

Carlos Girotti sostiene en esta nota que en la bifurcación del camino entre el silencio ante el avance colonial de los EE.UU. y la defensa de la dignidad de nuestros pueblos, está cifrada la posibilidad de tener un patria justa, libre y soberana, o bien desbarrancarnos en un abismo de explotación y miseria.
Por Carlos Girotti*
(para La Tecl@ Eñe)
El viernes 19 del corriente mes, justo cuando se cumplían 24 años de la rebelión popular ahogada en sangre por el gobierno neoliberal de Fernando de la Rúa, tuvo lugar un acto en la sede de la Central de Trabajadoras y Trabajadores de Argentina. No se trató de un hecho conmemorativo de dichos sucesos -a pesar de que las actuales circunstancias son peores que aquellas otras- sino de una acción solidaria con el pueblo y el gobierno de la Venezuela Bolivariana.
En la oportunidad se leyó un documento, firmado por más de 350 organizaciones populares, en el que se denuncia el plan de invasión militar puesto en marcha por Donald Trump, el asesinato de casi un centenar de personas en aguas internacionales, la captura pirata de un buque petrolero venezolano y el cerco y bloqueo al territorio de ese país por mar y aire.
Cabe destacar que Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y único orador, tras pasar revista a la situación y denunciar que la agresión yanqui contra Venezuela pone en peligro a la paz y la soberanía de todos los pueblos de la región, destacó: “Estos ataques directos a los barcos, la muerte de inocentes son crímenes que hay que denunciar. Hay que llevarlo a la Corte Penal Internacional para que juzgue a Trump como criminal. La paz no se regala. Nunca la paz es ausencia de conflicto. Entiendo la paz como una dinámica permanente de relaciones entre las personas y los pueblos, defendiendo sus derechos, su identidad, su cultura, su historia”.
“Entonces -definió- lo que podemos hacer aquí es la resistencia cultural, social y política. Pero no puedo dejar de señalar la cobardía y la sumisión de muchos dirigentes políticos frente a estas políticas no sólo de Estados Unidos sino aquí en nuestro país. Tenemos que analizar y profundizar por qué estamos en esta situación. Pasamos la dictadura, somos sobrevivientes, pero nos encontramos hoy en un estado de intervención total. Una justicia donde presentamos siete pedidos de juicio político (y remoción, a Javier Milei, por mal desempeño y posible comisión de delitos en el ejercicio de sus funciones) y no logramos que avance uno. ¿Cómo es posible que no se pueda pronunciar el pleno de la Cámara de Diputados y de Senadores por la cuestión de Venezuela? Nos expresamos nosotros como pueblo. En defensa de un pueblo, pero también en defensa nuestra, en defensa de la unidad continental.” (NdR: cursivas del autor).
No debería llamar la atención de nadie, exceptuados los destinatarios directos de la crítica, que el titular del Servicio de Paz y Justicia se manifestara contra los genuflexos locales. Ocurre que el gesto de Pérez Esquivel, figura consular de la defensa de los derechos humanos y de los pueblos, contrasta con el de María Corina Machado, entusiasta impulsora de la invasión militar norteamericana a su país y, en razón de ello, convertida en verdadero oxímoron por la Fundación Nobel y la monarquía noruega al entregarle el galardón de la Paz.
La “cobardía y sumisión de muchos dirigentes políticos” de aquí, proyectan hacia un mañana tenebroso la posición de indignidad y traición a la patria que adopta la cabecilla de la reacción oligárquica venezolana.
Tal vez, dicho así, suene demasiado fuerte. ¿Pero acaso no es hora de poner en cuestión todas esas artimañas discursivas? ¿Cómo es posible pensar en frenarlo a Milei sin revisar los límites estructurales de la concepción política que, todavía hoy, imagina que puede esperar a que “el empleado del mes” de Trump y Netanyahu cometa un error garrafal para recién lanzarse a disputarle la iniciativa? ¿Tal vez hayan olvidado que los miles y miles que hace 24 años ganaron las calles y plazas del país, aun al precio de ver asesinados a 39 trabajadores y tener más de 500 heridos por las balas policiales, supieron saltar la valla puesta por representaciones políticas y sociales que se negaron a confrontar de plano?
En la excelente nota publicada aquí mismo (El gris inquietante – Por Ricardo Aronskind – La Tecl@ Eñe Revista), el autor pone en jaque las tibiezas y agachadas de toda una dirigencia que no hace más que asfaltarle el camino al proyecto neocolonial de dominación:
“Cuando se observan las declaraciones de las dirigencias realmente existentes en los ámbitos sindicales, universitarios, industriales, prima un tono gris que pretende ser ‘colaborativo’ para solucionar los problemas que presuntamente se habrían creado por algún ´error’ o ‘malentendido’. Los pedidos de los sectores grises se limitan específicamente a su área de incumbencia puntual, y no pasan de pedidos particulares que no impugnan la orientación general del gobierno. En ese sentido, siempre le dejan una puerta abierta a ‘la rectificación’ de los errores, que seguramente son producto de ‘un funcionario equivocado o mal asesorado’. Los grises le dan todo el tiempo, desde hace dos años, crédito político a este gobierno. No pueden establecer una línea clara de separación, porque miran encuestas donde transitoriamente la barbarie gobernante cuenta con simpatías de masas ilusionadas, porque hay negocios de cargos y partidas que se pueden obtener por la vía del ‘diálogo’ –que en este contexto es sinónimo de subordinación a cambio de prebendas puntuales-, y porque en el fondo no tienen disidencias fundamentales con el proyecto neocolonial.”
Y más adelante Aronskind dirá: “En el campo nacional y popular también hay sectores sensibles a las necesidades corporativas. Tan sensibles, tan comprensivos, tan políticamente correctos con el capital que entraron decididamente en la zona gris. Abrieron un compás de espera ‘a ver qué pasa’.”
Es el fin de una época que, en términos simbólicos, fue inaugurada con el “Nunca Más”. Y toca a su fin, tanto porque queda al desnudo que aquella consigna sobre la que se fundó el llamado ‘pacto democrático’, no sólo hablaba de la condena al terrorismo de Estado, sino que también hablaba de la impracticabilidad de la revolución como palanca de la emancipación. Ahora que el avance neocolonial agota las premisas que le dieron vida y aliento a las diversas variantes del progresismo y, sobre todo, que pone en cuestión la capacidad de éste para generar una respuesta universal al despojo nacional y al sometimiento de las grandes mayorías trabajadoras y populares, la diferencia entre ser patriota y ser patiota no pasa por la falta de una letra.
Quienes por acción u omisión han escogido quedarse en las medias tintas, en la grisura, en el pase mágico de conferirle al capitalismo una cuota de humanidad de la que carece por completo, terminarán abonando la estrategia neocolonial de Trump que, con la invasión militar a Venezuela, busca iniciar la consolidación de su más absoluto dominio sobre el patio trasero. Ellos serán los patiotas.
Pero quienes ya comienzan a balbucear un cuestionamiento frontal a esa postura decadente, desde movilizaciones como la del día 18 en casi todas las ciudades del país hasta las que tendrán lugar con motivo del cincuenta aniversario de la dictadura genocida, se definen por la antítesis. Ellos son y serán los únicos patriotas.
En esta bifurcación del camino está cifrada la posibilidad de tener un patria justa, libre y soberana, o bien desbarrancarnos en un abismo de explotación y miseria.
Lunes, 22 de diciembre de 2025.
*Sociólogo. Secretario de Enlace Territorial de la CTA de los Trabajadores.

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1 Comment
Queridos compañeros de Ñ y querido Carlos; lo que señalás de los patiotas duele mucho más cuando viene comunicadores progres o pretendidamente revolucionarios (de todo el mundo)qu e ignoran lo que realmente pasa en Venezuela (donde vivo y milito). Se desentienden de contrastar fuentes y se dejan llevar por un «sentido común» construído por las grandes usinas del poder hegemónico o peor, de los venezolanos que viven en Argentina y que repiten un relato de régimen, exilio y dictadura (cundo quienes padecimos exilio tuvimos que probar que éramos efectivamente perseguidos)
Como ejemplo. Hace un tiempo un primo (zurdo) me decía «y por qué no presentan las actas», mi respuesta fue simple, «alguna vez se las pediste a otro gobierno, cuáles actas; la únicas que hay están en las urnas y estas solo se pueden abrir si alguien denuncia fraude con algún indicio», y agregué «cada autoridad de mesa y cada testigo de los partidos tiene copias; de los 10 candidatos 8 las llevaron a la justicia y todas coincidieron, solo 2 candidatos se negaron entregarlas, entre ellos, la gente de Edmundo González que jamás presentaron una denuncia. Y ni Lula, Petro, Cristina, Fernández reconocieron el resultado que en Venezuela da el poder Electoral (uno de los 5 poderes que tiene la Constitución.
En fin, Carlos sabe que me tiene a mano para profundizar o precisar sobre el país que me duele tanto como Argentina.
Con gratitud por publicar estas cosas, les mando un fuerte abrazo.