
Érase una vez la Democracia – Por Marcelo Brignoni
31 julio, 2026¿Una despedida es un acto de amor? No necesariamente, dice Jorge Palant, autor de la obra teatral «Par´Elisa», pero también sostiene que puede serlo, y que tantas veces lo es. «Par’ Elisa» ha soportado múltiples correcciones dede 1972 hasta 2026, año en el que aparece una inquietante frase, «Estoy de oferta», que se vincula en este presente con «La patria está en venta».
Por Jorge Palant*
(para La Tecl@ Eñe)
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Además de un estreno (2007, Tadrón, dirección de Daniel Suarez Marzal) «Par’ Elisa» es una obra que ha soportado múltiples correcciones (me remonto a 1972) y varios recorridos a la papelera. Encabezo la nota de esta manera porque no puedo recordar el pasaje del Para Elisa de Beethoven al Par´Elisa de esta obra, en cuyo título -está a la vista- un apóstrofe reemplaza una letra, la letra «a». Largo tiempo después descubrí que el reemplazo era portador de algo que desconocía: ¿un joven dramaturgo se anima a tomar un título del gran músico que era, y sigue siendo Beethoven y lo modifica, sólo para dar comienzo a una breve obra teatral? ¿A santo de qué? ¿Acaso quien se acercara a un piano con intención de darle a sus manos una impronta musical, pudo no haber estado tentado de apoderarse de esa música que parecía simple y no lo era? Sobre todo, a partir del estallido del tema principal en acordes románticos y escalas veloces que no dejaban de subir y bajar en un recorrido que parecía abarcar todo el teclado. Recuerdo a mi hijo, de doce años entonces, en su fiesta de despedida de la enseñanza primaria, sentarse al piano y entregar a un público numeroso lo que yo, sentado en un lugar que me permitía la visión lateral de un perfil que abarcaba todo su cuerpo, seguía con atención: sus manos articulando sonidos, la mirada que acompañaba ese movimiento, el golpe firme de los acordes, la lentitud, ligereza y suavidad en las notas que nuevamente reclaman ser acariciadas, la escucha del aplauso y su saludo firme y tímido al mismo tiempo.
Una respuesta me asoma en tanto escribo estas líneas, y se refiere al título que soporta el apóstrofe: El título no antecedió la obra, fue la obra quién lo produjo. La Para Elisa beethoveniana anunciaba el pasaje del clasicismo del comienzo al romanticismo que antecede un final en el que la pasión intenta un retorno a un silencio en sí misma, pero lo consigue a medias. Después, escalas veloces, acordes fuertes que anuncian un tiempo de despedida, un tiempo que cae sobre la música que se apaga, como obligada a separarse del viaje que Beethoven no olvidaría. Y sus sonatas mucho menos, aún cuando en sus conciertos para piano repitió el mismo desarrollo: con Mozart hasta el tercero, después con Schubert en un romanticismo pleno y después …otros caminos.
Ahora bien, ¿el apóstrofe de Par´Elisa cumpliría esa función en una obra teatral? Creo que sí, sólo que no habría descanso, salvo en el momento en el que el piano se cierre: las aguas revueltas del amor entre una mujer y esa pareja de hombres que comienzan un giro capaz de enloquecerlos, enlazan la historia de un deseo imposible (el embarazo en la pareja de hombres), la primera manifestación del conflictivo embarazo de Mara, que oscila entre dejarles el hijo para que crezca entre ellos («ustedes se quieren, son capaces de recibir al que llega, como hicieron conmigo») y llevarlo consigo, aunque la calle explote de sonido y furia, de odio y hostilidad hacia la vida; y, también, la desbordada propuesta de Gigi a Bepo: «Si ella se quedara, si se quedara … Entre los tres podríamos hacer una nueva trinidad, eso, una trinidad humana, claro, una trinidad humana, una trinidad … de cuatro, ¿por qué no? Vos, Mara, yo ¡y el niño …!».
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Bien podría decirse que el apóstrofe enturbia el sentido del título, ya que la exclusión de la letra «a» altera el camino de una dedicatoria («Para») y abre otro camino, incierto.
Que habrá de condensarse en una frase del texto que acerca su potencial desarrollo: la frase en cuestión le pertenece a Mara, sobre el final del monólogo en el que decide presentarse a quienes están –no sin conflicto- resolviendo acogerla en la casa. La frase en cuestión, repito, es: «Yo estaba de oferta». ¿Cómo leerlo, hoy?
Debo y quiero decir que, de todas las versiones de la obra, escritas y, en su momento circulantes, esa frase es la primera vez que aparece en el texto. No estuvo en la versión 2007, ni en las anteriores, ni en alguna posterior (todavía, afortunadamente, no escrita).
La frase, en el texto, en boca de Mara, termina un párrafo que antecede el final de la escena. No conduce manifiestamente a nada, y, sin embargo, es un punto de cruce en el que pueden anudarse la intimidad que protege –hasta dónde puede- del afuera con el afuera que se las ingenia para cuestionar -sin convocar el texto, más bien en acciones- la intimidad de la historia.
Vuelvo sobre el texto: es informativo, parte de un tiempo preciso (un elenco que sale de gira a una provincia) y culmina con un regreso esperable, de tono melancólico, al que el azar modifica porque en una esquina, tras la ventana de un bar, Mara tropieza con la mirada de Bepo, un antiguo profesor de Conservatorio, con quien ha mantenido una relación de amantes. Tal vez algunas líneas antes es que Mara diga «Yo estaba de oferta». Esa frase deja de ser informativa, la pausa que indica el texto dice de un corte en el relato, dice de palabras que se montaron en una escena en la que no eran esperadas.
Me resulta inevitable pensar que esa frase no formaba parte de la memoria que «Par ‘Elisa» llevara consigo durante tantos años. Las diferentes versiones de la obra atravesaron los muertos de Trelew, Ezeiza, los efectos sociales de la devaluación del ´75, la última dictadura cívico-militar, los treinta mil desaparecidos, el juicio a las juntas, otra devaluación en el ’89, Tablada, las privatizaciones del menemismo, la subida de la deuda externa, el macrismo, la compra de jueces y fiscales, devaluaciones, cierre de fábricas, altísimas tasas de desocupación, y, desde el 2023, el mileísmo.
Las últimas correcciones de «Par´Elisa» se hicieron en los finales del 2025 y comienzos del 2026.
Es en esos tiempos que la frase «Estoy de oferta», aparece en el texto.
¿A qué puede referir?, ¿a qué de esos tiempos?, que son los nuestros de ahora, de ayer, de mañana y mucho más que tres puntos suspensivos para darle una continuidad insoportable a lo que puede vislumbrarse no como una conjetura, menos como una afirmación; a qué puede referir sino a sí misma, un «sí misma» tan cercano que soporta un cambio de palabras que ni altera la musicalidad de la frase:
«Estoy de oferta»/»La patria está en venta».
La patria es el cuerpo de una mujer joven, actriz que observa cómo su trabajo se pierde en una canaleta ad hoc para que el tiempo haga sus miserabilidades y ella deba prostituirse.
Hoy la patria está de oferta. Mara lo dijo sin saber lo que decía, como suele suceder con las escrituras cuando no son sagradas.
La patria está de oferta: hoy la prostituyen. El gobierno sabe lo que hace mientras enmascara con cierta facilidad (dado que no le importa que lo que se enmascara salga a la luz: la verdad no importa) lo que sus figurines y figurantes transmiten entre cabriolas, saltos ridículos y los torneos de cinismo, una práctica que no ha dejado de ganar relevancia.
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¿Por qué el subtítulo de la obra es «Tiempo de despedida»? Es algo que también aparece solamente en esta versión. ¿Será la última, será esa la despedida? ¿Por qué no? Aún más: ojalá. «Tiempo», entonces, debería leerse como ¿»es hora de despedirse»?, o, por el contrario, deshacerse de la hora y depositar el tiempo en brazos de la música. «La música es tiempo», dice Borges en alguno de sus ensayos. Y en el poema a Brahms… «Mi servidumbre es la palabra impura/conjunción de un concepto y un sonido/tuyo es el río que huye y que perdura/ni símbolo, ni espejo, ni gemido».
¿Una despedida es un acto de amor? No necesariamente, pero puede serlo, ¡y tantas veces lo es! Cuando Mara se va les deja una carta … de amor. «¿Y aquellas noches, en las que se escuchaba hasta el silencio que nos envolvía?» Y Bepo: «Se fue, nos dejó una carta algo húmeda y se fue»; y después «Ella nos quiso y nosotros la quisimos».
«Las despedidas llenan páginas de poesía murguera uruguaya. Y el amor se hace lugar para decir adiós entre notas que lo abrazan y lo liberan». Y Gigi ”¿Vas a volver con la beba…?» «Sí, claro que sí» ¿Y nos vas a presentar? Este es tal, este es cual… » «Sí, claro que sí…» Y Gigi «Con nuestros nombres, con nuestros nombres» Y Bepo «Seguro, claro que sí … Este es Gigi, y este es Bepo…» Y Gigi: «Los nombres son importantes …» y Bepo «Muy importantes …».
*Jorge Palant, autor de «Par´Elisa» (Tiempo de despedida). La obra se presenta los domingos a las 20 horas en Teatro Tadrón, de Niceto Vega 4802, Palermo.

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