

El gobierno anunció la baja de retenciones para el agro con un discurso centrado en el alivio fiscal y la competitividad. Esta medida no corrige costos dolarizados e implica una transferencia de recursos desde el Estado hacia un puñado de empresas agroexportadoras.
Por Matías Jauregui*
(para La Tecl@ Eñe)
La baja de retenciones llegó envuelta en un discurso de alivio fiscal y competitividad, como si apenas tocando una alícuota pudiéramos corregir costos dolarizados, con el gas oíl más caro de la región. Qué vemos con esta medida: una transferencia de recursos desde el Estado hacia un puñado de empresas agroexportadoras.
El costo fiscal que paga el país.
La reducción de entre uno y dos puntos en soja, maíz y trigo implica que el Estado resigna 500 a 600 millones de dólares en la campaña 2025/26.
Son fondos que podrían destinarse a caminos rurales, créditos productivos, innovación, universidades públicas, infraestructura, etc.
Los verdaderos ganadores: la agroindustria y los exportadores.
En los papeles, la medida mejora la capacidad teórica de pago:
Pero el mercado está en manos de cinco jugadores que controlan más del 70% del comercio externo: Bunge-Viterra, Cargill, Dreyfus, ADM y Cofco.
Y la prueba está en la pizarra: el precio al productor no subió, lo que demuestra que la mejora quedó adentro de los márgenes de la exportación. Competitividad, sí, pero para ellos.
El productor: “la excusa”.
Los grandes y medianos productores con espalda financiera capturan algo de la mejora.
Pero el productor chico, el de Tandil, Rauch, Ayacucho, Benito Juárez, no ve ni un peso.
Este año, con una cosecha récord de trigo y cebada, el único que salvó la ropa fue el clima, con buenas lluvias para tener rindes altos.
El mercado interno ya venía operando por encima de la CTP (capacidad teórica de pago) debido a la tensión comercial entre EE.UU. y China; por eso, la baja de retenciones se licúa por completo en manos del exportador.
No es una medida neutra: “es una transferencia”.
Cuando el Estado cede recaudación sin instrumentos que aseguren que el beneficio llegue a la economía real, la consecuencia es clara:
Bajar impuestos sin dirección estratégica no es política económica: es mala praxis.
O peor: robo de guante blanco, disfrazado de eficiencia.
La distracción: “lo que se escondió detrás”.
Mientras se hablaba de retenciones, el Gobierno volvió a instalar tres piezas clave de la agenda legislativa 2026:
Tres decisiones que debilitan la soberanía, el ambiente y la economía del productor, mientras fortalecen al capital concentrado y extranjero.
Jueves, 11 de diciembre de 2025.
*Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario.

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