La autora de este artículo sostiene que ante la clausura de la memoria de las luchas que el neoliberalismo impone, urge discutir usos del feminismo –aunque también extensivos a las derivas identitarias y al pensamiento decolonial-, que trafican mediante vocabularios llamativos y programáticas fragmentacionistas, una renuncia absoluta a reconocernos en los legados de proyectos colectivos nacionales y latinoamericanos en clave antiimperialista.
El pensamiento keynesiano está detrás de las medidas adoptadas por el gobierno de Alberto Fernández en estos primeros 25 días, donde es clave el rol del salario, del consumo interno y del Estado en la administración, gestión y programas de acción de corto plazo, mientras trata de acordar con los acreedores externos incluido el FMI, la suspensión de todos los pagos por lo menos por dos años.
La deuda pública externa a partir de diciembre de 2015, ha sido tomada en desprecio de su juridicidad, dado que es comprobable que no se cumplió con el itinerario del Congreso. La asunción de la deuda, en tales condiciones, no puede calificarse como un acto de imperio estatal y constitucionalmente congruente. Pero ha perjudicado a todos quienes habitan el país.