
El chisme es esencial en la literatura argentina y en “Nido de lagarto”, la obra teatral escrita y dirigida por Franco Verdoia, los comentarios sobre los personajes de un desangelado lugar resultan esenciales para entender un entramado de relaciones, historias, recuerdos y juegos eróticos.
Por Osvaldo Quiroga*
(para La Tecl@ Eñe)
Hay que prestarle atención a las pasiones. Siempre dicen mucho más de lo que parece. La historia de “La Gloria” y “el Vasco” lleva cuatro décadas, aunque cada uno de ellos hizo una vida tradicional: se casó con otras personas, tuvo hijos y siguió el derrotero de la mayoría de las parejas. Quizás el adulterio comenzó como una aventura juvenil que iba a durar unas pocas horas en un albergue transitorio de ruta, en las afueras de un pueblo rural. Pero lo cierto es que ya pasaron cuarenta años, envejecieron juntos y la pasión persiste. ¿Qué ocurrió entre ellos que no pudieron salir de una zona franca de imperturbable infelicidad?
Franco Verdoia es un consumado dramaturgo – el mismo de “Late el corazón de un perro”- y sabe que en las zonas de indeterminación de un texto opera la ambigüedad del hecho estético. El encuentro de Gloria y el vasco habla también del deseo en una pareja que las frías estadísticas ubican en la tercera edad. Que no hayan sabido qué hacer con ese deseo no significa que carezca de vitalidad. Tanto es así que ella se anima a dar un paso que no había dado en las cuatro décadas anteriores.
El espectador puede preguntarse por qué no se separaron de sus respectivas parejas. O mejor: ¿qué ocurrió para que la aventura de dos jóvenes se convirtiera en un amor duradero? Pero esos interrogantes tienen algo de lugar común. Las historias de amor no terminan ni empiezan cuando los protagonistas creen que eso ocurre. No siempre tienen fecha de vencimiento ni son catalogables.
Las excelentes actuaciones de Silvina Sabater y Horacio Acosta ponen al descubierto la sutileza de un encuentro amoroso que se resiste a cualquier encasillamiento. Los cuerpos de los actores siempre dicen más que los textos que interpretan. En ese sentido, la tarea de Sabater y Acosta parece orientada mostrar la vulnerabilidad de los personajes y la apertura a un mundo que se ha sostenido a través del amor. No hay repeticiones mecánicas en los encuentros, menos aún disquisiciones intelectuales o reflexiones sobre la culpa. Hay chismes de pueblo chico, humor al estilo de Manuel Puig o de “El museo del chisme”, de Edgardo Cozarinsky.
El chisme es esencial en la literatura argentina. El monumental “Borges”, de Adolfo Bioy Casares, con sus mil seiscientas sesenta y tres páginas, es un libro de literatura y de chismes. Juan José Saer es otro de los grandes maestros del chisme. La lengua suelta ha construido grandes obras literarias.
En el escenario el texto tiene que fluir en la boca de los intérpretes. En “Nido de lagarto” los comentarios sobre los personajes del lugar resultan esenciales para entender que Gloria y el vasco son parte de un entramado de relaciones que los han llevado hasta ese lugar desangelado, que ellos pueblan de historias, recuerdos y juegos eróticos.
La música original, el vestuario, la escenografía y la iluminación forman parte de un lenguaje dramático depurado y preciso. La verdad que crea el buen teatro suele ser tanto, o más, verdadera que la vida.
(“Nido de lagarto”. Dramaturgia y dirección: Franco Verdoia. Intérpretes: Silvina Sabater y Horacio Acosta. Vestuario: Cecilia Zubialde. Peluquería teatral: Soraya Ceccherelli. Escenografía: Cecilia Zuvialde. Música original y sonido: Ian Shifres. Iluminación: Matías López Stordeur, Franco Verdoia. Asistencia de dirección: Matías López Stordeur y Débora Torres. En el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3380 CABA. Funciones: lunes a las 20.30. Duración: 65 minutos).
Lunes, 25 de mayo de 2026.
*Periodista especializado en Cultura, creador de El Refugio y Otra Trama. Actualmente al frente de El Refugio en la radio de Las Madres de Plaza de Mayo, AM 530 Somos Radio.

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