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5 junio, 2026La Tecl@ Eñe entrevistó a Claudio Martínez, periodista, productor de televisión y radio, y creador de contenidos sobre ciencia y tecnología. Martínez viene desarrollando una importante tarea pedagógica y periodística centrada en la divulgación del desarrollo y avance de la IA. Además, Martínez asiste a las Cumbres sobre Impacto de la Inteligencia Artificial que se han realizado en distintos países, la última tuvo lugar en India. En esta entrevista Claudio Martínez conversó con La Tecl@ Eñe sobre el acelerado avance de la IA y su utilización de manera casi irreflexiva. Otros tópicos que se abordan tienen que ver con los cambios a nivel social y laboral que este avance está produciendo, las relaciones y diferencias entre empresas tecnológicas como Meta o Palantir, los desafíos que la IA plantea a las estructuras políticas tradicionales y la importancia de la encíclica del Papa León XIX como contribución para entender el impacto de lo que está en juego con la irrupción de «esta creación maravillosa que debe usarse para el bien común.”.
Por Conrado Yasenza
(para La Tecl@ Eñe)
– Conrado Yasenza: Para iniciar la conversación, le propongo ordenar un poco el panorama en torno a la IA, para intentar comprender, y claro, para nuestros lectores, que no es una herramienta tecnológica con la cual nos encontramos de golpe, teniendo en cuenta la velocidad de su desarrollo desde la aparición de PayPal, la plataforma de pagos digitales más conocida, y luego la irrupción de ChatGPT quizás como dos momentos clave. Es decir, sabemos que las investigaciones iniciales sobre IA se remontan a la década de 1950 del siglo pasado con el Proyecto de Investigación de Dartmouth (por el Dartmouth College de Stanford), que fue el campo de investigación inicial sobre IA. Entonces, partiendo de esta quizás larga, pero defectuosa introducción, cómo evolucionó la IA desde aquellos primeros modelos de investigación y desarrollo hasta este presente de tecnócratas millonarios que enarbolan la IA como la herramienta para terminar con las democracias liberales, los Estados-Nación y desde allí instaurar un clima de guerra heterogénea y fragmentada, y de intereses económicos estratégicos desde lo geopolítica, que puede llevar a la humanidad hacia un clima de abismo.
– Claudio Martínez: Es así, Conrado. La IA explotó para la consideración pública hace tres años y medio cuando OpenAI presentó a ChatGPT; pero detrás de ese hito hay casi ocho décadas de trabajo científico. Desde los años ’40 del siglo pasado que los investigadores vienen desarrollando ideas que juegan con el concepto de máquinas que puedan pensar. Incluso antes del célebre Alan Turing (NdR: Matemático e informático teórico. En el campo de la inteligencia artificial es conocido por la concepción de la prueba de Turing) ya había trabajos en ese sentido. La idea ya tenía sustento teórico, pero faltaban los “fierros”, es decir, los transistores, los microchips y el poder de cómputo. Otra cosa que no había eran los datos digitales que hoy son el petróleo de la IA. Todo eso llegó con el desarrollo de la computación, de Internet y de las redes sociales. Pero es muy importante resaltar que los fundamentos teóricos que hoy hacen posible la inteligencia artificial se cocinaron en grandes universidades públicas del mundo. Antes de que llegaran los magnates de las corporaciones tecnológicas, hubo mucha inversión de los estados. Por eso me gusta decir que la IA es patrimonio de la humanidad.
– CY: Hay enfoques apocalípticos en torno a la incidencia de la IA en el universo de las relaciones humanas, a nivel social, laboral y educacional; y otros que sostienen que lejos de una idea de reemplazo de la actividad humana, existen expectativas de una mejora en el rendimiento de las personas en tareas automatizadas que permitirán dejar tiempo libre para otras actividades y también para mejorar la calidad de vida. ¿Cuál es su visión sobre estos planteos?
– CM: Estoy preocupado por el impacto que tiene la IA en nuestras vidas. Dejame empezar por lo que está pasando en nuestros cerebros. Cada día delegamos más y más funciones mentales en las pantallas. El fenómeno se llama delegación cognitiva y tiene un efecto medible muy negativo en la arquitectura del cerebro porque está debilitando conexiones en regiones que, por ejemplo, usa nuestra mente para ubicarse en el espacio. Esto se produce por el uso excesivo de las aplicaciones de GPS. A mí, esta afectación me parece central porque condiciona claramente nuestro desarrollo intelectual. Obviamente que en primer plano aparece la preocupación con respecto a los empleos y el modo en el que las máquinas van a reemplazarnos. Eso está pasando de manera creciente y se va a acelerar en el corto plazo. Ahí hay dos cuestiones a tener en cuenta: la primera es cómo va a subsistir una porción enorme de la humanidad; pero si eso se resolviera con una renta universal, aparece el segundo punto que es cómo nos va a afectar emocionalmente vivir sin trabajar. Como ves, es una discusión política, económica y también filosófica. No estoy seguro de que en los altos niveles de los gobiernos haya conciencia sobre la profundidad de este debate. Nos enfrentamos a un cambio civilizatorio, a una nueva manera de habitar el planeta; pero muchos líderes políticos están mirando para otro lado.

– CY: ¿Cuál es la transformación que se dio en torno al manejo y utilización de datos que las plataformas realizan?, me refiero a qué diferencia a Meta de Palantir y Anthropic.
– CM: Palantir, la empresa de Peter Thiel, no es una compañía que, al estilo Meta o Google, se ocupe de capturar y vender nuestros datos. Palantir no interactúa directamente con los consumidores. Su negocio es usar los datos que venden las otras empresas y convertirlos en información sensible para gobiernos y corporaciones. Palantir desarrolla productos de interpretación y predicción; es decir, sistemas que se usan para anticipar escenarios, algo que compran los servicios de inteligencia, por ejemplo. Pero también puede analizar millones de datos de todo tipo para predecir acciones de combate en una guerra y hasta decidir cuando hay que apretar el gatillo. El poder y la fortuna que acumuló Peter Thiel en los últimos veinte años es inquietante. Hay que tener en cuenta que no estamos frente a un empresario tecnológico más. Thiel es uno de los principales ideólogos y financistas de la ultraderecha mundial.
– CY: ¿Cuál es la conexión, de dónde proviene esa vinculación, entre las ultraderechas y los magnates tecnológicos?
–CM: Desde mi punto de vista, el modo de operación algorítmico es funcional a la manera en que articula su pensamiento la derecha. Es un modo plano, sin matices, donde se privilegia la eficiencia por sobre todas las cosas; y donde los datos se aíslan y nunca forman parte de un contexto. Por eso los libertarios tienen tanto éxito en la instalación de su agenda. Traen postulados de un sentido común llano, binario como los algoritmos. El progresismo tiene la tendencia a explicar, a complejizar, a matizar y a explorar los grises. Esa narrativa no funciona en el mundo de las redes. Yendo a lo que pasa en Silicon Valley, hay que decir que no siempre los líderes de las corporaciones tecnológicas adscribieron a ideologías de derecha. Muy por el contrario, en años anteriores se mostraron cerca del Partido Demócrata. El segundo mandato de Donald Trump los encontró en una posición diferente con relación a China. Ellos saben que están perdiendo la carrera tecnológica con Beijing y que eso tiene que ver con cómo el capitalismo con fuerte planificación estatal y autoritarismo político que propone China genera ventajas que las democracias liberales no pueden ofrecer. Por eso viran su discurso hacia posiciones posdemocráticas y reniegan de cualquier vestigio de progresismo y de clima de consenso. De todos modos, no es lo mismo Peter Thiel que Sam Altman, el CEO de OpenAI. Thiel es un ideólogo de la ultraderecha, no es un tecnólogo, es un abogado con estudios en filosofía. Él es el sostén de la cultura libertaria y anti woke del gobierno de Estados Unidos. Le importa más el poder que el dinero. Altman es otra cosa, un emprendedor tecnológico clásico de Silicon Valley que está corriendo una carrera desesperada por ofrecer resultados concretos a los fondos de inversión que pusieron miles de millones de dólares en sus desarrollos.
– CY: Miguel Benasayag viene planteando un concepto importante e inquietante: la colonización subjetiva que la IA produce se da a nivel inconsciente. Es decir, es una suerte de fantasma, de sombra, con el que convivimos, pero con la cual tenemos una distancia generada o por desconocimiento – falta de interés -, o por una realidad económica que nos agobia. ¿Qué relación hay allí entre uso irreflexivo de la IA y realidad?
– CM: Sí, Miguel es uno de los pensadores más lúcidos en torno a este tema. El habla del aplanamiento de la existencia a partir del desarrollo de estas máquinas calculantes. Pero también plantea un camino para abordarlo, para no sentirnos derrotados. Es la búsqueda de la singularidad de lo vivo, de aquello que nos hace humanos y, por lo tanto, diferentes a las máquinas. En esa propuesta de Miguel hay una punta interesante para enfrentar este problema. La competencia con la tecnología es una pérdida de tiempo, es necesario hacer pie en lo que nos diferencia y defenderlo. No hay que actuar como máquinas, hay que ser humanos.
– CY: Se habla en medios y conversaciones de términos como LLM (Grandes Modelos de Lenguaje) y códigos abiertos, pero tengo la intuición de que no tenemos muy claro, a nivel general, de qué estamos hablando.
– CM: Yo soy de la idea de que no es necesario entender demasiado de la técnica. Eso es engorroso y chiquito al lado de la otra discusión. Lo que hay que saber es que fuimos capaces de crear sistemas que a una velocidad asombrosa hacen cálculos estadísticos usando una gigantesca cantidad de datos para generar nuevos contenidos. También hay que tener claro que esos modelos son manejados desde el norte global, por un puñado de corporaciones, y que por lo tanto tienen sesgos ideológicos, raciales, culturales, idiomáticos y de género. Lo importante es no perder la conciencia de los impactos que trae el modo en el que se está desarrollando esta tecnología. Esto es una enorme afectación ambiental, una concentración de la riqueza y del conocimiento que hace retroceder a la humanidad y una obsesión enfermiza por la eficiencia. Esa conciencia que hay que popularizar tiene que venir acompañada de la certeza de que hay otro modelo posible: una IA para el desarrollo humano. En la última encíclica del Papa León XIV hay pistas interesantes para recorrer ese camino.

– CY: Usted ha asistido a distintos congresos internacionales sobre IA en donde se plantean preocupaciones en torno al uso sin regulaciones de la IA. ¿Qué opinión tiene en torno a la posibilidad y efectividad de marcos regulatorios?
– CM: La regulación es vital para que esto no se desmadre. Es una tarea muy compleja porque hay muchos intereses en juego, pero fundamentalmente porque los estados democráticos tienen muy poco poder frente a los tecnomagnates. De todas formas, en esas cumbres pueden observarse avances en torno a la necesidad de ejercer un control sobre el sentido y la profundidad de la innovación. Estoy convencido que el foco tiene que ser puesto en la velocidad de los desarrollos de IA. El vértigo que se observa, en particular durante el último año, tiene que ver con la necesidad de las corporaciones de ofrecer resultados tangibles a los inversores que fondearon a sus compañías. El problema es que esa velocidad está fuera del alcance de la comprensión humana y no respeta ningún proceso de adaptación a ese nuevo mundo que nos proponen.
– CY: Digamos que el futuro es hoy no una distopía a confirmarse en, es un número al azar, 5 o 10 años. Y esto tiene que ver con la ultravelocidad de los cambios que como sociedad global estamos viviendo.
– CM: Mi percepción es que en cinco o diez años nos va a costar reconocer al mundo del que venimos. La profundidad y diversidad de los cambios va a ser contundente y dramática. Dario Amodei, CEO de Anthropic aseguró hace un par de meses que, gracias a la inteligencia artificial, en la próxima década la investigación científica en el área de salud va a dar un salto equivalente a un siglo. ¿Vos te das cuenta lo que significa eso? Pensá cómo era la salud en 1925, hace un siglo, y en cómo es ahora. Cuál era la expectativa de vida o la mortalidad infantil en ese momento y cuál es ahora. Si proyectamos eso podemos ilusionarnos con una ciencia que derrote a enfermedades que hoy son incurables. Pero persiste la pregunta: ¿Quién va a conducir el sentido de la innovación? ¿Qué cosas se van a privilegiar? ¿Quiénes van a acceder a esas nuevas terapias? Claramente esto deben conducirlo las sociedades democráticas y no las corporaciones.
– CY: ¿Qué opinión tiene sobre el abordaje del tema IA por parte de los representantes de distintos espacios políticos?
– CM: La derecha no habla de IA, la usa. La narrativa de la eficiencia a cualquier costo le resulta cómoda y natural. Los espacios populares todavía no la entienden y, por lo general, la rechazan. No tienen discurso ni plan articulado para abordarla. Creen que es sólo una herramienta para ganar elecciones, y eso es sólo una parte chiquita de la historia. La IA viene a cambiar el mundo y si no damos la disputa por el sentido de ese cambio, la derrota va a ser mucho más que electoral.
– CY: ¿A qué se refiere con esa derrota? ¿De qué magnitud?
– CM: La derrota a la que nos enfrentamos es una derrota cultural profunda. Es la cristalización de la desigualdad y el regreso al feudalismo. Es la subordinación de la política a un puñado de corporaciones con poder absoluto. Es la consagración de la eficiencia como religión global. Es la aceptación de una vigilancia masiva aún más intensa que la que sufrimos hoy. Es conformarnos con el miserable intercambio al que estamos sometidos en esta era: para gozar de los espejitos de colores que nos «regala» la tecnología nos subordinamos a un vasallaje espantoso que seca nuestra existencia.
– CY: Para finalizar, ¿qué lectura hace de la reciente encíclica del Papa León XIX sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial?
– CM: Creo que cuando un líder religioso se mete con un tema como este hace una contribución fabulosa para su popularización, para que se entienda el impacto de lo que está en juego. La encíclica me pareció magnífica porque da en el clavo: reúne las preocupaciones espirituales con las urgencias sociales y mira el horizonte con realismo y valentía. No habla de desenchufar a la IA, habla de desarmarla. Y cuando dice desarmarla se refiere a desmontar la lógica inhumana sobre la que está pensada y ejecutada. Eso me pareció brillante porque proponer que la inteligencia artificial sea desconectada no sólo es iluso, sino que además es renunciar a una creación maravillosa que debe usarse para el bien común y no para el interés de cinco magnates de Silicon Valley.
Las fotos son gentileza del entrevistado.
Jueves, 4 de junio de 2026.

*Conrado Yasenza es periodista y docente en la Universidad Nacional de Avellaneda.

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