

Gustavo Beliz sostiene en este artículo que la IA ha llegado para quedarse y poner en cuestión los clásicos fundamentos de nuestros análisis económicos, políticos y antropológicos. Beliz propone en su libro “Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano en América Latina y el Caribe”, de reciente publicación, una navegación por cinco continentes que tienen especial relevancia para que América Latina desarrolle un Gran Proyecto Transformador propio y original.
Por Gustavo Beliz*
(para La Tecl@ Eñe)
El 2025 será recordado como el año cuando la inteligencia artificial (IA), disparó una carrera rumbo a varias “terras incógnitas”, esas zonas cartográficas en las que en los mapas antiguos se dibujaban figuras monstruosas, dragones peligrosos y escenas propias de la ficción mitológica. Apelando a la historia, caben tres interrogantes. ¿Estamos frente a los albores de un momento Manhattan, en el cual un conjunto secreto de genios tecnológicos y gigantes trillonarios están compitiendo por el desarrollo de una super-inteligencia con resultados desconocidos en el potencial momento en el cual se apriete el botón rojo para ensayarlo? ¿Estamos frente a un momento Sputnik-Apolo, cuando la maratón armamentística se traslada al espacio extraterrestre por la supremacía tecnológica en pos de nuevas fuentes energéticas? ¿O estamos simplemente frente a un momento Ford, cuando los modelos clásicos de producción industrial encuentran en la conjugación de IA con Internet de las cosas, agentes cooperantes y modelos de neo-taylorismo una reconfiguración de la clásica división del trabajo y la medición de la productividad?
La respuesta provisoria probablemente conjugue parte de los tres momentos históricos, en fronteras aún difusas pero que sin embargo permiten abrigar la certeza de que no se trata de una herramienta tecnológica más, sino que la IA ha llegado para quedarse y poner en cuestión los clásicos fundamentos de nuestros análisis económicos, políticos y antropológicos. Lo que está en disputa es el sentido que la IA está imprimiendo a nuestra vida, y la emergencia de un nuevo tipo de agencia que condiciona nuestro comportamiento.
En el «Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano en América Latina y el Caribe» que termino de publicar (Siglo XXI, Editores), denomino a esta nueva era el “IA Ceno”, como una derivada del término Antropoceno que fue instalado por el Premio Nobel de Química Paul Crutzen hace más de dos décadas, y que ha dado lugar a numerosos análisis en cuanto a si se trata de un evento geológico, económico o cultural. Lo cierto es que ya no estamos frente a la acción humana que impacta decisivamente sólo sobre las capas terrestres, las entrañas de la tierra (minerales críticos), el aire y el agua (data centers), el espacio aéreo (satélites y banda ancha y móvil), o la matriz energética o bio-diversidad, sino que también nos encontramos frente a un IA Ceno como momento histórico del cual la humanidad no registra antecedentes, porque es una tecnología que impacta sobre nuestro cerebro, comportamiento psicológico milimétrico y nuestras células y configuración genética. Conviven en el IA Ceno tres tipos de “agencias”: la humana, desconectada e independiente de las redes sociales y la influencia de la IA; la mixta, que surge de la continua interacción, dependencia y-o hiper-manipulación de sistemas algorítmicos; y la posibilidad de una agencia tecnológica autónoma, con propósitos ajenos para los cuales fue programada, con alucinaciones, chantajes, engaños y negaciones a ser desactivada, más allá de la voluntad de los programadores que la configuraron.
Frente a esto, no caben la parálisis ni el asombro. No habrá ni buenos ni malos vientos para una navegación sin rumbo. En el Atlas propongo una navegación por cinco continentes, que tienen especial relevancia para que América Latina desarrolle un GPT propio y original. No hablo de un simple chatbot, sino de un Gran Proyecto Transformador que se asiente sobre cinco principales iniciativas:
Ni tecnófobos ideologizados ni tecno-ingenuos zoombies manipulados. Una nueva imaginación es indispensable, con honestidad esencial y conocimiento profundo, que consiste en una alfabetización digital y ética de los dirigentes encargados de tomar decisiones en torno de esta tecnología disruptiva. Tenemos que estar precavidos frente a quienes se oponen a la IA y sus razones de fondo. Existen, por supuesto, motivos más que suficientes para prevenir daños y encaminar acciones correctivas -como por ejemplo las iniciativas sobre menores y su adicción a las pantallas-; pero también existen resistencias espurias a desplegar soluciones innovadoras y eficaces empleando IA allí donde se afectan núcleos de opacidad, arbitrariedad y manejos oscuros de poder burocrático y-o tecnocrático.
En definitiva, la IA será tan viciosa o virtuosa como los dirigentes públicos que se atrevan a emplearla para el bien común, en lugar de ser encandilados por la IA para perpetuar su poder impune o su ignorancia.
Viernes, 12 de diciembre de 2025.
*Miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

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