

«La era del olvido», de Francisco Estrada. Una obra sobre cómo funciona, piensa y se mueve “la casta” política. Una fotografía sobre la ambición, la soledad y el «vale todo» para llegar y permanecer en el poder.
Por Francisco Estrada*
(para La Tecl@ Eñe)
Si no creyera en lo que agencio.
¿La era del olvido es una obra antipolítica? Poner como protagonista a un dirigente que experimenta vaivenes emocionales exacerbados, con una abrumadora fragilidad de principios y convicciones ¿supone engrosar los discursos que con las ínfulas de “desenmascarar” a la corrupta política buscan invalidar las iniciativas transformadoras? Quiénes ofrecemos este espectáculo, ¿No estamos sumándonos a las huestes de los denostadores de la política sin más? ¿No estamos metiendo a todos en la misma bolsa?
¿Cuándo dejé de preocuparme por si le estaba “haciendo el juego” a los que quieren socavar el régimen representativo, por estar “sacando los trapitos al sol” en vez de plantear esas cosas “puertas adentro”? ¿Nada más me dejé llevar por la propia dinámica dramática, por las peripecias agitadas y agónicas de esa jornada febril en la que todo se juega en la vida del protagonista? ¿Fue la fuerza de la historia que estaba contando junto a la prodigiosa y asombrosamente sagaz guía del querido Ariel Barchilón las que le ganaron la pulseada a las prevenciones y alertas ideológicas?
¿Será tal vez necesario producir más materiales no convencionales, tal como puede ser una obra de teatro en este caso, para reflexionar con hondura y en una de esas también descarnadamente sobre el estado de la política como actividad realmente existente? ¿Será, ojo que por ahí peco de irrespetuoso, que en las producciones de naturaleza poética y performativa hay condensación, metáfora, inclusive equívocos e indeterminaciones que inquietan e interpelan con mayor agudeza que la producción más tradicionalmente ensayística?
Si no creyera en mi camino.
El hecho de que haya tenido un contacto directo con actividades partidarias desde una temprana edad, que haya militado, que haya tenido funciones en ámbitos públicos ¿En qué sentido me habilita a convertir esas experiencias en una producción teatral? ¿Cuán autorizado estoy a afirmar que “conozco” el mundo político? Y en ese sentido, ¿No tendría que haber definido con claridad el posicionamiento ideológico programático de Rodrigo Torres, el protagonista?
“Acá se juega con reglas que no están escritas”, frase con la que el protagonista cree refutar a su padre ¿Acaso supone una concepción fáctica del poder que traspasa las fronteras partidarias o programáticas y le confiere al ejercicio cotidiano del poder una ideología ad hoc basada en hechos y resultados? ¿En qué sentido poniendo el acento puramente en los microprocedimientos, en las estrategias inmediatas, en el minuto a minuto dominado por la procura de logros personales se habla de política?
¿Digo o no digo aquí que una persona con militancia en una localidad gobernada por el espacio político opuesto al oficialismo nacional al finalizar la función me dijo “mientras la veía pensaba en mi jefe”?
Si no creyera en mi sonido.
¿Cuánto pertenece esta obra, o cualquier otra en realidad, a su época y cuanto es capaz de desmarcarse de su contexto originario? ¿Por qué para buena parte del público el texto de la obra es de estricta actualidad cuando en realidad comenzó a escribirse allá por el 2018? El mundo que aborda la obra, identificado en la actualidad por propios y extraños con el célebre y eficaz significante de “casta”, ¿Es posible que a pesar de resultarnos dramáticamente transformado en este último tiempo en realidad ya venía cambiando hace bastante? ¿Y desde cuando se viene produciendo ese cambio?
¿A qué época pertenece La era del olvido?
¿Corresponde aquí blanquear que el año pasado luego de las elecciones legislativas de la Provincia de Buenos Aires tuve la sensación de que la obra corría el riesgo de quedar desactualizada si esos resultados se confirmaban en las elecciones nacionales y que luego en octubre esa presunción se desmintió (paradójica fortuna)?
Si no creyera en mi silencio.
¿Dejará de asombrarme que, en cada ensayo, en cada una de las decisiones que tomamos en el proceso de puesta en escena, sumando contribuciones de personas generosas que nos ayudaron con sus miradas sagaces y lúcidas, que, en cada función, en cada sala, con cada público Germán Rodríguez (intérprete de la obra) y yo sintamos que tuvo lugar una versión única e irrepetible del espectáculo? ¿Viene a cuento la preocupación benjaminiana por el aura perdida en la era de la reproductibilidad técnica y el reaseguro del que goza al respecto la ceremonia teatral?
Que llevemos ya un año en cartel y hayamos recorrido varios escenarios además de El Camarín de las Musas ¿No debería librarme de las incertidumbres y las conjeturas? ¿No alcanza con que Germán realice una actuación realmente descomunal? ¿Que con su don escénico mantenga cautivo y magnetizado al público los 60 minutos que dura la función?
¿Es acertado suponer que ejerciendo una actitud de interrogación hacia la propia obra es cómo se la mantiene viva, despierta, atractiva?
En Las versiones homéricas Borges dice que “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio.” Desde el 7 de marzo iniciamos con mucho entusiasmo y expectativa una nueva secuencia funciones, también reescrituras colectivas.
Los sábados 21 Hs.en El Camarín de las Musas. Mario Bravo 960 CABA.
*Dramaturgo, Diseñador de escenografía, Director.
1 Comment
Preguntarse. No tener muchas de las respuestas. O tenerla. Incluso tener mas de una. Y hacer ese ejercicio con las propias decisiones, la propia obra, es valentía, es honestidad, es aceptar la incertidumbre ? Los aciertos los errores y hasta las miserias. Es permitirse ser cuestionado. Y estoy segura que por ahí esta el camino que nos permitirá repensar tantas cosas de este mundo que nos esta costando tanto y disfustando tambien. Política y mas política. Volver a ver y pensar con La era del.olvido.