Política y sindicalismo: el choque de las representaciones – Por Mario Casalla

Honduras frente al corazón de las tinieblas – Por Víctor Ego Ducrot
18 noviembre, 2025
Interrogantes sobre realidad y cavernas – Por Mario Elffman
21 noviembre, 2025

Política y sindicalismo: el choque de las representaciones – Por Mario Casalla


Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».


2 Comments

  1. Mario Elffman dice:

    Los conflictos de representación y representatividad, a mi entender, no son paralelos entre la política y el sindicalismo. O, en todo caso, las paralelas no se tocan. En la política, el eje crítico es la subordinación de los mínimos espacios aún concedidos a la democracia respecto del poder imperial y al sometimiento popular. En el sindicalismo, al menos en nuestro país, es la persistencia de un llamado’ modelo sindical argentino’, que queda a distancia y a resguardo de la libertad y la democracia sindical cono determinante de su independencia y funcionalidad en su ámbito de representación. Lo que tienen en común es que la antidemocracia política se ocupa de serruchar la libertad sindical.

  2. Adrián Desiderato dice:

    Interesantísimo eso que dice Edmund S. Morgan, de quien nunca había oído hablar, o lo que dicen Montesquieu, Rousseau, Jauretche, Scalabrini…, de quienes sí he oído, pero conozco a cuentagotas de haber leído o escuchado de prestado alguna cosa suelta. No me culpo, pues mis campos son otros y hace rato que la multiplicidad del saber no cabe en una sola cabeza. De todos se aprende y siempre es de agradecer gente que piense el mundo y ayude a hacerlo inteligible. Desde esa humilde condición de saberes, también creo que es muy lúcida la nota, toda, con aristas esclarecedoras, al menos para mí. Mi única objeción pasa por una cuestión de lenguaje; en realidad, no de lenguaje, sino de una palabra, aunque el trasfondo sea político. Es el mote con que esos «gringos» de moda se autoproclaman, lo de que ellos son «América» y «los americanos», y el latiguillo se pega, consciente o inconscientemente. No hay que seguirles la corriente. Son Norteamérica, nomás, y tampoco toda, sino una parte, las otras dos se llaman México y Canadá. Tampoco es necesario aclarar cuál es la parte menos provechosa de esa trilogía, como muy bien señalarían Toro Sentado, el Subcomandante Marcos o algún viejo combatiente del Frente de Liberación de Quebec. No es un dato menor distinguir qué es América, el continente, de qué son ésos de una de las tres partes, que ni siquiera, si se los quiere individualizar, son «norteamericanos», sino simples «estadounidenses», o hasta «esclavistas» y «racistas», de tirar dos sinónimos, o de tirar un eufemismo, «democráticos». Otro apunte, éste directamente para Morgan. Dice (copio a Casalla): «Para gobernar hay que hacer creer». Y sí, también es cierto, pero no vendría mal agregar que, a los que hay que «hacerles creer», tal vez «creerían» de otra manera de haber visto, en vez de tanto Hollywood, algo de Tarkovski o de Fellini o haber leído, si no todas, al menos una oda de Horacio, ésa en que consuela, por ejemplo, a Virgilio por la muerte de un ser querido. De ese modo, no votarían escorias como Milei y Adorni y tendrían cierta conciencia de lo que significa el Universo, y hasta le encontrarían un sentido a la vida que no quede en el «gozo» de alguna marca de yogur o irse de vacaciones, radiografías de «lo feliz». ¿Suena elitista decirlo? Que suene. Por lo menos, no sonará a alguna imbecilidad que digan Sturzenegger o Caputo o las genialidades de Rattazzi y Lemoine. Lo único en que acertaron las religiones, todas, ha sido en hablar de la «trascendencia», aunque el concepto lo usen para fines poco trascendentes, por no decir espurios, pero ésa es otra historia. Sí, «quien habla no está muerto», como enseñaba con fría inteligencia un verso de Alberto Girri.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *