A meses de conmemorarse los cincuenta años del golpe de 1976, Diego Sztulwark señala que la polémica en torno al balance de la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas, abierta por el gobierno actual, no puede ser afrontada desde la nostalgia alfonsinista como tampoco desde la impunidad menemista. La denuncia del carácter de clase del golpe nos compromete en relación a las injusticias derivadas de la estructura social del presente.