

“Todos somos Gaza” porque para el poder, todos somos, o llegaremos a ser, palestinos.
Por Miguel Gaya*
(para La Tecl@ Eñe)
Hay una frase habitual, casi frase hecha, trillada ya que estamos, un acto reflejo de solidaridad, que afirma “Todos somos…” a completar por la causa que corresponda. Incluso hay chistes sobre esto, o grotescos que todos hemos visto.
Sin embargo, no deberíamos desdeñarla. Es, si se quiere, tan solo un acto reflejo, pero un acto de reconocimiento del otro también. Es un modo elemental, frívolo a veces, banal podemos aceptar, incluso de bajo compromiso. Todo lo que quieran, pero es un acto al fin que da cuenta de un rasgo humano por excelencia: la capacidad de ver al otro, la capacidad de, simbólicamente, ponernos en su lugar. Es un acto compasivo en el sentido lato de la palabra: compartir la pasión dolorosa de otro ser humano.
En estos tiempos crueles no es poco. Ya lo han dicho mejor: esta época es cruel por individualista, e individualista porque niega en el otro la entidad que se atribuye en exclusiva cada cual. La deshumanización consiste en ser más humano que cualquiera, superior y único. Único hacedor del propio destino, único propietario de todo, único objeto de amor.
Así, decir que uno es otro, al que reconoce como igual en ese pase es, si se quiere, un acto de resistencia, sino revolucionario.
Pero, en el caso de Gaza, me temo que deberíamos tomarlo en forma literal, como una alerta en defensa propia. Todos somos Gaza, porque tarde o temprano todos seremos, si no somos ya, palestinos. Tan descartables como ellos, tan impunemente, tan cruelmente exterminables como ellos.
Estamos en presencia de un genocidio en progreso a la vista de todos, que asume dimensiones de crueldad y sadismo que superan todo lo perpetrado antes por la barbarie humana, y es decir mucho. No porque antes no hubiera ocurrido, sino por el modo público de llevarlo a cabo. Es poco lo que puede agregarse a lo ya visto, y poco podemos decir que pueda describirlo. Hay en todo genocidio un mal inenarrable, imposible de decir por la lengua humana. Es el mal, pero no sería tan insoportable si no fuera tan humano. Y lo hacen frente a nuestros ojos.
Para dar cuenta de la humanidad del mal están exhibiéndose ante nosotros las autoridades israelíes. Su cinismo sin cuento ni medida. Su fruición y crueldad y eficacia malvada en procurar dolor a sus hermanos de tierra mientras el mundo observa sus consecuencias.
Con haber sido tan crueles y asesinos como ellos, los criminales irredentos, inescrupulosos e irresponsables de Hamás no justifican, ni sus crímenes pueden ser medida para los crímenes que cometen los israelíes. Y es en esta desproporción moral donde se desnuda la intención genocida de los israelíes. Hamás es la excusa perfecta, pero es la excusa. La razón del crimen es otra. Cabe preguntarse por esa razón. Pero por su razón última.
Hay una supuesta razón de estado, la esgrimida una y otra vez por Israel, a veces con voz plañidera, las más con la prepotencia del matón: Sólo exterminando a los palestinos sobreviviremos los judíos. ¿Les suena, verdad? No es nuevo ni es verdad, y ellos saben que no es verdad y saben en su memoria que no es nuevo.
La pregunta sobre si hay otro camino no es retórica. Es vital. Y nos lleva en la dirección opuesta al exterminio. Por más difícil, sacrificada, lenta y dolorosa, e incluso injusta que sea, es la preferible. Que por supuesto no puedo sino señalar. No me arrogo la sabiduría de conocerla de antemano. Quisiera que la comunidad internacional, los dirigentes mundiales, tuvieran la sabiduría para buscarla. Una sabiduría humana, un compromiso humano para encontrar otro camino que el exterminio. Nos va la vida a todos en ello, la vida humana.
Pero con la urgencia que la búsqueda de la paz requiere, no quiero perder de vista mi primera afirmación: Todos somos Gaza, no como reflejo solidario, sino como constatación palmaria. Todos estamos en riesgo de ser exterminables como lo son los palestinos. Ese viento recorre el mundo.
En Palestina hemos visto agonizar un mundo, y es el nuestro. Aunque haya sido un mundo de ilusión, era el nuestro. Agoniza la idea de justicia terrenal, la idea del derecho, del orden jurídico, del estado como garantizador de la vida y el orden, del derecho internacional y el derecho sanitario, de todo el derecho.
Ahora vale todo lo que hay fuerza suficiente para imponer. No importa mi razón, sino mi fuerza. Y no hay más razón que mi vocación y posibilidad de daño. Se puede bombardear población civil, se pueden masacrar niños; vaya novedad, lo hicimos antes. Se puede bombardear hospitales, asesinar periodistas a conciencia, disparar a hambrientos y provocar hambruna. Y lo puedo hacer frente a todos y nadie hará nada. La novedad es que lo exhibo y me jacto de hacerlo, y escarmiento de antemano a quien lo vea.
Eso somos. Pero no solo los que dejamos hacer. También somos los próximos. Como están siendo los indocumentados en EE. UU., los migrantes a merced del mar, los balseros y pescadores en el Caribe. La fuerza pura y desnuda los persigue y los aniquila. Sin juicio, sin ley, solo lo hacen porque lo pueden hacer.
Y suena y se muestra el escarmiento contra los que cometen el pecado de existir sin el permiso de los poderosos. “Todos somos Gaza” porque para el poder, todos somos, o llegaremos a ser, palestinos.
Lunes, 3 de noviembre de 2025.
*Escritor, poeta y abogado defensor de Derechos Humanos.

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Dolorosamente claro.