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Pobreza cero “no era para ser cumplida” – Por Jorge Halperín

Jorge Halperín reflexiona en esta nota sobre el sentido que Cambiemos le asignó a la idea de “Pobreza Cero” y explora las significativas connotaciones de esa promesa falsa.

Por Jorge Halperín*

(para La Tecl@ Eñe)

 

En estos días, cuando se informa sobre el aumento de la pobreza como si debiera sorprendernos, me detengo a pensar en el sentido de la idea de “pobreza cero” tan absurdamente reivindicada por Macri en campaña y tan reverberada en los medios dominantes. Por supuesto que nunca creí ni remotamente que fuera un objetivo real del entonces millonario aspirante a presidente, y, a decir verdad, tampoco me convence la idea de que lo fuera para sus votantes. Pero, en ese caso, era esperable que omitieran el tema o que, como mínimo, lo relegaran en sus anuncios. ¿Por qué, en cambio, se enfatizó tanto esta promesa, por qué se le dio tanta entidad, y por qué estaba tan presente en las conversaciones?

No dejo de pensar que el asunto merece ser explorado porque le podemos encontrar otras significativas connotaciones.

Parece claro que el voto masivo a Macri fue una combinación de contenidos aspiracionales y de rechazo a la versión kirchnerista del peronismo y sus políticas igualitarias.

Entonces, era de sentido común preguntarse: ¿por qué razón el millonario que gestionó dos períodos de gobierno de CABA y bendice el tercer período sin dejar de agravar las condiciones de pobreza y desigualdad entre el Norte y el Sur del municipio más rico habría de interesarse en un tema que contradice sus políticas?

¿Por qué le creyeron al millonario si no había ningún antecedente que lo avalara? ¿Le creyeron de verdad, o el uso de esa consigna tenía otro propósito no confesado por Macri y sus votantes que va más allá de la coartada para justificar un voto a la derecha? ¿Por qué combatir a fondo la pobreza habría de interesar a esos votantes que tienen una mirada muy negativa sobre los pobres? (“Se embarazan para cobrar la AUH”; “La AUH se va por la canaleta del juego y la droga”; “Creyeron que podían comprar celulares y televisores planos, irse de vacaciones, acceder a la universidad”, etc.).

El ensayista Jean Baudrillard caracterizaba la decadencia de nuestra época graficando con la política, que, según él, es un terreno en que reina un pacto de simulación por el cual el gobernante simula que lo hace por el bienestar de la sociedad, y la sociedad simula estar interesada en la gestión de sus gobernantes.

Algo de eso dio a entender la inefable vicepresidenta, Gabriela Michetti, cuando al ser interrogada por tanta promesa incumplida de Macri dijo suelta de cuerpo que no eran para ser cumplidas sino sólo “aspiracionales (…) un camino”. Quizás aquella poco creíble promesa de “Pobreza cero” no es muy distinta al hecho de que el rostro más visible de una familia que hizo toda clase de negocios con el Estado, y que muchos de ellos circularon por zonas obscuras – con 214 causas contra Mauricio –  haya enfatizado – y le hayan creído – que buscaría la transparencia y combatiría la corrupción.

Otra vez: ¿Por qué tantos de sus votantes pasaron por alto la trayectoria oscura de los Macri, incluido Mauricio, y le atribuyeron una sincera voluntad de limpiar al país de corrupción? No cuaja la idea atolondrada de “Es millonario, no necesita robar”, porque allí estaban sus antecedentes que lo desmentían. ¿Fueron en verdad tan crédulos?

En suma, ¿qué sucede en nuestro escenario político con tanto mensaje paradojal?

Ya en 2002, antes de llegar a Jefe de Gobierno, la visión de Macri era cristalina para todos cuando sentenciaba, por ejemplo, que “los cartoneros tienen una actitud delictiva porque se roban la basura; Además, no pagan impuestos”. 

Y, recuerda el sitio La Barraca que, desde que asumió once años atrás el gobierno de CABA las denuncias por falta de presupuesto para la atención de los sectores más desprotegidos de la ciudad son una constante por parte de organizaciones sociales y políticas, y referentes de diferentes partidos, trabajadores y sindicatos. Las áreas más sensibles como salud, educación y vivienda son las más desatendidas. Mientras que los gastos en publicidad o seguridad siempre aumentan significativamente. 

Citan como ejemplo el presupuesto ejecutado en el año 2013, aunque cuadros similares se presentan cada año del macrismo en la ciudad desde donde se proyectó al gobierno de la mayor provincia y de la Nación: caídas en los programas de Asistencia Social Descentralizada, en la Asistencia Inmediata a la Emergencia Social, en la Atención a Niños y Niñas en situaciones de emergencia, en la Atención a Niñez y Adolescencia Vulnerables, en la Capacitación de Niños/as y Adolescentes. En todos los casos subejecutaron sus partidas. En ese mismo 2013 las Becas Estudiantiles del Ministerio de Educación debían cubrir las necesidades de 41 mil alumnos, pero al concluir ese año llegaron tan sólo a 7 mil estudiantes, es decir que sólo cumplieron con el 17,65%.

Pasó lo mismo en el área de vivienda, donde hubo una doble reducción. Una caída en términos absolutos: año a año se redujo el monto asignado para el área. Y, por otro lado, una fuerte subejecución. En todos los años de gestión del PRO, el presupuesto del Instituto para la Vivienda nunca ejecutó la totalidad del presupuesto asignado. En los años 2009, 2010 y 2011 sólo se ejecutó la mitad. 

Quito Aragón, legislador del FPV, lo explicaba así: “El problema más grave de la ciudad es la incapacidad de incluir. Y esto se ve en todas las políticas sociales. Desde que asumió Macri, se redujo sistemáticamente el presupuesto para salud, educación, vivienda. El IVC (Instituto de Vivienda de la Ciudad) prácticamente no construye casas en la ciudad. Se le otorga un presupuesto a éstas áreas, se subejecuta y al año siguiente se reduce, porque creen que sobra. Y así sistemáticamente”.

Me situé en un año relativamente cercano al de la campaña presidencial de 2015 para ver lo que se sabía. Tomemos otro año de gestión del PRO en CABA. En este caso 2016, cuando el jefe de gobierno ya no era Macri sino Horacio Rodríguez Larreta, quien hoy no puede usar como excusa de su fallida gestión el enfrentamiento entre el gobierno local y la Casa Rosada, como pretextaban en tiempos del kirchnerismo en el poder.

Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires dieron cuenta de una caída del poder adquisitivo de 8,7 puntos en 2016. Pero, mientras que para el 20 por ciento más pobre la baja fue del 10,2 por ciento, para el 20 más rico, de solo 1,8. El Sur de la ciudad tiene el mismo gobierno que el Norte de la ciudad, pero se amplió la brecha entre ricos y pobres y entre el Norte y el Sur de Buenos Aires.

Y volvió a ocurrir en 2017 y 2018. No son debilidades de un gobernante, sino políticas excluyentes aplicadas sistemáticamente.

Aun cuando los medios oficialistas y la mayoría de los medios han blindado continuamente al PRO por razones políticas y de pauta oficial, no tengo dudas de que de muchas formas la realidad permea, que sabemos más de lo que decimos saber, y que aquel “muestrario” de las prioridades de Macri y todo su equipo siempre estuvo a la vista de los porteños como para que pudieran haberse confundido y confiado ingenuamente que su promesa de “pobreza cero” tenía algún sustento en los hechos.

Concedo que, ante este dilema se apunte a la “posverdad”, que dictamina que los hechos pierden frente a las creencias. E imagino, por lo menos, dos razones para explicarnos este juego que Víctor Hugo bautizó “Mentime que me gusta”: Una estrategia fuerte de la campaña para alejar al kirchnerismo del gobierno consistió en mostrar como falsos los logros que han sido medulares para la llamada “Década ganada”, en particular en esa materia sensible del mundo K que es la pobreza y las desigualdades. Desde el trabajo de desacreditar los indicadores positivos señalando que es otra de las mentiras del INDEC (nunca será menor el daño que se hizo con la intervención del área estadística), hasta opacar los avances centrándose en bolsones de pobreza que no dejaron de existir y en el aumento de las poblaciones villeras que, para el conocedor, no tiene por qué reflejar un empeoramiento sino nudos estructurales que no son fáciles de resolver.

Es decir, parte de la estrategia de Cambiemos y sus aliados mediáticos es golpear al kirchnerismo en aquello que ha sido su fuerte, la sensibilidad social, buscando “demostrar” que era demagogia y mentiras. Podemos imaginar que con “Pobreza cero” se buscó robarles el argumento, aunque Macri y sus votantes sabían que sólo era para maquillar el costado clasista de su plan.

Otro factor para inferir que “Pobreza cero” era sólo una coartada tiene que ver con lo que sospecho que está muy instalado especialmente en los grandes centros urbanos con mucha presencia de clase media: más allá de la fuerza que tiene en ellos el antiperonismo, el peronismo dejó la imagen de gobernar con mano firme, pero también, creo, la reputación de mejorar la situación de los trabajadores y los pobres a costa de promover una suerte de pobreza digna para todos y de “combatir al capital”. En otras palabras, para la cultura aspiracional tan arraigada, especialmente en las regiones más urbanizadas, el peronismo combate la riqueza y nos quiere pobres e iguales a todos. No digo que esa imagen corresponda a la realidad, sino que me parece muy fijada colectivamente. Y es mala señal para el sueño del ascenso social que no sólo alienta la clase media sino también los sectores populares.

La cacareada promesa de “Pobreza cero” en boca de un gobierno clasista se parece demasiado a la preocupación por los pobres que brota de repente en tantas almas caritativas en las vísperas de Navidad. Sólo que en este 24 de diciembre ya no será pronunciada.

 

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2018

*Periodista y escritor

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