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5 agosto, 2026La crisis migratoria que estalló a finales de julio de 2026 en el enclave español del norte de África no es un hecho aislado, sino el síntoma visible de fuerzas estructurales, políticas y humanas que desafían a España y a Europa, y que no se resolverá con boyas naranjas ni con discursos de «invasión».
Por Iván Ambroggio*
(para La Tecl@ Eñe)
«El encuentro con el migrante es también un encuentro con Cristo». Estas palabras del entonces Papa Francisco, pronunciadas en múltiples ocasiones a lo largo de su pontificado, resuenan con especial fuerza ante las imágenes de cientos de personas cruzando a nado el espigón que separa Marruecos de Ceuta. En ellas no hay romanticismo, sino un recordatorio de la dignidad irrenunciable de quienes huyen de la desesperación. La crisis migratoria que estalló a finales de julio de 2026 en el enclave español del norte de África no es un hecho aislado, sino el síntoma visible de fuerzas estructurales, políticas y humanas que desafían a España y a Europa.
Los hechos son contundentes. Durante varios días, miles de personas —en su mayoría jóvenes marroquíes— intentaron entrar en Ceuta por tierra y, especialmente, por mar, bordeando o cruzando a nado el espigón fronterizo. El Ministerio del Interior español registró picos de hasta 50.000 intentos en una sola noche. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) quedó completamente saturado. Al menos 72 personas murieron en el intento. La gran mayoría de quienes lograron cruzar regresó voluntariamente a Marruecos en las horas siguientes, escoltada por las fuerzas de seguridad españolas. El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, del Partido Popular, calificó la situación de «emergencia humanitaria y social» y reclamó refuerzos urgentes. El Gobierno de Pedro Sánchez desplegó al ejército, duplicó la presencia de la Guardia Civil y anunció una barrera física de contención en el mar para facilitar las repatriaciones en frontera, en cumplimiento de una reciente sentencia del Tribunal Supremo.
¿Qué desencadenó esta oleada? La explicación más inmediata apunta a una resolución del Tribunal Supremo de junio de 2026. El alto tribunal determinó que las llamadas «devoluciones en caliente» no pueden aplicarse a quienes entran nadando, porque no superan elementos físicos de contención como las vallas. A estas personas se les debe someter a un procedimiento de devolución en 72 horas o internarlas temporalmente. Según el Ejecutivo español, redes de traficantes y, sobre todo, mensajes virales en redes sociales, tergiversaron la resolución y difundieron la falsa idea de que «España está abierta». Jóvenes con trajes de neopreno y aletas se grababan mientras nadaban hacia Ceuta, acumulando decenas de miles de «me gusta». La promesa era engañosa: No existía un camino fácil hacia Europa, pues Ceuta no forma parte del espacio Schengen, la zona europea de libre circulación que suprime los controles en las fronteras interiores.
Más allá de la coyuntura judicial y mediática, operan causas profundas y estructurales. Ceuta y Melilla constituyen la única frontera terrestre de la Unión Europea en África. La presión migratoria procedente de Marruecos y del Sahel responde directamente a la pobreza persistente, el desempleo juvenil, el impacto del cambio climático y la inestabilidad regional. En 2021 se vivió un episodio similar, cuando miles de personas cruzaron en un solo día, en medio de una crisis diplomática. Las relaciones con Rabat continúan siendo delicadas: España evita confrontaciones abiertas y califica a Marruecos de «buen aliado», mientras sectores de la oposición exigen mayor firmeza diplomática.
El impacto en España ha sido múltiple y complejo. En el plano local, Ceuta —una ciudad de apenas 18,5 kilómetros cuadrados y unos 83.000 habitantes— se vio totalmente desbordada, volcando sus servicios de emergencia en la atención a heridos y personas exhaustas. La diócesis de Cádiz-Ceuta y la Conferencia Episcopal Española ofrecieron recursos de acogida, recordando que se trata de una crisis humanitaria que exige rigor legal y respeto a la dignidad. En el plano nacional, el Gobierno reforzó la seguridad y preparó infraestructuras de contención marina. En el ámbito europeo, la crisis avivó tensiones políticas: Italia suspendió temporalmente el acuerdo Schengen con España y pidió una reunión urgente, mientras líderes europeos exigieron eliminar los pull factors (factores de atracción). Donald Trump, desde Estados Unidos, habló de «catástrofe» e «invasión», advirtiendo que algo similar podría ocurrir en su país si el Partido Republicano no gana las elecciones.
Las posturas políticas se polarizaron con rapidez. El Gobierno sostiene un enfoque pragmático, señalando que España necesita trabajadores debido al envejecimiento demográfico, pero priorizando la seguridad de los ciudadanos de Ceuta. Por su parte, la Iglesia católica rechaza la instrumentalización política del fenómeno, y la oposición exige controles fronterizos mucho más estrictos, criticando duramente la gestión gubernamental.
Esta tensión entre humanidad, legalidad y capacidad de acogida conecta con la tesis del sociólogo y geógrafo neerlandés Hein de Haas, autor de «Los mitos de la inmigración», quien sostiene que la migración irregular no se explica principalmente por la pobreza absoluta ni por las mafias, sino por la demanda estructural de mano de obra en las economías europeas y por políticas que, al bloquear vías legales, empujan a las personas hacia rutas peligrosas. Siguiendo su línea argumental, la sentencia del Supremo, las redes sociales y la geografía de Ceuta no crearon esta presión; tan solo la hicieron visible de forma dramática.
La crisis de Ceuta de 2026 no se resolverá con boyas naranjas ni con discursos de «invasión». Requiere una gobernanza que combine control efectivo de fronteras, vías regulares de acceso, cooperación real con los países de origen y tránsito, y un reconocimiento honesto de que Europa —y España en particular— necesita y atrae migración. Francisco nos recordó el rostro humano. De Haas nos recuerda la lógica estructural. Ignorar cualquiera de las dos dimensiones es condenarnos a repetir la tragedia.
5 de agosto de 2026.
*Analista internacional, docente de Ciencia Política, consultor y escritor.

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