

EE.UU. lidera las importaciones que Venezuela realiza. La paradoja es evidente: el país sancionado y bloqueado compra parte de su comida al mismo actor que lo presiona económica y políticamente.
Por Matías Jauregui*
(para La Tecl@ Eñe)
Cuando se habla de Venezuela casi nunca se habla de comida. Venezuela importa la mayor parte de los alimentos que consume, aun teniendo condiciones naturales y productivas para producirlos.
El 98% de las divisas venezolanas proviene del petróleo. El resto, apenas un 2%, de otras actividades. Esa dependencia extrema explica buena parte de su vulnerabilidad. Estados Unidos no solo mira a Venezuela por el “oro negro”; también la mira como mercado cautivo de alimentos, como ocurrió antes con Cuba y como empieza a verse hoy en Guyana tras el desembarco de Exxon, donde se exhiben indicadores macroeconómicos brillantes mientras nadie discute cómo se reparte esa riqueza
Actualmente, el 60% de los alimentos que consume Venezuela es importado. Brasil explica el 36% de esas importaciones agroindustriales y Estados Unidos el 27%. Algunos de estos son harina y aceite de soja, maíz, trigo y alimentos procesados.
Si se mide el total de importaciones, EE.UU. lidera con el 33%. La paradoja es evidente: el país sancionado y bloqueado compra buena parte de su comida al mismo actor que lo presiona económica y políticamente.
En términos productivos, Venezuela cultiva principalmente maíz, soja y arroz, además de contar con ganadería bovina y bufalina. Pero la producción local no alcanza a cubrir la demanda interna. Se importa cerca del 70% de los alimentos, incluyendo productos básicos. Apenas el 20% de las marcas de alimentos son venezolanas.
El sector agropecuario venezolano tiene un mercado interno cautivo, a pesar de tener sus insumos dolarizados; el productor vende en un mercado interno desabastecido a precios hasta un 50% superiores al valor internacional. Las rentabilidades pueden superar el 200 o 300%. El problema no es el productor en sí, sino la concentración del negocio y de la tierra, que desalienta ampliar la oferta porque hacerlo implicaría bajar precios. La industria agroalimentaria trabaja apenas al 10% de su capacidad por falta de materia prima.
Desde 2018, con el giro hacia un esquema de mercado más abierto, estas contradicciones se profundizaron. Y ahí aparece un capítulo que nos toca de cerca: la relación agropecuaria entre Argentina y Venezuela.
Con Hugo Chávez y Néstor Kirchner hubo una estrategia clara: desarrollar producción local para reducir importaciones. Fueron técnicos del INTA, se impulsaron planes de siembra y transferencia tecnológica, se exportó maquinaria agrícola argentina. La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) incluso se instaló en Venezuela con productores, trabajando arroz, maíz, soja y caña de azúcar. Hubo conocimiento, industria nacional y cooperación real.
También existieron negocios poco claros y responsabilidades privadas que nunca se discutieron en serio. No todo fue culpa de los Estados. Cuando el negocio manda y el proyecto colectivo se diluye, los vivos de siempre, generalmente ajenos al proyecto de país, se aprovechan.
Un dato estructural explica muchas limitaciones: el 70% de la tierra en Venezuela es estatal y el 30% privada. Producir en tierras del Estado sin titularidad dificulta el acceso al crédito. Sin financiamiento no hay inversión sostenida, y sin inversión no hay escala productiva.
Lo más llamativo surge cuando se escucha a productores argentinos radicados en Venezuela, muy críticos del gobierno bolivariano. ¿De qué se quejan? De que no hay retenciones, de que la economía está dolarizada en un 70%, de que la tierra es barata (500 a 1000 dólares la hectárea), de que es un país abierto a la inversión extranjera. Exactamente lo mismo que piden para Argentina. La contradicción habla por sí sola.
La derecha agropecuaria argentina critica a Venezuela, pero celebra, cuando le conviene, el mismo modelo que dice combatir. Ahí no hay ideología, hay negocio. Y también hay colonización cultural, incluso del pensamiento crítico.
Mientras tanto, Estados Unidos endurece sanciones, amenaza con operaciones militares y avanza sobre el petróleo. Venezuela sigue importando alimentos.
La pregunta final no es solo por Venezuela. Es por nosotros.
¿Qué pasa cuando un país renuncia a producir su comida?
¿Quién gana cuando el agro se piensa solo como negocio y no como política pública?
El campo no es solo exportaciones o rentabilidad. Es soberanía, trabajo y comida en la mesa. Y eso, inevitablemente, es político.
Lunes, 15 de diciembre de 2025.
*Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil)

La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Alias de CBU: Lateclaenerevista
3 Comments
Buen día. Pienso que debe actualizar los datos. Esa película ya pasó… Actualmente la producción y distribución de productos agrícolas nacionales en Venezuela alcanza el 85% aproximadamente.
Samuel como andas, soy Matías Jauregui, escribí está nota en colaboración con la revista intentando ser lo más objetivo y justo posible, en una época del año y momento político tanto argentino como venezolano muy triste.
Venezuela ha hecho esfuerzos por recuperar la producción nacional de alimentos después de años de crisis económica, sanciones y bloqueo. El gobierno suele comunicar cifras altas de producción y autosuficiencia, que buscan resaltar los logros de políticas de soberanía alimentaria, (declaraciones públicas recientes hablan de cifras entre 90–98 % de autosuficiencia según distintos anuncios oficiales). Estas cifras provienen de comunicados y discursos oficiales de ministerios y referentes del Ejecutivo.
Sin embargo, organismos e informes internacionales muestran que el país no logra cubrir toda la demanda interna con producción nacional, especialmente en granos básicos, alimentos procesados e insumos agroindustriales.
Según informes del banco mundial, la FAO y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA/FAS), las importaciones agrícolas de Venezuela alcanzaron USD 3.022 millones en 2024, con un incremento del 9 % respecto al año anterior, el nivel más alto desde 2015, con 4,9 millones de toneladas recibidas.
Los principales proveedores son:
• Brasil: 29 % del total de importaciones.
• Estados Unidos: 26 %.
• Colombia: 10 %.
• Turquía: 7 %.
• Canadá: 6 %.
• Otros países: 22 %
Los productos más importados incluyen maíz, harina de soya, lácteos, azúcares y trigo.
Lo que se vio entre los años 2019–2023, es que Brasil y EE. UU. han recuperado participación tras la apertura parcial del mercado venezolano a importaciones privadas.
En los últimos dos años, EE. UU. se mantuvo como segundo mayor exportador a Venezuela en productos agrícolas, con exportaciones que alcanzaron USD 800 millones en 2024 y una participación del 26 % del mercado alimentario venezolano, superando a Brasil en volumen y valor para ciertos productos básicos como maíz, soja, trigo y arroz.
Datos anteriores (2021) también muestran que Brasil fue el principal proveedor con casi USD 934 millones, seguido por Estados Unidos con USD 634 millones en importaciones de alimentos y productos agrícolas.
Hoy Venezuela no es autosuficiente en la mayoría de los productos agrícolas, e incluso importa alrededor de dos tercios de su comida, incluido un gran volumen desde Estados Unidos.
Los datos los tome de informes del USDA/FAS, de FAO, del Banco mundial, tomando bases de datos internacionales sobre comercio y producción, y series históricas de comercio global.
No quise tomar datos del gobierno nacional, porque quise ser lo más neutral posible, a pesar de apoyar al gobierno de Venezuela contra este golpe que está dando EEUU.
Los datos son de fuentes que se basan en estadísticas de aduanas y comercio documentadas por múltiples países y no dependen de la comunicación oficial de un solo país.
Por un lado, veo que el gobierno de Venezuela, busca resaltar que la producción nacional ha aumentado y que el país ha avanzado en soberanía alimentaria a pesar de sanciones y bloqueos, informando cifras de producción interna sin correlacionarlas directamente con consumo total nacional.
Por otro lado, los organismos internacionales, buscan medir oferta disponible para consumo, que incluye lo producido más lo importado, y cuántos insumos vienen del exterior.
Mi interés es reflejar la realidad, intentando correrme de una mirada personal que es empática con Venezuela y entiende la voracidad de Estados Unidos por intervenir ese país.
Entiendo que dentro de las fuetes utilizadas, existen algunas como el USDA/FAS que representa intereses de política agrícola de EE. UU. al identificar mercados para los exportadores estadounidenses.
Algo que se ve claro en todas las fuetes es que las exportaciones de alimentos estadounidenses hacia Venezuela no son consecuencia directa de la “necesidad humanitaria” sino del negocio y la demanda de un mercado que importa grandes volúmenes de granos e insumos.
Estos estudios muestran a Brasil como el principal proveedor de alimentos y productos agroindustriales para Venezuela.
A pesar del bloqueo y sanciones de Estados Unidos contra Venezuela, que afectan especialmente al sector petrolero y financiero, el país mantiene relaciones comerciales en alimentos con Estados Unidos y Brasil.
La importación de alimentos desde EE. UU. ha crecido y se mantiene en niveles elevados, incluso cuando las sanciones buscan reducir la influencia económica estadounidense.
Como conclusión puedo decir que:
• Venezuela ha hecho avances productivos.
• Las cifras oficiales y las internacionales no coinciden porque miden cosas distintas.
• EE. UU. y Brasil, incluso bajo tensiones políticas, siguen siendo actores claves en el mercado alimentario venezolano.
• Esto no contradice la denuncia del bloqueo: simplemente muestra que la realidad económica es compleja y que los mercados no se detienen totalmente por sanciones.
• Brasil y Estados Unidos concentran juntos más del 55 % de las importaciones alimentarias venezolanas.
Yo siempre me solidarizo con Venezuela frente al bloqueo de Estados Unidos, que existe y es real, sobre todo en lo financiero y petrolero. Pero justamente por eso me parece importante mostrar esta contradicción:
• Estados Unidos bloquea, sanciona, pero al mismo tiempo es uno de los principales proveedores de alimentos de Venezuela, casi a la par de Brasil.
• Esto no es ideológico: es comercio puro. Es negocio. Donde hay necesidad de alimentos, Estados Unidos aparece vendiendo maíz, trigo, soja y derivados.
• Entonces, cuando se habla de ‘ayuda humanitaria’ o de ‘preocupación por el pueblo venezolano’, estos números muestran otra cosa: muestran intereses económicos muy concretos.”
• El bloqueo no busca hambre cero, busca control económico.
• Venezuela importa alimentos porque su estructura productiva fue dañada durante años de crisis, sanciones y falta de financiamiento.
Brasil y EE. UU. llenan ese vacío, pero desde lugares distintos:
• Brasil como socio regional agroexportador.
• EE. UU. como potencia que sanciona por un lado y vende por el otro.
Te mando saludos, y estoy a disposición para intercambiar información. Te dejo mi correo electrónico [email protected]
Interesante. Se da por sentado que cualquier dato proveniente del gobierno venezolano es sospechoso, pero se aceptan los datos emitidos por el gobierno estadounidense como si fueran «objetivos». El manejo de las cifras por parte del imperio es una forma de divulgación de sus falsías, en la seguridad de saber que el periodismo «serio» las aceptará a pie juntillas. Las denominadas «fake news» existen, forman parte de la guerra psicológica permanente contra nuestra Región y contra el planeta entero. Es un entramado de «verdades» que sólo pueden aceptarse como tales por quienes deseen hacerlo sin valorar los informes de entidades venezolanas o de otros orígenes diferentes a los de las instituciones internacionales cooptadas por el imperio y sus secuaces. Cada uno puede opinar como quiera, pero verificarlo en el mismo lugar de los hechos sería algo más serio. A menos que se lo haga a través de Corina Machado…