Se cumplen cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la concentración mediática que nació de la complicidad de los dictadores con los propietarios de los grandes medios, ha impuesto sus propios discursos, que eran y son los del poder económico concentrado. Esa es la gran victoria de un poder comunicacional que torna la institucionalidad en simulacro y que hace inviable la existencia de una democracia real en la Argentina.
En la calle hay hombres y mujeres cansados: han fallado en el amor o la amistad, que son formas de la política. Esta es la nueva moralidad, que quiebra la estruendosa trampa de la abdicación en la larga noche de la soledad.
La actualidad ilumina el pasado y le da sentido. La Argentina 2026 es hija, o nieta, de la Argentina de 1976. La realidad de hoy aparece claramente prefigurada en el proyecto político-económico que animó el surgimiento de aquella dictadura.
A cincuenta años de la implantación del terrorismo de Estado, una burguesía lumpen se aviene a entregar la soberanía nacional, todos los recursos naturales, el manejo de la política exterior y sumir a la inmensa mayoría de la población en una ciénaga de miseria y de odio de todos contra todos.