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Elogio de la Incorrección – Por Carlos Caramello

Ilustración: Maurizio Cattelan

Ilustración: Maurizio Cattelan

En tiempos de corrección política, Carlos Caramello analiza hasta qué punto esa actitud  define a un peronismo tachado históricamente de incorrecto mientras se pregunta cuánto tiene que ver esto con la grieta que empieza a formarse dentro de la grieta.

Por Carlos Caramello*

(para La [email protected] Eñe)

 

“El poder disciplinario se ejerce

haciéndose invisible; en cambio

impone a aquellos a quienes somete

un principio de visibilidad obligatorio”.

Michel Foulcault

 

Problemático… hmmmm, entonces mejor no” es la respuesta de un cuadro de conducción rosarino a otro cuando, este último, ofreció traer a un compañero que fue apartado de sus tareas ejecutivas en una agrupación y anda buscando espacios donde militar sus saberes y convicciones.

Problemático”, porque el compañero en cuestión no vendría a ser un tipo de callarse y, encima, tiene la mala fortuna de ser un hombrón que habla a los gritos, y gesticula, y se apasiona, y, por ahí, hasta se echa una puteada. Pero tiene un corazón de oro, y una fe inquebrantable en la doctrina y cree de verdad en la patria, y es naturalmente solidario, y laburador, y peronista… o tal vez por eso, precisamente, se vuelva “problemático” en estos días de corrección política que tanto se parecen al remilgo cortesano o, lo que es peor, a la defección.

Vamos hacia un mundo sin estridencias. Casi sin matices. Y no sólo en la política vernácula. Algunas universidades de esos países que tanta admiración provocan a los Correctos, han creado “espacios seguros” (así los llaman) para que todo estudiante pueda decir lo que se le antoje sin miedo a sentirse incómodo o inseguro por su sexo, raza, etnia, orientación sexual, género, biografía, bagaje cultural, religión, edad o identidad física o mental”. Al menos así lo explican los impulsores de esta rara solución a situaciones tales como que “en algunos foros de debate no se permite aplaudir. Se considera que el sonido del batir de palmas podría resultar agresivo para algún asistente”. ¡Me cacho!

Aunque parezca demasiado, aún para aquellos que intentan alcanzar el estado Alpha de la política –namasté-, no nos extrañemos de que, a partir de actitudes pusilánimes y melifluas, vayamos cayendo poco a poco en nuevas formas de disciplinamiento que los poderes fácticos imprimen a una sociedad que ni siquiera quiere molestarse en rebeldías. Conductas éstas, que abraza cada vez más una clase dirigente que reduce la sagrada virtud de negociar a la deleznable felonía de tranzar.

Lo más notable es que, aquellos que imponen gestos de urbanidad tan parecidos a la sumisión, no se sienten de modo alguno alcanzados por su prédica y pueden ejercer, en nombre de la Civilización, niveles de Barbarie que sorprenderían al mismísimo Facundo… por no hablar de Sarmiento.

Eso sí, jamás te levantarían la voz ni te ordenarían que te calles. Sencillamente van recortándote los espacios de expresión: te borran de los paneles de opinión; les avisan a los productores que es preferible que no te convoquen; los editores de los medios gráficos saben que no deben publicar tus notas ni aunque las ofrezcas gratis; cercenan toda posibilidad de que participes del debate y, si algún atolondrado se equivoca y te abre un micrófono, con cariño, casi con ternura lo llamarán al orden explicándole que sos… “problemático”. Mientras los compañeros (los tuyos, los amigos), en mensajes privados te celebran pero advierten que “no te invitan más”… como si eso fuese una broma. Una lástima.

Nosotros, los que alguna vez quisimos dar la vida por Perón sin pretextos, no nos sentimos representados por esta versión del “Perón, o heridas leves” que nos propone la corrección política. Probablemente porque sepamos que no hay ninguna corrección del otro lado. Solo un acto inhibitorio de violencias que les cuesta contener más que los esfínteres.

Las lapidaciones tuiteras; los exabruptos provocativos, las discursividades cínicas y una retórica levantisca destinada a soliviantar esa infinita cantidad de personajes de escaso nivel intelectual que habitan estos discursos, deberían preocupar seriamente a los propaladores de la “corrección política/cordialidad supra partidaria”: casi todos progresía metropolitana que, más temprano que tarde, serán víctimas también de su prédica gris clarito.

De este lado, en la grieta dentro de la grieta, algunas y algunos reivindicamos la política visceral, sanguínea, peleadora, estrepitosa, vehemente, emocional, incorrecta hasta sus bordes: viva. Y todavía podemos arriar un poco de viento pa´este lado. Que no será un tifón… pero sopla.

 

Buenos Aires, 10 de agosto de 2021.

*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”,  y “Los profetas del odio”. Su último libro editado es  “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.

5 Comments

  1. Pablo dice:

    Excelente!! Carlos es un tema que surge en cualquier ámbito también…, lo que se dice la cultura light, que nos está invadiendo y donde las opiniones empiezan con un “a mi me parece…”, por temor de provocar un huracán de opiniones del cómo y no de que se está dilucidando. Un abrazo!! Carlos!!! Y gracias por introducir este tema de la grieta en la grieta, ojalá podamos salír de este dilema posmoderno

    • Jorge dice:

      Coincido Pablo!
      Como cuando se empezaban (?) la conversaciones sobre Cristina diciendo: «en muchas cosas no estay de acuerdo, pero….»
      El que te diga que hay que tragarse un sapo, porque «la hora lo impone» ,ese! es el traidor…diría Don Corleone.

      Un Chacho Alvarez alli!….

  2. Graciela dice:

    Excelente texto! Cómo siempre nos expresa a [email protected] rebeldes. Gracias

  3. Akejandro Juan Navarrete dice:

    Muy bueno!, tanta corrección, ya aburre,deci hijo de yuta ,hdp estas insultando a las mujeres, Hace 10 años estaba en Termas de Rio Hondo, hablando con un compañero, le pregunte :Isaac Rojas de donde era ,el santiagueño un señor muy amable se puso serio y respondido santiagueño e» hijo de put.

  4. Claudio Javier Castelli dice:

    Coincido totalmente. Celebro su nota.