
En la Argentina de Milei suceden hechos anormales tan rápidamente que la anormalidad produce un efecto social de anonadamiento. Mientras el escándalo Adorni nos cautiva, las Privatizaciones de AySA, de las centrales nucleares, de la Hidrovía, o la salida de la Organización Mundial de la Salud, que agrava el desmantelamiento del sistema público de salud – entre otros hechos – lo que se normaliza es precisamente el estado de anonadamiento que padecemos.
Por E. Raúl Zaffaroni*
(para La Tecl@ Eñe)
La reiteración de algo anormal, sea un hecho o una conducta humana, puede hacer que dejemos de reparar en su anormalidad, fenómeno que usualmente se denomina normalización, que otros llaman naturalización. Según algunas opiniones bastante difundidas, en la Argentina caemos con mucha frecuencia en la normalización, en especial en la política. Sin embargo, si analizamos con un poquito más de atención lo que nos sucede en los últimos años, veremos que no se trata de una auténtica normalización, sino de algo muy diferente: se suceden hechos anormales por completo distintos, haciéndolo tan vertiginosamente que la anormalidad de los posteriores impide detenerse lo suficiente en la de los precedentes. No se trata de un habitual proceso de normalización, sino de anonadamiento: lo que se normaliza es precisamente el estado de anonadamiento que padecemos. Estar anonadado es estar cerca de la nada, que Sartre – discutiendo con Heidegger – decía que era la negación de la plenitud del ser, pero sin perdernos en mayores honduras ontológicas, es claro que se trata de algo que al menos buena parte de los argentinos vivenciamos.
El vértigo hace imposible seguir el curso de los hechos anormales, pero el primero que salta a la vista por ser único en nuestra historia es el del presidente de la Nación con sus frecuentísimas crisis de insultos groseros, de elevado contenido sexual y escatológico, contra todo lo que al parecer le molesta, sea oposición, periodistas, artistas y meras opiniones divergentes de la suya. Esto nunca había sucedido en nuestra historia, pero lo grave no es sólo el modo y el lenguaje, que al fin todos conocemos, sino que la crispación con que lo hace denota un serio desequilibrio emocional, una suerte de descontrol contra cualquier molestia. Además, proporciona datos que no son ciertos, como los variables millones de habitantes que dice haber sacado de la pobreza. Respecto de estas y otras afirmaciones obviamente contrarias a los datos incluso oficiales y a las vivencias, suele decirse que el Presidente miente, aunque eso sería menos preocupante que si realmente creyese en lo que dice, es decir, si no se tratase de mentiras, sino de una alienación de la realidad.
Los pibes del barrio dirían que está chapita, pero esto no podemos tomarlo a broma pues, aunque no nos guste, nuestro sistema es presidencialista, el Ejecutivo es una única persona, un individuo, que es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país (art. 99, inc. 1º CN) y además es comandante el jefe de todas las fuerzas armadas de la Nación (art. 99, inc. 12 CN). Sin embargo, la sucesión de hechos anormales no nos da tiempo y quedamos anonadados.
Y no es para menos, cuando escuchamos de labios del ministro de Salud que el costo del sistema sanitario es muy alto porque hay ahora muchas personas de la tercera edad y unas 6.000 que incluso superan los cien años. Es posible que eso sea verdad, pero si la respuesta es reducir el presupuesto y los medicamentos incluso oncológicos, no puedo llegar a otra conclusión que la de Binding-Hoche en 1919: hay vidas sin valor vital en las cuales no vale la pena invertir recursos. Este texto, veinte años más tarde de su publicación, fue retomado y su tesis la llevó a la práctica el nazismo con el asesinato de enfermos y discapacitados, aunque Hitler impartió la orden verbalmente, porque no se animó a dejar constancia escrita. Aquí parece que hoy ni siquiera se toma ese cuidado. Aquí ponen las firmas: reducen el presupuesto, las jubilaciones y las pensiones a discapacitados y todavía mandan a la policía a golpear a jubilados y discapacitados, sin inmutarse ni temor alguno a que algún día los llamen a rendir cuentas.
Pero no podemos detenernos en eso cuando, entre las afirmaciones gratuitas del Presidente, surge su particular dogma de que el aborto baja la natalidad, porque nadie le explicó que desde siempre se sabe que ese fenómeno tiene lugar en tiempos de recesión económica. Y como si esto fuera poco, ante una manifestación masiva contra el desfinanciamiento de las universidades y de la investigación, responde desafiando con insultos y la reafirmación de no dar cumplimiento a la ley del Congreso. En una de sus frecuentes crisis afirma que es una simple manifestación opositora. El colmo es que uno de los escasos comunicadores que todavía lo apoya, con un caradurismo sin par, retorció como trapo de piso un argumento sensible: los universitarios son privilegiados que pagamos nosotros, porque hay muchos pibes que viven en lugares lejanos que no pueden acceder a los estudios. ¿No te das cuenta que subestimás al público, que lo considerás idiota? ¿Solo alguien separado de la realidad – idiota – puede ignorar que el acceso a la universidad se amplió en las décadas anteriores y que debe seguirse ampliando y no limitarlo? ¿Porque todavía no alcanza a todos, la solución es acabar con la universidad? ¿Privar de su derecho a la movilidad vertical a través del conocimiento a todos? ¿Querés volver a antes de la Reforma de 1918? Solo un enorme papanatas puede por esta vía llegar a sostener que un derecho que todavía no alcanza a todos debe ser suprimido porque los que ya lo ejercen son privilegiados. Aquí parece que no hay un cortocircuito neuronal, sino falta de jugadores.
Todo esto está adornado por el caso Adorni que, si bien es escandaloso, no pasa de ser un enriquecimiento ilícito de un glotón que ni siquiera aprendió nada de cualquier ladrón común, que sabe que no puede ponerse a gastar su botín de inmediato porque llama la atención. Se trata del vocero que siempre fue antipático, sobrador, langa, es decir con las condiciones más negativas para la función; comparémoslo, por ejemplo, con la habilidad del Corach de Menem, que hacía bromas y repartía facturas, y tendremos la contracara. Sin embargo, fue elevado a jefe de gabinete de ministros que, entre otras funciones, tiene la de ejercer la administración general del país (art. 100 inc. 1º CN).

Por cierto, se trata de un escándalo que raya en el ridículo, pero como ya el departamento, la cascada y otras cosas van cansando, reaparece la figura de Espert, elevado de sus alas de angelito inocente por el Presidente, que ignora – o pretende ignorar – que la negociación o plea bargaining de los gringos (que aquí llamamos juicio abreviado) no es lo mismo que un sobreseimiento ni una absolución. Pero mientras este hecho anormal se difunde, no nos da tiempo a barajar hechos anormales de mucha mayor gravedad, como afectar al Servicio Meteorológico Nacional, con la consecuencia de poner en riesgo la seguridad aeronáutica. Tampoco reparamos lo suficiente en la tentativa de privatizar nuestra energía nuclear, dándole el control de nuestras centrales nucleares a empresas extranjeras, para lo cual ya se les habilita el acceso a aspectos que hacen a la seguridad nacional. ¿Qué garantías puede ofrecer una empresa privada extranjera, naturalmente movida por el interés pecuniario, porque ninguna es Santa Isabel de Hungría, sobre la seguridad de las centrales nucleares argentinas?
Tampoco nos damos cuenta de algo de mucho mayor volumen desde el punto de vista del patrimonio estatal: se está a punto de privatizar AySA y la Hidrovía (el rio Paraná) nada menos que por tres décadas. Ya tuvimos la experiencia de AySA privatizada con los franceses que sólo se ocuparon de mandar los dólares a París – no lo olvidemos – y, en cuanto al Paraná (ahora llamada Hidrovía, en cuyas barrancas Belgrano alzó nuestra bandera), sin hacerme cargo de la versión, se dice que podría ser la salida de droga por el Atlántico, mientras el jovencito de mirada perdida de la oligarquía bananera guayaquileña que preside Ecuador se encargaría de exportar bananas rellenas por el Pacífico y su país alcanza la mayor tasa de homicidios del continente.
De todas formas, es verdad que cuando algún amigo o colega de América o Europa me habla no deja de mencionar a nuestro Presidente, por lo menos para tomarme el poco pelo que me queda, de modo que puede ser verdad que sea uno de los tres personajes más famosos del mundo, aunque siempre cabe preguntarse ¿fama de qué? Es obvio que alguien que pronuncie discursos con la intención de que le otorguen el premio Nobel en economía y no pierda la oportunidad de asistir a cualquier invitación de reaccionarios concentrados o dispersos, llama la atención. Mucho más cuando Trump se encuentra un tanto en baja, incluso ante los gobiernos europeos de derecha sin vueltas (como Metz o Meloni) y nuestro Presidente le rinde la mayor pleitesía y va a Israel y nos compromete verbalmente en una guerra en la que no tenemos nada que ver, todo sin anuencia del Congreso y rompiendo la tradición argentina de neutralidad activa, sostenida históricamente por conservadores, radicales y peronistas.
Si de actos anormales se trata, es más que obvio que no puede dejar de hacerse famoso quien pretende salir de la Organización Mundial de la Salud en el preciso momento de riesgos sobre los que se advierte al mundo en las últimas semanas. Pero como quiere hacerlo sin la aprobación del Congreso, se cuenta que su canciller forzó a su asesor jurídico a dictaminar que era posible y, además, con muy particular tacto diplomático, mandó un cable secretísimo a todos nuestros embajadores para que hiciesen gestiones ante todos los gobiernos para que no objetasen la salida de la Argentina de la OMS en función del trumpismo extremo de nuestro ejecutivo. Por supuesto, como era de esperar, el cable secreto se publicó aquí en los diarios.
Es un hecho normal en nuestra política que los vicepresidentes se lleven o acaben a las patadas con los presidentes (González con Alvear, Martínez con Yrigoyen, Castillo con Ortíz, Teisaire con Perón, Gómez con Frondizi, Álvarez con De la Rua, Cristina con Alberto), pero la actual vicepresidenta lo acusa nada menos que de debilitar la Defensa Nacional y maltratar a las Fuerzas Armadas, lo que tiene toda la cara de verdad. Esto se remonta a Luis Petri, el compañero de fórmula de la cambiante Patricia, que hoy toma distancia del ejecutivo emocionalmente inestable y en su trepada sin límite mira con cariño la banda presidencial. Este ministro, que le había tomado el gusto a la ropa de fajina, antes había contribuido decididamente a destrozar el código penal como legislador, con el voto de quienes siempre hacen creer que todo se resuelve con alaridos de borracho en la madrugada de un café de barrio (¡El que la hace la paga!) y también de los que temen perder votos que no saben conservar de mejor manera. Ahora hay algunos proyectos de quitarles el uso del celular a 50.000 presos, porque los usaron algunos para cometer unas 300 estafas. En lugar de hacer lo normal en el caso – controlar el uso ilícito – hacen lo anormal, que rompería el precario equilibrio de las cárceles provocando motines y muertos, es decir, un juego criminal de cadáveres que puede ser útil al gobierno o a cualquier interna.
No lo de las Fuerzas Armadas, pero todo esto último, lo podría enmendar en buena parte la Corte Suprema. Pero allí nos encontramos con el triángulo institucional de las Bermudas, fuente de otra larga y numerosa serie de hechos anormales, como elevar a un tribunal local a alzada de jueces nacionales, a sostener que la condena a la presidenta del principal partido opositor no tiene trascendencia institucional, a devolver vigencia e inmediata eficacia a un texto legal derogado por el Congreso, sin contar con las públicas rencillas de poder de los tres miembros del triunvirato, ninguno de los cuales había sido juez con anterioridad. Tenemos algo único en el mundo: en el derecho constitucional comparado sólo en nuestro país hay una Corte o Tribunal Supremo con tres miembros que, además, parecen provenir del planeta Krypton (el de los comics ¿se acuerdan?), pues emiten una decisión cada veinte minutos, sin dormir e incluyendo sábados, domingos y feriados y sobre cualquier materia jurídica. Como si todo esto fuese muy poco anormal, se hace pública la carta de un suicida frustrado acusando de su muerte no sobreviniente a Rosatti. Simultáneamente otro miembro del triunvirato en una declaración periodística manifiesta que para él sería un sacrificio personal ser presidente de la Nación.
Hace mucho que se prohibieron las llamadas declaraciones espontáneas en las comisarías y los jueces no toman indagatorias en dependencias policiales, justamente para evitar que los detenidos sean coaccionados a declararse culpables, pero como de actos anormales se trata, ahora resulta que veintisiete personas han sido coaccionadas por un juez y un fiscal federales para declararse autores de delitos en los tribunales. Esto surge en medio de un juicio oral en que la acusada también es la presidenta del principal partido opositor y los jueces no extraen testimonios para remitirlos al ministerio público para que se investigue el concurso de delitos que implica por parte de los funcionarios intervinientes.
Podríamos seguir con la imparable andanada de anormalidades fuera de toda institucionalidad, hasta llenar muchas páginas de hechos que nos anonadan, en un mundo que tampoco se queda muy atrás, con un alucinado por el poder que amenaza con borrar un país del mapa, niega el cambio climático que puede acabar con nuestra especie y tiene al alcance de sus dedos el pianito nuclear, no se priva de groserías en sus discursos y en alguna estampita hereje de IA aparece como sanador, pese a lo cual nuestro crispado Presidente no deja de rendirle pleitesía. De cualquier modo, no todos se anonadan y una de las voces más fuertes y nada anonadada es la del Papa León XIV, que le recalca que no le tiene miedo porque no hace más que cumplir con el mandato cristiano.
Pero volviendo a nuestra aldea sudamericana, cabe preguntarnos si aquí acaso es tan difícil superar el anonadamiento. En realidad, es bastante sencillo, porque si bien el anonadamiento es continuo, no es acumulativo: basta con desconectar el televisor y la radio, apagar el celular y – para los que todavía leen – cerrar el diario, es decir, vencer la curiosidad o la tentación de conocer las anormalidades que siguen sobreviniendo. Como toda nueva práctica, requiere a veces cierto esfuerzo, porque es necesario neutralizar la inercia que produce la previa sucesión vertiginosa, para lo cual es necesario algo así como la reversa de empuje de los aviones para frenar y, sin embargo, los aviones aterrizan, o sea que nosotros también podemos aterrizar. Cuando unos cuantos logren aterrizar, se irán alejando de la nada y recuperando el ser, las anormalidades se irán ralentizando hasta que podamos sacarnos de encima a los anormales y dimensionar el enorme daño que han hecho.
Martes, 26 de mayo de 2026.
*Profesor Emérito de la UBA. Ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ex Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Tu aporte es importante para seguir adelante.
Muchas gracias.
Alias de CBU: Lateclaenerevista