La bala que no salió y el fallo que sí activaron el núcleo del poder mafio-fascista que, más allá de otras características contingentes, es el supremacismo, la creencia de que un grupo de personas es superior a otras.
Este trabajo recupera, desde Trotski, un aforismo de Marx: ningún régimen desaparece de la escena antes de haber agotado todas sus posibilidades. Y propone: ningún régimen reaccionario puede ser revocado si en el campo antagonista no se organiza un poder de freno, resistente, y, en un momento, radicalmente afirmativo.
La desigualdad es una amenaza para la igualdad en todas partes. Este texto mira más allá de los confines nacionales. Las expresividades tanáticas del capitalismo financiero requieren que el campo de la emancipación cultive una igualdad radical.