

La actividad agropecuaria argentina vive dos realidades disímiles: por un lado, un sector que festeja récords de exportación de carne, leche, miel y granos, mientras que del otro vemos a miles de productores del interior productivo perdiendo margen, sin capital y sin un horizonte claro.
Por Matías Jauregui*
(para La Tecl@ Eñe)
El sector agropecuario argentino es un reflejo de lo que pasaba en los ‘90. Por un lado, vemos un sector que festeja récords de exportación de carne, leche, miel y granos, mientras que, del otro lado de esta misma argentina, vemos a miles de productores, los que sostienen el interior productivo, perdiendo margen, sin capital y sin un horizonte claro.
Tenemos dos argentinas agropecuarias
-La primera, representada por productos de nicho, de muy baja escala, usados por este gobierno para la foto, pero no para sostener la economía real del interior productivo; estos son la producción de aceites esenciales, espumantes, quesos especiales, porcinos, ovinos, moluscos, entre otros.
-Del otro lado, está la Argentina verdadera: economías regionales donde 12 de 20 actividades pierden contra la inflación, producciones que, a pesar de vender más, solo trabajan para subsistir.
Algunos ejemplos de estas producciones son:
–Algodón: tuvo un aumento de precio del 10 %, por debajo de la inflación. Con una producción cayendo un 15 %, una exportación también cayendo un 12 %, mientras que la importación de fibra aumento un 119 %
-Arroz: tuvo una pérdida del precio interanual del 50%, a esta pérdida hay que sumarle la inflación.
-Peras y manzanas: con una mejora del 2%, muy por debajo de la inflación
-Yerba: se paga entre 200 y 280 $ el kg de hoja verde, mientras que producirla cuesta $450 el kg de hoja verde
-Papa: con una pérdida real del precio interanual del 150%. La bolsa de papa que el año pasado se terminó vendiendo en Tandil a 5000 $, este año los productores, que no la dejaron en el campo porque le salía más caro cosecharla, la vendieron a 2000 $ la bolsa
Salvo actividades como la ganadería bovina extensiva, generadora de pocos puestos de trabajo, el resto de las actividades insumo dependiente se encuentran en un contrasentido: aunque aumenta su exportación, el ingreso del productor baja.
Dos ejemplos claros son los productores porcinos y ovinos que están perdiendo rentabilidad, a pesar de que haya aumentado la exportación de carne porcina en un 455% y de carne ovina un 233%.
El caso del trigo lo resume todo: este año vamos a tener una cosecha record histórica de alrededor de 25,5 millones de toneladas. Para que puedan comparar, la mejor cosecha histórica había sido en la campaña 2021-2022, con 21,8 millones de toneladas (hoy vamos a tener un 18 % más), y el promedio, tomando los últimos 10 años, fue de 16,9 millones de toneladas.
Este récord es solo para la foto, no llega al productor, la rentabilidad del productor que alquila (que son el 65% de los productores argentinos), es del 6% a 10%. Un año que tendría que ser de crecimiento es de supervivencia.
Como vemos, tenemos un país que se luce en las estadísticas, con productores que solo los salva una cosecha récord, con un modelo primarizado, extranjerizado, sin pymes y sin cultura productiva. Un gobierno que celebra números, récord de rindes de exportación, mientras el interior se vacía, la tierra y la producción se concentra y el productor chico y mediano desaparece.
Miércoles. 3 de diciembre de 2025.
*Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil)

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