La dictadura cinceló desiertos de silencios sobre pieles humanas. Vidas quebradas que fueron la carne de la molienda, insertadas como cruces huecas en sepulcros vacíos. Necesitamos conocer sin maquillaje el pasado, y mirarlo con los ojos y los oídos bien abiertos, sin miedo a las palabras, cobrando conciencia de que nosotros, ahora, en nuestro presente, también estamos ciegos a injusticias que se volverán evidentes con el paso del tiempo.