

“Cuarto oscuro”, la película de Rocke Oviedo sobre la banda Humano Querido, se inserta en la tradición artística del absurdo combinado con psicodelia y dosis de Conurbano. Además, y esto es fundamental, “Cuarto oscuro” está hecha desde la más absoluta libertad creativa. Una libertad que va más allá de fracasos y triunfos.
Por Pablo Marchetti González*
(para La Tecl@ Eñe)
El primer disco solista de Acho Estol se llama “Mi película”. Y si bien entre los muchos formatos artísticos que labura Estol está el cine, esa película (que en realidad es un disco) tiene que ver con otra cosa: Acho se despoja del formato de grupo (en este caso, La Chicana) y se mete en su mundo personalísimo, sin concesiones, tomando absolutamente todas las decisiones.
El disco se llamó “Mi película”. Pero podría haberse llamado “Mi mambo”, “Mi rollo”, “Mi capricho”, “Mi viaje”, “Mi cuelgue” o “Mi flash”. Es curioso como, si avanzamos en la búsqueda de sinónimos de esta última acepción de “película”, muchos de ellos se vinculan con experiencias lisérgicas, de esas que vienen acompañadas con sustancias psicoactivas.
“Cuarto oscuro”, la película de Rocke Oviedo sobre la banda Humano Querido, le hace honor a la doble acepción de la palabra “película”.
Por un lado, “Cuarto oscuro” es la película de Humano Querido porque está protagonizada por esa banda. Tanto en el sentido actoral (actúan todos los músicos del grupo), como argumental: “Cuarto oscuro” se ordena (sí, aunque no parezca, aunque aparentemente está a años luz de eso, hay un orden) en torno a las canciones de Humano Querido.
Por otro, “Cuarto oscuro” es la película de Humano Querido porque está hecha a contramano de cualquier convención. O, más bien, el dogma parece ser el de no tenerlos. Una película como un viaje, como un flash. Como un viaje de pepa conurbano, como un trance.
«Cuarto oscuro” también juega con dos acepciones antagónicas. Por un lado, el lugar en el que se elige a qué candidato votar en algo que lleva el nombre genérico de “elecciones”, por más que sea bastante poco lo que allí se elige. Por el otro, un cuarto oscuro en el que todo vale y al que nos exponemos sin medir las consecuencias. O a pesar de las consecuencias, en un intento desesperado por encontrar nuevas experiencias. En ese sentido, la película de Humano Querido y Rocke Oviedo dialoga con “Darkroom”, la obra de Roberto Jacoby.
«Cuarto oscuro” se organiza en torno a las canciones. Ese es el eje. Algo que podríamos definir como video clips, aunque en este caso las definiciones son sólo orientadores lejanos en medio del desconcierto. Pero si pusiéramos un poco de orden y pegáramos algunas etiquetas, podríamos decir que es una sucesión de videoclips y sketchs. Ponele.
Lo que sí está claro es que la apuesta es por el absurdo. Sí, hay humor. Pero el humor no es un fin, sino sólo la consecuencia directa e inevitable del absurdo.
Los diálogos entre Resorte y su psicoanalista (protagonizado por Eduardo de la Puente) son un claro ejemplo del absurdo radicalizado de la propuesta. Como un homenaje a Freud, los diálogos son una sucesión de asociaciones libres, en los que el único sentido es el sinsentido. Algo similar ocurre con las escenas en las que aparece Pipo Cipolatti como un espía o algo así.
La locutora (o locutrola) que encarna Guadalupe Cuevas es otro claro ejemplo del absurdo extremo de la película. Podría tratarse de una parodia (una presentadora de noticias, como antes lo fueron un psicoanalista o un espía), pero el absurdo le gana al chiste, a la ironía, a la canchereada.
La película de Humano Querido consiste en lanzarse al absurdo sin red. Un absurdo tan extremo que sólo se sostiene con el fracaso. Porque ese es, finalmente, el disparador temático: el fracaso de una banda que existe hace muchos años y nunca pudo pegarla. Una propuesta absurda por donde se la mire.
Y aquí es necesario aclarar de qué hablamos cuando hablamos de absurdo. Porque hay palabras que el tiempo y el uso llevó a lugares que no son necesariamente el mismo del que partieron. Palabras como “cinismo”, por ejemplo.
El absurdo es una herramienta artística poderosísima. Existió un teatro del absurdo (Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Harold Pinter, Jean Genet, Fernando Arrabal), con clara influencia del existencialismo, y sobre todo de la obra de Albert Camus, que se consideraba a sí mismo como “absurdista”.
«Cuarto oscuro” se inserta en esa tradición. La sucesión de sketchs con un argumento de fondo (que en el fondo no importa tanto) recuerda al FlyingCircus de los Monty Python. Algo que se profundiza con los dibujos y los collages animados.
En la sucesión de cameos (Gabriel Mariotto como un mozo absurdo-peronista; Orge como un pistolero) destaca también un segmento de Tino y Gargamuza. Que no hacen más que confirmar la línea absurdista que atraviesa la película. Los personajes de ficción de la tele terminan siendo quienes más nos informan sobre los personajes. Quienes nos cuentan quiénes son los Humano Querido, y quienes nos dicen que todo transcurre en el Conurbano.
Tino y Gargamuza son nuestro GPS en la película. Aunque los guiños al Conurbano son muchísimos. Sí, la película absurdista de Humano Querido viene también a desarmar algunos mitos sobre el Conurbano. No todo es pintoresquismo barrial-popular: en ese territorio mágico que rodea a la ciudad de Buenos Aires. También hay lugar para las vanguardias y viajes (o películas) psicodélicos.
Absurdismo, psicodelia y Conurbano, sí. Pero hay una palabra mucho más importante que la película de Humano Querido viene a poner en tensión. Y esa palabra es libertad. Sí, libertad. Más que desde el absurdo, “Cuarto oscuro” está hecha desde la más absoluta libertad creativa.
En momentos en que la libertad parece haberse vuelto un peligro, “Cuarto oscuro” nos recuerda lo importante, lo placentero, lo necesario que es ejercer la libertad. Y eso es un triunfo, independientemente de lo que digan los números, las vistas, los likes o las reproducciones.
Una libertad que no importa si es o no un triunfo. Porque se trata de algo mucho más importante que eso: es, ni más ni menos, un grandísimo acto de justicia poética.
Sábado, 14 de marzo de 2026.
*Periodista, escritor, poeta, cantor y músico.

La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Alias de CBU: Lateclaenerevista
2 Comments
Qué grande estoy a la expectativa la quiero ver son los pibes del barrio acá en lanús
Muy buena presentación Pablo