
Oficios terrestres – Por María Pía López
3 agosto, 2026El fútbol es un esfuerzo colectivo, exactamente lo contrario de la propuesta anarco-capitalista del éxito observado como un esfuerzo individual.
Por Hugo Presman*
(para La Tecl@ Eñe)
El potrero y los clubes de barrio son las escuelas de donde surgieron tantos futbolistas que sedujeron al mundo entero. Que sean tres los futbolistas argentinos que estén entre los cinco mejores de toda la historia (Di Stéfano, Maradona, Messi), habla de lo que es Argentina en el deporte más popular del planeta.
Pero no sólo nos destacamos en el fútbol. Nuestro país ha hecho sentir su presencia en todos los deportes, en la ciencia, en la música, en la literatura, en el ajedrez, en el teatro, en el cine, en la producción industrial, en la agrícola-ganadera, en el desarrollo nuclear, en la medicina, en cinco premios Nobel (tres en Ciencia); en ser uno de los países que fabrican automóviles, reactores nucleares, satélites, medicamentos, que tiene universidades de excelente nivel, y un desarrollo científico a la cabeza de América Latina.
Sectores colonizados de la población suelen referirse al país con una descalificación lapidaria: «Este es un país de mierda». Ha sucedido que han accedido al gobierno, argentinos con mentalidad de lacayos, que respondieron a los intereses triunfantes en la guerra civil argentina del siglo XIX, y los mandantes externos, Inglaterra primero, EE.UU. hasta la actualidad, lo que ha provocado en diferentes etapas, una destrucción con distintos grados de intensidad, con un accionar que intenta ser cierta esa descalificación. Una especie de remake de la campaña del desierto: el título no describía una realidad sino el objetivo consumado al finalizar la conquista. PROPUESTA ALTERNATIVA: Sectores de la población, atravesados por una lógica de colonización cultural, suelen descalificar al país con expresiones tajantes como: ‘Este es un país de mierda’. En distintos momentos históricos, esa mirada encontró eco en gobiernos encabezados por dirigentes con mentalidad subordinada, que actuaron en consonancia con los intereses triunfantes de la guerra civil del siglo XIX y con mandatos externos —primero británicos, luego estadounidenses—. El resultado ha sido, en diversas etapas, procesos de destrucción nacional de distinta intensidad, cuyo efecto ha sido dar verosimilitud a aquella descalificación.
El peronismo represento a los descendientes de los derrotados en la guerra civil del siglo XIX convertidos en obreros industriales en el siglo XX y emergió por los límites y fisuras del modelo primario exportador. El modelo de sustitución de importaciones llevó a que el país ingresara al siglo XX. Su derrocamiento en 1955 y resurgimiento posterior mantiene la batalla entre dos modelos: el del siglo XIX con el agregado de la valorización financiera incorporado durante la dictadura establishment-militar, viene ganando por goleada y esa es la explicación fundamental de la decadencia argentina.
El presidente que no quiere ni conoce a su país
Algún día no alcanzarán las bibliotecas para explicar cómo fue presidente un personaje tan carente de todo como es Javier Gerardo Milei. Lo que le falta en valores y conocimientos le sobra en odio, en venganza, en crueldad. Una infancia desdichada podrá encontrar alguna explicación a su carencia de empatía hacia los seres humanos, pero de ninguna manera será una justificación. Sus carencias se traducen en una megalomanía impúdica y su falta de méritos intelectuales en la necesidad de permanentes reconocimientos en premios berretas otorgados por partidarios afines. Para ello recurre a cualquier medio, desde la utilización de plagio en sus libros a incorporar el grado de Doctor a su nombre, cuando es meramente un Doctorado Honoris Causa otorgado por el Instituto Universitario ESEADE en diciembre de 2022, de parte de su admirado Alberto Benegas Lynch.
Ignora la historia de su país y por eso admira a Reagan y Thatcher, nada menos que los socios, uno como cómplice y otra como ejecutora del asesinato de 649 argentinos. En medio del Mundial de Fútbol, su política colonial de enclave, con una apertura económica indiscriminada que constituye un parte de guerra provocado por “el mejor gobierno de la historia”, está reflejada en números: el promedio de cierre de empresas se calcula en aproximadamente 30 a 31 compañías por día desde finales de 2023. Informes elaborados por entidades como el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y Fundar registran la desaparición de más de 26.000 empleadores netos, lo que lleva el promedio diario de pérdidas de empleo registrado a la escalofriante cifra de entre 380 y 400 puestos. El consumo de pan durante su presidencia cayó un 60% y el de facturas un 80%. El consumo per cápita de leche equivale al de 1990. La muerte de personas jubiladas tiene el nivel de la pandemia. La inversión extranjera directa (3134 millones netos) es de las más baja de la historia mientras (que) el endeudamiento de personas y familias bate récord. Un informe de la UBA acaba de revelar que casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad social.
Para justificar su demencial política de apertura irracional y sobrevaluación del peso, Milei comparó a la Argentina con Suiza diciendo: «También escuché esa imbecilidad de que eso es una medida tomada de otro país. Y fíjese, vio que Suiza es uno de los países más prósperos del mundo ¿Qué produce Suiza? Turismo, relojes, chocolates, cortaplumas y servicios financieros. Y, bueno, ocasionalmente, un gran jugador de tenis. Entonces, cuando usted entra en un supermercado en Suiza, todo es importado». Luego defendió la apertura de la economía con este argumento: «Argentina sólo produce dulce de leche». «Si yo me guío por esa estupidez de qué (que) si esa política es o no argentina, bueno, si los suizos hicieran eso, se morirían de hambre o estarían en un estado de obesidad flagrante porque solamente comerían chocolate». «Bueno, nosotros en Argentina solamente comeríamos dulce de leche. Tendríamos unos problemas de sobrepeso tremendos porque sería lo único que comeríamos. Y andaríamos con biromes en colectivo nada más. O sea, no tenemos muchas más cosas».
Hasta el menos aplicado de los estudiantes de séptimo grado de la primaria sabe que la Argentina produce muchas más cosas. Eso está a la vista, pero la ceguera ideológica a Milei lo transporta a niveles brutales. Ignora que Suiza importa productos primarios para incorporarles valor. Además de haber sido durante más de un siglo el País-Banco de los dólares mal habidos del capitalismo mundial.
El Presidente cree que la decadencia argentina comenzó con la Ley Saénz Peña de 1912. Otra de las exteriorizaciones de su precariedad intelectual.
Milei quiere transformar un país de 47 millones de argentinos en uno sólo para 20 millones de argentinos, en donde la variedad de productos que fabrica o que aporta al mercado nacional y mundial quede reducido sólo al campo, la minería, la energía, la especulación financiera y algunos desarrollos de inteligencia artificial. Un país donde al empleado lo quieren esclavo, a los jubilados los quieren muertos, a los empresarios PYMES quebrados.
Un país donde la felicidad esté en las planillas de Excel y la desdicha en la vida diaria de la mayoría de la población.
Recordemos cómo era la Argentina hace un poco más de medio siglo con un gobierno que se lo denuesta como populista, esos donde la gente vive mejor, se distribuye de arriba hacia abajo, se consiguen derechos, la soberanía es un valor y la Patria no es una palabra sino un concepto que se ejercita. PROPUESTA ALTERNATIVA: Conviene recordar cómo era la Argentina hace poco más de medio siglo, bajo un gobierno que suele ser descalificado como ‘populista’. En aquel contexto, la población experimentaba una mejora en sus condiciones de vida, la distribución de la riqueza se orientaba desde los sectores más altos hacia los más bajos, se conquistaban nuevos derechos, la soberanía se afirmaba como principio rector y la idea de Patria dejaba de ser una mera palabra para convertirse en una práctica concreta.
Argentina 1973
Felipe Pigna, en su último libro «1976–Tercer Gobierno de Perón», da cuenta de lo que el país vivía, en noviembre de 1973, después de 18 años de proscripción, expresado por un medio furiosamente antiperonista como «Gente» de la Editorial Atlántida: «Argentina exportaba ropa a EE.UU., Suiza, Canadá, Suecia, Alemania, Checoslovaquia, Inglaterra, Francia, Holanda, Dinamarca, Islandia, Finlandia y a la mayoría de los países de América Latina. También guitarras a Japón, pan dulce a los EE.UU. y máquinas de afeitar eléctricas a Italia, Francia, España, Suiza y Holanda. Se fabricaban 46 modelos distintos de automotores, además de locomotoras y vagones ferroviarios, lo que ubicaba al país en octavo lugar en el mundo detrás de Estados Unidos, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Brasil y Japón. Más de 15 países latinoamericanos, incluyendo Brasil, se abastecían de artículos para el hogar hechos en la Argentina, que ocupaba el quinto lugar en la producción de acero y de vinos, el cuarto en el consumo de energía y segundo en la cantidad de médicos por habitante detrás de Alemania. Había 150.000 establecimientos industriales. El caucho sintético se exportaba a EE.UU., Alemania, Inglaterra, Suecia, Israel y Holanda, y las máquinas de calcular a Gran Bretaña, Australia, EE.UU. Hong Kong y Japón…. Cada 75 segundos un tren llegaba o partía de las estaciones centrales de Buenos Aires y el consumo promedio de calorías llegaba a 3170, a sexto nivel mundial». Era 1973. Con la destrucción que perpetró la Revolución Fusiladora de 1955 a 1958. La que continúo posteriormente desde 1966 la mal llamada Revolución Argentina. Y luego, hasta nuestros días, la dictadura establishment-militar y los gobiernos neoliberales elegidos en democracia. Mientras el país retrocedía, el fútbol alcanzaba tres títulos mundiales.
Tres campeonatos mundiales
César Luis Menottí tuvo un mérito que supera incluso a la obtención del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 y su coparticipación para salir campeón en el Mundial Juvenil de Fútbol en Tokio en 1979. Fue el volver al fútbol que caracteriza a estas tierras y perder el miedo de jugar con las selecciones europeas. Después de lo que se conoció como «El desastre de Suecia” en 1958, donde la selección perdió con Alemania 3 a 1, le ganó a Irlanda del Norte 3 a 1 y perdió con Checoslovaquia 6 a 1, el fútbol argentino entró en una confusión en la que se despreciaba al jugador local y se enaltecía todo lo que venía de afuera, especialmente de Brasil. El llamado fútbol-espectáculo que propulsaron el Presidente de Boca Alberto J. Armando y de River Antonio Vespucio Liberti, implicó una larga noche de desprecio hacia lo propio, exageración de las virtudes ajenas, una desmalvinización en términos futbolísticos, un neoliberalismo de la pelota que sumió a la selección en un periodo de muchos fracasos y algunos éxitos en torneos sudamericanos. Dante Panzeri, el mayor periodista deportivo en la historia de nuestro país afirmaba que «El fútbol era la muestra gratis del país». En muchos momentos históricos lo fue, pero en otros como el actual, es lo opuesto.
La selección iba de fracaso en fracaso hasta que llegó Menotti. Fortaleció las virtudes locales, le agregó preparación física y velocidad y confrontó con la mayoría de las selecciones europeas. El equipo que dirigió en el Mundial de 1978 fue sólido, se le imputó alguna ayuda en el 6 a 0 a Perú, pero finalmente convenció en la final con un 3 a 1 a Holanda. Siempre quedó la mancha de haberse desarrollado bajo la dictadura genocida y que el principal campo de concentración estaba a pocas cuadras del Estadio de River. Para el Mundial de España de 1982, el equipo era superior al de 1978 con la incorporación de Maradona y Ramón Diaz, pero la mayoría de los jugadores tenían cuatro años más y el desempeño fue muy flojo mientras el país libraba la guerra de Malvinas. Lo mismo le sucedió a Bilardo, que después de ser campeón brillantemente en Méjico 1986, llegó al Mundial de 1990 celebrado en Italia con un plantel que era una enfermería y buena parte de los jugadores de 1986, en un nivel inferior y con cuatro años más. Se llegó a jugar la final con muchos lesionados y apostando a los aciertos de Goycochea en la definición por penales.
En el caso de Lionel Scaloni se repitió lo de 1990: muchos jugadores que llegaron lesionados y un plantel casi similar al del 2022, con jugadores en un nivel inferior. La obtención del subcampeonato fue fruto más de la garra y el empuje ante la adversidad que de la calidad del juego desplegado. Sólo el segundo tiempo con Inglaterra puede equipararse a la maravillosa exhibición de la final del Campeonato del 2022 en la victoria sobre Francia.
Las Malvinas y las contradicciones I
Al establishment y sus representantes no les interesan las Malvinas. Así, Mauricio Macri afirmó siendo empresario: «Las Malvinas serían un déficit adicional para el país». Siendo gobierno firmó el “Acuerdo Foradori-Duncan”, entre el vicecanciller, Carlos Foradori, y el el ministro británico, Alan Duncan el 13 de diciembre de 2016. En el mismo, se acordó «eliminar todos los obstáculos» para desarrollar depósitos de petróleo alrededor de las Islas Malvinas y añadir «más enlaces aéreos» desde terceros países, entre otras medidas que fueron duramente criticadas por la oposición. La excelente bodega de la Embajada Británica en Buenos Aires facilitó el acuerdo. A las dos de la mañana, cuenta Alan Duncan: «Nos dimos las manos en un acuerdo general». Al día siguiente, Foradori llamó al Embajador del Reino Unido Mark Kent y le dijo que había estado tan borracho la noche anterior que no recordaba los detalles del acuerdo firmado. Representante conspicuo de la sibilina y exitosa diplomacia británica, Mark le recordó lo que había acordado, fielmente y sin eufemismos. «Así que creo que seguimos bien encaminados», recordó Duncan, según el medio británico Declassified.
Durante la pandemia, Patricia Bullrich sugirió entregar las Malvinas por un cargamento de vacunas Pfizer.
Javier Milei propuso, rompiendo la posición histórica argentina, considerar el deseo de los habitantes de las islas. A través de su Ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, prohibió el ingreso de banderas, remeras y carteles con referencias a las Islas Malvinas o mensajes políticos al partido contra Inglaterra. La funcionaria indicó que se trató de una medida acordada para evitar contenidos considerados provocativos en un encuentro catalogado de alto riesgo.
Una leyenda en los pedazos de una sábana que fue arrojada a la cancha y desenrollada por los jugadores del seleccionado Giovani Lo Celso, Cristian Romero y Lisandro Martínez, consignaba: «Las Malvinas son Argentinas». Ese pequeño gesto, de una valentía patriótica que el gobierno desconoce, universalizó el reclamo.
Eso produjo una situación muy incómoda para el gobierno, deseoso de que Milei pudiera viajar al Reino Unido y hacer la vista gorda de la explotación del petróleo por una empresa israelí.
El cartel produjo la reacción esperada en la derecha argentina: Macri dijo que «no era el momento» y que hicimos «una de más».
Milei sostuvo que el gesto fue de “un patrioterismo barato y berreta”, «Las Malvinas se recuperan con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas». “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mono neuronal, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y el espacio marítimo circulante”.
Desubicado ante el fervor popular, el Presidente retrocedió en chancletas, y hasta dejó en mano de los jugadores el decretar un feriado cuando volvieran al país. Luego con la sobreactuación que lo caracteriza adoptó un falso nacionalismo y se sintió víctima de una campaña contra el país del cual es su principal responsable al atar su política exterior como aliado incondicional a dos criminales de guerra como Trump y Netanyahu.
Es muy difícil vivir en el país atravesado de absurdos.
Las Malvinas y las contradicciones II
Las Malvinas tienen 12173 kilómetros cuadrados, un poco más de la mitad de la Provincia de Tucumán que alcanza los 22524 kilómetros cuadrados. Están a una distancia del continente de 486 kilómetros equivalente a unos kilómetros menos de la distancia de CABA- Necochea. Están incorporadas a nuestro ADN y hay 649 muertos que descansan en esa tierra, su tierra, y por la cual dieron sus vidas. Desde el jardín de infantes a las canchas de fútbol, el canto sale de las vísceras diciendo: «Las Malvinas son argentinas y los pibes de Malvinas que jamás olvidaremos».
Pero mientras las Malvinas están presentes potenciadas por el Mundial de Fútbol y el pedazo de sábana con la leyenda hizo universal el reclamo, el gobierno y sus aliados a los que no les importa Malvinas pusieron en venta el territorio nacional.
Bajo una mentirosa denominación “Inviolabilidad de la propiedad privada”, es el acceso a extranjeros de todo el territorio nacional. Se intenta derogar la actual ley de tierras rurales 26737 que establece tres topes.
– Tope territorial: El límite es del 15% de tierras rurales a nivel nacional, provincial o departamental.
– Cupo por nacionalidad: Ninguna nacionalidad puede superar el 30% del límite total (representando un máximo de 4,5% de la superficie regional).
– Límite de extensión: Se establece un máximo de 1000 hectáreas (o su equivalente) por titular en zonas núcleo.
Todo esto si se sanciona la nueva ley es papel picado.
La Constitución 1853/60 y 1994 establece en el artículo 17 la inviolabilidad de la propiedad privada diciendo textualmente: «La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada».
La Constitución peronista de 1949, en cambio, sostenía según Arturo Sampay, uno de sus redactores: «La propiedad no es inviolable ni siquiera intocable, sino simplemente respetable a condición de que sea útil no solamente al propietario sino a la colectividad».
Las Malvinas encierran otra contradicción: no se debería, con un mínimo de coherencia, reivindicar a las Malvinas y luego votar a Milei. No es sensato envolverse en la bandera argentina por un triunfo futbolístico y levantar un cartel con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas», para después votar a Milei. Que incluso en su afán de destruir todo lo que funciona, asfixia a los clubes de barrio de donde salen los que integraron, integran e integrarán las selecciones nacionales. Donde se sacan los chicos de la calle y se integran socialmente.
Los jubilados apaleados todos los miércoles le dedican un cantito a la Ministra Monteoliva, la que prohibía levantar un cartel con una reivindicación que es un derecho. Dice: «Monteoliva, Monteortiva, qué vergüenza que me das, reprimís a jubilados, las Malvinas entregás».
Finalmente, en una sociedad profundamente injusta, tenemos que gritar tan fuerte un gol como cuando se perpetra una injusticia.
Goles en contra y la escuela austríaca
Dino Sani fue un notable número 5 brasileño, campeón del mundo en 1958, que dirigió a Boca en 1984. Precisamente el domingo 13 de mayo de ese año en el partido Vélez-Atlanta, Marcelo Firpo, mediocampista del equipo de Villa Crespo, quiso rechazar un centro y convirtió un gol en contra, que en horas de la noche, para el asombro de todos, sería elegido como el mejor de la fecha, por Dino Sani en el programa de televisión “Todos los goles».
Fue sorpresa en 1984. Sigue siendo estupefacción en el 2025 cuando Milei y su equipo se abrazan y celebran alborozados los goles en contra que diariamente concretan en el arco del país y lo presentan como goles que hace la Argentina.
Las posiciones anti-Malvinas de Javier Milei tiene antecedente en la Escuela Austríaca. En el libro «La Casta», la periodista Felicitas Bonavitta (página19) escribió: «Uno de los referentes de la Escuela Austríaca Friedrich Hayek, en 1983, sugirió bombardear Buenos Aires en una carta que se publicó en el diario inglés The Times«. Se supone, por la fecha, 10 de febrero de 1983, que la sugerencia de Hayek se refería, bombardear Buenos Aires si Argentina intentara nuevamente recuperar las islas por la fuerza.
Milei, como presidente, ha ampliado la sugerencia: está bombardeando el país y vendiendo su territorio.
Como el país, el fútbol es un esfuerzo colectivo
El futbol es un juego de equipo. Que es lo que permite que se luzcan y sean eficaces los mejores. Para el éxito se necesitan los pies y la cabeza. El despliegue y el esfuerzo y la inteligencia que hace eficaz el correr. Se necesita al otro como en una pared, la belleza de un taco o una chilena, la fantasía contenida en una gambeta, la precisión de un pase a sesenta metros. Y la dignidad que exhibieron desplegando la sabana los jugadores Giovani Lo Celso, Cristian Romero y Lisandro Martínez.
Decía Dante Panzeri: «El fútbol es la dinámica de lo impensado”. Un equipo es un equipo cuando más allá de las funciones específicas hay 10 jugadores dispuestos a atacar y once que se cierran para defender». El fútbol es un esfuerzo colectivo, exactamente lo contrario de la propuesta anarco-capitalista del éxito observado como un esfuerzo individual. El fútbol, como el país, es un esfuerzo colectivo. Se planifica, se estudia, se intentan superar los defectos propios, se fijan objetivos y se los financia. En cambio, el triunfo del neoliberalismo sólo es posible si se destruye la percepción de lo colectivo.
3 de agosto de 2026.

*Periodista.

Seguí acompañándonos: Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».
La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Tu aporte es importante para seguir adelante.
Muchas gracias.
Alias de CBU: Lateclaenerevista


