

La importancia de la convocatoria del 24 de marzo de este año, cobra una dimensión de mucha potencia debido al discurso negacionista del gobierno y su decisión de anular las políticas de memoria. La fecha anuda los derechos con la democracia, una idea de democracia con derechos, porque de lo contrario no es democracia.
Por Luis Bruschtein*
(para La Tecl@ Eñe)
Se relaciona el 24 de marzo con los derechos humanos y para otros es el repudio a la dictadura. En realidad, lo que está planteado en el simbolismo de esa fecha es la relación democracia-derechos humanos. Es un par que la sociedad fue fundiendo en un solo significado. Democracia y derechos humanos como un solo concepto. Fue el gran aporte del movimiento de derechos humanos a la nueva etapa que empezaba con el repliegue de las Fuerzas Armadas a fines de 1983.
Aquí se ha naturalizado ese maridaje, pero, fuera de Argentina, son dos conceptos que se diferencian con mucha claridad. Incluso al principio, no había grandes movilizaciones para el 24 de marzo. La convocatoria de derechos humanos era en diciembre, para la Marcha de la Resistencia. El repudio a la dictadura, o la reivindicación de la democracia, se daba como implícito. El 24 de marzo fundió las dos ideas en una sola. En la sociedad fue más visible, pero en lo institucional fue más difícil.
Las fuerzas armadas golpistas que crearon las condiciones para el surgimiento de las guerrillas setentistas, tampoco eran concebidas con su función tradicional. El golpismo como práctica las convertía en un Partido Militar, y una parte de la sociedad naturalizó esa degeneración institucional.
Como la sociedad debía comenzar su transición desde la dictadura hacia la democracia, los militares debían transitar ese camino desde su papel de Partido Militar para la Seguridad Nacional, hacia el de Fuerzas Armadas para la Defensa Nacional, que es su función democrática. La desnaturalización de las Fuerzas Armadas quedó en evidencia en Malvinas. No sólo por las incapacidades técnicas, sino también por lo inservible de su alianza y subordinación a Estados Unidos, que era, y es, el principal aliado de Gran Bretaña en la OTAN.
Ojalá las transiciones en la sociedad y en los militares hacia formas democráticas hubieran sido lineales. En el camino se mezclaron muchos factores. Con los levantamientos carapintadas, las Fuerzas Armadas entendieron que el golpismo había perdido consenso en la embajada norteamericana y en el poder económico.
Tuvieron que abandonar las prácticas golpistas y, como ya no eran necesarios para derrocar gobiernos populares, el gobierno neoliberal de Carlos Menem les bajó salarios, presupuesto y redujo su número. Pero las metió en el tráfico internacional de armas y amnistió a los represores que habían sido condenados. La formación colonial, antipopular, que se expresó en los golpes de 1930, 1955, 1966 y de 1976, tiene raíces muy profundas y tomó la forma del neoliberalismo como ideología corporativa, la que, a su vez, ensambló con el negacionismo del genocidio que cometieron sus antecesores del Partido Militar.
Al cumplirse 50 años del golpe, la sociedad parece sufrir quebrantos y ruptura de sentidos al punto de poner en el gobierno a un sujeto estrafalario cuyas características hablan de confusión en la sociedad o, al menos, en una parte importante de ella. En esa confusión de río revuelto, donde se descarta lo que implique conflicto, engorda el negacionismo.
Pero la convocatoria para los 24 de marzo ha funcionado también como un gran ordenador. Muchas veces ha sido plantar un hito en medio de la tormenta de la confusión. Así funcionó desde la primera convocatoria en 1996, que se decidió fundamentalmente para respaldar el comienzo de los juicios en España a los genocidas argentinos, porque en Argentina estaban cerrados. Funcionó como respaldo y también (creo que de manera inesperada) como un ordenador decisivo.
La importancia que tiene esta convocatoria del 2026 se asienta justamente por el discurso negacionista del gobierno y su decisión de anular las políticas de memoria. La fecha anuda los derechos con la democracia, una idea de democracia con derechos porque de lo contrario no es democracia. La democracia es una categoría política, como la dictadura. Más derechos es más democracia. Menos derechos, es menos democracia. Es una definición política en un gobierno que niega los derechos a los jubilados, a los discapacitados, a las mujeres y a los trabajadores. Menos derechos, menos democracia. Es la síntesis, el simbolismo que se plantea en todas las convocatorias.
Ante un gobierno que anula derechos, el 24 de marzo se convierte en una cita obligatoria por la democracia. Este 24 representa una convocatoria que contiene a todas las demás. Es un abrazo a los jubilados, a los discapacitados y a los trabajadores. Es una propuesta política, un proyecto de país; es la aspiración a una sociedad humana sin exclusiones ni privilegios, en la que todos tengan un lugar con dignidad.
Tiene también un efecto de auto-docencia de masas para diferenciar el consignismo y las falsas declamaciones de libertad, como las del gobierno, de una convocatoria que se respalda en años de lucha verdadera, en situaciones desfavorables, asumiendo riesgos y jugándose la vida. La memoria juega también como docencia. El 24 se refleja en la lucha y el esfuerzo de las Madres de Plaza de Mayo, de las Abuelas y Familiares, y de todo el movimiento de derechos humanos que desde la dictadura para acá han sido el puntal moral sobre el que se sostuvo el avance hacia un país mejor.
*Periodista

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