¿Cuánto de lo que padecemos en la actualidad, inscripto en el gobierno de Javier Milei, es tributario de antecedentes no saldados del ejercicio de terror estatal instituido en 1976? Responder a este interrogante implica hacer visible la responsabilidad de los dos actores centrales que estructuraron el golpe militar de 1976, y que permanecieron ocultos eludiendo tanto la justicia como el escarnio público: los grandes empresarios argentinos —que en la década del '80 fueron catalogados como los Capitanes de la Industria— y el Departamento de Estado.