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12 diciembre, 2025Gustavo Beliz sostiene en este artículo que la IA ha llegado para quedarse y poner en cuestión los clásicos fundamentos de nuestros análisis económicos, políticos y antropológicos. Beliz propone en su libro “Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano en América Latina y el Caribe”, de reciente publicación, una navegación por cinco continentes que tienen especial relevancia para que América Latina desarrolle un Gran Proyecto Transformador propio y original.
Por Gustavo Beliz*
(para La Tecl@ Eñe)
El 2025 será recordado como el año cuando la inteligencia artificial (IA), disparó una carrera rumbo a varias “terras incógnitas”, esas zonas cartográficas en las que en los mapas antiguos se dibujaban figuras monstruosas, dragones peligrosos y escenas propias de la ficción mitológica. Apelando a la historia, caben tres interrogantes. ¿Estamos frente a los albores de un momento Manhattan, en el cual un conjunto secreto de genios tecnológicos y gigantes trillonarios están compitiendo por el desarrollo de una super-inteligencia con resultados desconocidos en el potencial momento en el cual se apriete el botón rojo para ensayarlo? ¿Estamos frente a un momento Sputnik-Apolo, cuando la maratón armamentística se traslada al espacio extraterrestre por la supremacía tecnológica en pos de nuevas fuentes energéticas? ¿O estamos simplemente frente a un momento Ford, cuando los modelos clásicos de producción industrial encuentran en la conjugación de IA con Internet de las cosas, agentes cooperantes y modelos de neo-taylorismo una reconfiguración de la clásica división del trabajo y la medición de la productividad?
La respuesta provisoria probablemente conjugue parte de los tres momentos históricos, en fronteras aún difusas pero que sin embargo permiten abrigar la certeza de que no se trata de una herramienta tecnológica más, sino que la IA ha llegado para quedarse y poner en cuestión los clásicos fundamentos de nuestros análisis económicos, políticos y antropológicos. Lo que está en disputa es el sentido que la IA está imprimiendo a nuestra vida, y la emergencia de un nuevo tipo de agencia que condiciona nuestro comportamiento.
En el «Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano en América Latina y el Caribe» que termino de publicar (Siglo XXI, Editores), denomino a esta nueva era el “IA Ceno”, como una derivada del término Antropoceno que fue instalado por el Premio Nobel de Química Paul Crutzen hace más de dos décadas, y que ha dado lugar a numerosos análisis en cuanto a si se trata de un evento geológico, económico o cultural. Lo cierto es que ya no estamos frente a la acción humana que impacta decisivamente sólo sobre las capas terrestres, las entrañas de la tierra (minerales críticos), el aire y el agua (data centers), el espacio aéreo (satélites y banda ancha y móvil), o la matriz energética o bio-diversidad, sino que también nos encontramos frente a un IA Ceno como momento histórico del cual la humanidad no registra antecedentes, porque es una tecnología que impacta sobre nuestro cerebro, comportamiento psicológico milimétrico y nuestras células y configuración genética. Conviven en el IA Ceno tres tipos de “agencias”: la humana, desconectada e independiente de las redes sociales y la influencia de la IA; la mixta, que surge de la continua interacción, dependencia y-o hiper-manipulación de sistemas algorítmicos; y la posibilidad de una agencia tecnológica autónoma, con propósitos ajenos para los cuales fue programada, con alucinaciones, chantajes, engaños y negaciones a ser desactivada, más allá de la voluntad de los programadores que la configuraron.
Frente a esto, no caben la parálisis ni el asombro. No habrá ni buenos ni malos vientos para una navegación sin rumbo. En el Atlas propongo una navegación por cinco continentes, que tienen especial relevancia para que América Latina desarrolle un GPT propio y original. No hablo de un simple chatbot, sino de un Gran Proyecto Transformador que se asiente sobre cinco principales iniciativas:
- Una armonización normativa estratégica en torno de la IA, que evite regular lo insignificante y desregular lo esencial. Que evite el camino de regular a las hormigas y no regular a los elefantes. Para esto, resultan indispensables unos pocos principios (los de la UNESCO, por ejemplo) que sean vinculantes y que tengan sanciones en caso de incumplimiento. Una normativa sin consecuencias es una ley “sin dientes”, puramente aspiracional y “para la tribuna”.
- Una puesta en valor del capital natural de nuestra región (con el 30% de su matriz energética renovable, el 50% de la biodiversidad del planeta y el 30% de su agua potable, entre otros tesoros), a través de la creación de instrumentos financieros innovadores, que empleen a la IA para identificar métricas precisas de registro y cumplimiento de metas de preservación y resiliencia de la naturaleza. Los canjes de deuda por clima y el pago por servicios ecosistémicos podrían dinamizarse con una IA generadora de datos precisos y confiables, citando un mero ejemplo de muchos otros. Se trata de desplegar una IA con “valor social agregado”, en lugar de observarla como un tsunami que llegará determinísticamente para eliminar nuestros empleos.
- Vinculado a lo anterior, el impulso de una política neo-industrial digital, que permita agregar valor a las tierras raras y minerales críticos que tienen varios de nuestros países. No se trata sólo de recibir y promover la instalación de data centers, sino de construir acuerdos que disminuyan el costo de la computación, propicien la conectividad básica y más eficiente, y derramen efectos tecnológicos en sectores productivos precisos que trasciendan un modelo extractivo y de economías primarizadas. No vale el “piloto automático” de la IA, sino que resulta indispensable un pacto social tecnológico a todos los niveles (desde lo más nacional hasta el corazón de cada empresa productiva) entre trabajadores, empresarios, estado y científicos.
- Una IA para el bien y para la vida. Mediante su aplicación sobre áreas sociales críticas, para superar brechas de aislamiento, opacidad, falta de servicios indispensables e inequidad. Se trata de promover la medicina digital para las zonas más marginadas; monitorear adecuadamente el despliegue de los planes sociales y la ejecución del presupuesto; agilizar los procesos judiciales y administrativos; optimizar nuestra matriz energética y de consumo de agua; personalizar el proceso educativo liberándolo de cargas burocráticas; controlar adecuadamente los grandes agujeros negros de evasión fiscal por donde se fuga gran parte de la riqueza de nuestro país; entre otras tantas iniciativas que pueden desplegarse tanto a nivel nacional, como provincial y municipal.
- Una IA Sapiens y Ética -como la denomino en el Atlas- es la cuarta pata indispensable de esta mesa, y tiene que ver con la calidad informada de la deliberación pública, mediante asambleas ciudadanas, presupuestos realmente participativos, auditorías sociales, cooperativas de datos, concursos públicos para promover innovaciones de toma de decisiones. En suma, un nuevo “constitucionalismo digital”, que transforme a la tecnología de la IA en un instrumento de más presencia ciudadana, en lugar de convertir a los ciudadanos en un artefacto obsoleto de los prestidigitadores de elecciones y fake news. Todo lo anterior tiene un punto de partida indispensable: la transparencia en el financiamiento de la política y las campañas electorales. Resulta una quimera suponer que se pueda emplear una IA virtuosa para las instituciones, si sus representantes permanecen atrapados y financiados por una IA con “adicción por diseño”, que promueve el juego como nueva pandemia, el secuestro de la atención y el círculo vicioso del narcotráfico.
Ni tecnófobos ideologizados ni tecno-ingenuos zoombies manipulados. Una nueva imaginación es indispensable, con honestidad esencial y conocimiento profundo, que consiste en una alfabetización digital y ética de los dirigentes encargados de tomar decisiones en torno de esta tecnología disruptiva. Tenemos que estar precavidos frente a quienes se oponen a la IA y sus razones de fondo. Existen, por supuesto, motivos más que suficientes para prevenir daños y encaminar acciones correctivas -como por ejemplo las iniciativas sobre menores y su adicción a las pantallas-; pero también existen resistencias espurias a desplegar soluciones innovadoras y eficaces empleando IA allí donde se afectan núcleos de opacidad, arbitrariedad y manejos oscuros de poder burocrático y-o tecnocrático.
En definitiva, la IA será tan viciosa o virtuosa como los dirigentes públicos que se atrevan a emplearla para el bien común, en lugar de ser encandilados por la IA para perpetuar su poder impune o su ignorancia.
Viernes, 12 de diciembre de 2025.
*Miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

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