A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, Hernán Brienza sostiene que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.