Foucault se sonreiría, pero también tendría algo para decirles a quienes hicieron, de parte de su obra, sostén penoso de la defección en la educación de las futuras generaciones.
No sigan perdiendo el tiempo con bombardeos, tortura, proscripción y vandalismo sobre símbolos que guardan la memoria de esta herejía. CFK es uno de ellos, y aunque la quemen como a Giordano Bruno, esta bruja –y, quién dice, la herejía– vivirá por siempre.
Inspirada en las cartas enviadas a Perón para el Segundo Plan Quinquenal, el autor escribe una carta dedicada a las generaciones que tendrán el valor de afrontar este Apocalipsis que les dejamos por herencia.