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21 mayo, 2026La fábula que narró Javier Milei acerca de qué pasaría si un marciano llegara hoy a la Argentina nos procura una moraleja directa y elocuente: para creer que la Argentina está en camino de ser una potencia mundial hay que estar desinformado o vivir en otro planeta.
Por Martín Kohan*
(para La Tecl@ Eñe)
En la fantasía de que los datos digan todo por sí mismos, sin que haga falta elaborarlos o interpretarlos, hay no sólo una pasión numérica, sino también, y acaso sobre todo, una marcada aversión al pensamiento. “Datos, no relato” es una fórmula repetidísima que va en parte en la misma dirección; supone que la práctica de disponer y articular ciertos hechos en el tiempo (que no otra cosa es en principio un relato) debe caer en favor de un puro registro de cifras a las que será difícil tratar de dar un sentido, porque para eso sería necesario narrar. La ilusión es que la verdad se exponga ahí, manifiesta, de por sí, sin que haya que pensar nada. Algo tan claro y evidente como que el sol sale por el este (pero aun en semejante caso: para entender por qué razón ocurre eso, cómo es que de verdad ocurre, hubo un cambio de relato de alcances fenomenales: no era el Sol el que giraba en torno del planeta Tierra, es la Tierra la que gira en torno de la Estrella Sol).
El Presidente de la República comentó el otro día, en un tramo de la entrevista que le hicieron en un medio afín, de qué modo pasaban el rato con su asesor Juan Carlos de Pablo charloteando en la residencia de Olivos. Dieron en imaginar (una magra imaginación, por cierto) qué pasaría si un marciano llegara ahora a la Argentina. En la fábula algo pueril que compusieron a dúo estos dos economistas puros y duros, bajo una variante estatal del elige-tu-propia-aventura, se abrían claras dos opciones: si el marciano se atenía estrictamente a los datos (a los datos y solamente a los datos, sin pensar ni interpretar), concluiría que el país al que llegó es próspero y alentador, una inminente potencia mundial; si se dedicaba, en cambio, a leer los diarios o a mirar televisión, supondría que en el país hay malestar, que las cosas no van bien, ya a las puertas de un “infierno”.
La fábula que narraron de a dos Javier Milei y Juan Carlos de Pablo, tan sencilla y lineal como es, nos procura una moraleja directa, elocuente en razón de eso mismo: para creer que la Argentina está bien, en camino de ser una potencia mundial, hay que estar desinformado o vivir en otro planeta.
Jueves, 21 de mayo de 2026.
*Escritor y docente universitario. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

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3 Comments
La literalidad de los neurodivergentes
Lo que el marciano llegado a la Tierra jamás podrá entender es cómo fue posible que un país que produjo figuras extraordinarias en todos los campos (René Favaloro, Bernardo Houssay, Luis Leloir, César Milstein, Sandra Díaz, Eugenia Sacerdote, Jorge L. Borges, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Victoria Ocampo, Astor Piazzola, Martha Argerich, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Aníbal Troilo, Daniel Barenboim, Benito Quinquela Martín, Luis Sandrini, Tita Merello, Norma Aleandro, Leonardo Favio, Diego Maradona, Lionel Messi, Juan Manuel Fangio, Guillermo Vilas, Manu Ginóbili, Luciana Aymar, Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, José de San Martín, etc.) hoy se encuentre en manos de semejante cachivache.
Si se mira bien, la afirmación no deja de ser ujna confesión de parte. Sólo un marciano podría considerar los datos como alentadores, asumiendo que elegiría enfocarse en los mismos datos que los contertulios, además.