

Ciencias de la Comunicación (UBA) celebra sus 40 años este viernes 5 de diciembre con la ComuFest en C Complejo Art Media, Av. Corrientes 6271.
Por Sebastián Ackerman*
(para La Tecl@ Eñe)
La carrera de Ciencias de la Comunicación nació en diciembre de 1985, con el auge de la recuperación democrática y el destape político, cultural e intelectual tras la última dictadura cívico-militar. El campo de la comunicación ya era un terreno específico de interrogaciones, muchas relacionadas con el crecimiento de los medios de comunicación pero que los desbordaba, y esta institucionalización era una manera de apuntalar el incipiente proceso democrático.
Hoy, cuarenta años después, consolidó un ámbito de estudios y formación de profesionales que se afianzó en el mundo mediático, periodístico y tecnológico, pero también hunde sus habilidades en el universo público como el privado en ramas tan disímiles como el judicial, deportivo, de la salud, educativo, publicidad, marketing digital, económico y empresarial (entre otros), enfrenta desafíos por el desarrollo de las nuevas tecnologías y las formas en la que la información y el sentido de la vida en común circulan socialmente, y que jaquean la democracia que conocíamos.
Este recorrido, con sus vaivenes de sedes (desde la creación de la Facultad de Ciencias Sociales con cinco carreras y su diáspora, hasta el reencuentro en la sede de Constitución), planes de estudio y defensa de la educación pública, es decir la construcción de una comunidad y la formación de una identidad propia, es lo que Ciencias de la Comunicación celebra el viernes 5 de diciembre con la ComuFest en C Complejo Art Media (Av. Corrientes 6271), con participación de DJs invitados (entradas en https://www.passline.com/eventos/comu-fest).
Una celebración del camino construido, pero también la posibilidad de encontrarse y compartir en un momento en el que la universidad pública debe resistir a procesos de desprestigio y desfinanciamiento, que atacan la posibilidad de que cualquiera que habite nuestro suelo y quiera estudiar una carrera pueda hacerlo, sin depender de destinar parte de sus ingresos a pagar cuotas o la necesidad de una beca salvadora. La garantía de la educación como derecho, sostenida por toda una sociedad a través del financiamiento del Estado a las casas de estudio, es un baluarte de nuestro país, y una garantía de transformación personal y subjetiva (y una sociedad mejor, porque la función de una universidad es formar a sus ciudadanos) para cualquiera que transite los pasillos de una universidad pública, ya que la formación de profesionales es un proceso y no un cambio puntual y fechado.
La propuesta es reconocerse en lo hecho en estos cuarenta años, pero no solo de manera académica o profesional: a pesar de las dificultades presentes (y pasadas) para llegar a este momento, este festejo excede esos tabiques y, bajo el lema “Vení a bailar con tu bibliografía”, invita a reconocer ese transitar compartido entre estudiantes y docentes, la gran mayoría ya graduados de la carrera, y muchos de ellos referentes del campo en alguna de esas dos dimensiones. La organización y la lucha pierden si no hay alegría que las sostenga.
Ciencias de la Comunicación empezó en 1985 con una expectativa muy fuerte, enmarcada en los debates internacionales sobre los flujos de comunicación y la relación entre comunicación y cultura, en el marco nacional del retorno democrático; creció mucho durante los 90 con una clase política desacreditada y el periodismo cumpliendo un rol importante en el debate público; en los albores del siglo XXI el interés por el periodismo fue mermando y, digitalización mediante, las principales salidas laborales de las carreras de comunicación se vincularon también a la experiencia de usuario, marketing digital, comunicación institucional, entre otras.
El ajuste que está sufriendo el sistema universitario golpea, y mucho, en la cotidianeidad: la pérdida del poder adquisitivo de los salarios docentes y nodocentes se acerca al 40% en los últimos dos años, y los gastos de funcionamiento aumentaron apenas para cubrir lo necesario para tener las facultades abiertas. Esto afecta la calidad educativa, ya que hay docentes y nodocentes que, ante la pérdida de sus salarios, se convierten en “docentes taxi” o buscan otros horizontes para sostener su día a día. Porque no hay que perder de vista que la docencia es una vocación, y se puede desarrollar con pasión y amor, pero también es un trabajo, que sostiene a miles y miles de familias.
Desde el año pasado se está implementando un nuevo plan de estudios, que modificó radicalmente su entramado curricular y otorga más libertades y posibilidades de elección de asignaturas a los estudiantes para diagramar su recorrido de acuerdo a sus intereses, la incorporación de prácticas preprofesionales y la elaboración del trabajo de graduación en la última materia de la cursada. Una transformación que trajo aparejada la multiplicación de graduaciones: de un promedio de 250 por año, entre 2024 y 2025 se recibieron alrededor de 2000 estudiantes.
En ese número están incluidos cientos de estudiantes que pasaron por las aulas de la carrera y, por diversos motivos, no habían llegado a completar sus estudios. El cambio de plan abrió la posibilidad de terminar ese ciclo y poder cerrar su paso por la carrera. Es también la función de la universidad pública: el derecho a graduarse, aun cuando hayan pasado varios años, para formar profesionales que aporten a la vida en común. El título es individual (aunque incluye el esfuerzo de muchas personas, desde familiares hasta docentes), el beneficio es social.
Viernes, 5 de diciembre de 2025.
*Secretario académico Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales UBA.

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