
Adiós al lenguaje – Por Hernán Sassi
19 julio, 2026Esta selección nos permitió reencontrarnos en lo colectivo y nos recordó que ninguna victoria es posible sin el otro.
Por Gabriel Martínez Picco*
(para La Tecl@ Eñe)
En nuestras vidas existen aquellos días que uno desearía poder vivir dos veces ¿Qué digo dos? Mil veces, si fuese posible. Este domingo fue uno de ellos.
Una vez más el fútbol nos devuelve la emoción del cobijo común, de los recuerdos amables y los abrazos intensos.
Abrió el cielo en los corazones de la patria y volvió a brillar el horizonte, con la fuerza de once jugadores, un cuerpo técnico y el empuje de todo un pueblo que batalló cada partido como quien banca la parada de su vida.
Atrás había quedado Inglaterra, y durante un buen tiempo pudimos tocar el cielo con las manos, desde donde el Diego nos devolvía mil sonrisas pícaras mientras el Indio agitaba lienzos blancos y nos decía que así lo había soñado.
Pensar en la tarea cumplida es reducir la gesta, para millones de compatriotas es muchísimo más que eso. Habitamos una patria herida que por momentos reniega hasta de su propia bandera. La historia es también nuestra memoria, de sangre pesada, ardores fuertes y generaciones atravesadas por el dolor. Allí, en ese íntimo lugar de nuestro ser, nunca fueron sólo partidos, también se jugaban las esperanzas contenidas y los sueños truncos de una buena porción de nuestro pueblo. Aquellos que atraviesan rotos este presente de miseria y a los tumbos, encuentran en cada amanecer la fuerza para remontar otra cuesta, como la semilla que insiste en germinar o el desierto que, contra todo pronóstico, descubre su manantial.
Pusimos la vida en pausa por algunas horas, nos alejamos de los vientos de odio y las injusticias diarias, nos dedicamos a disfrutar a pleno de este maravilloso deporte, a pensar la pelota como una flor del profundo sur, con toda su esplendorosa fragancia y aparente fragilidad.
Esta selección nos permitió reencontrarnos en lo colectivo. Nos recordó que ninguna victoria es posible sin el otro. Pero todavía nos queda por delante una batalla inmensa, aquella que deberá gritarse desde todas las tribunas para recordarles a quienes se interpongan que la patria no se vende.
Gracias Leo. Gracias selección.
20 de julio de 2026.

*Arquitecto. Fue docencte en la Facultad de Arquitectura de la UNLP.

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2 Comments
Me encanto!!! la patria no se vende.
¡Gracias, Teresa!