No toda despedida es una clausura. Algunas inician una pregunta acerca de cómo se gestiona una fractura emocional: ¿Qué hace un pueblo con aquello que ama?
Con cada variación de semáforo suenan las bocinas de la ilusión. Cambiamos pesos por estampitas mientras el niño arroja al cielo las pelotitas del porvenir, y llora el ensueño donde se revela el abismo de un tiempo de soledad y exclusión.