

Menem, Borgia y D’Annunzio no agotan la alacena del maquillaje y los afeites. Esta nota propone un recorrido por la galería de los «must-have» donde se bambolean entorno y contorno, iniciativas descriptivas que también son prescriptivas.
Por Rafael Bielsa*
(para La Tecl@ Eñe)
Durante la presidencia de Carlos Menem, observando su aspecto físico y su mutación, me pregunté muchas veces: si alguien hace semejantes cosas consigo, ¿qué no será capaz de hacer con todos nosotros? También, ¿cuánto tiempo le quedaba para cumplir con sus deberes, tras el que le insumían la toilette y la cosmética? Me intrigaba una duda —que se volcaba sobre ambas preguntas—: ¿lo imprimirían sensaciones fuertes, como la seguridad en sí mismo, o la indiferencia por los demás? Por entonces, todas fueron especulaciones y no obtuve respuestas consistentes; sigue siendo territorio no cartografiado.
Más adelante leí que, para Lucrecia Borgia, hija del Papa Alejandro VI, el maquillaje y los afeites —además de formar parte del canon cortesano—, no eran solo códigos estéticos y un lenguaje visual, sino también símbolos de estatus e instrumentos políticos y culturales, que intensificaban la idea de pureza, nobleza y distinción en su esfera de influencia. Los polvos a base de albayalde —blanco de plomo, que reordenaban los rasgos (e intoxicaban)—, y los pigmentos minerales para labios, en la corte papal eran parte del espectáculo del poder. En mascaradas y banquetes, los cosméticos subrayabansu rol simbólico como musa o diosa, o alegorizaban virtudes. Si las cosas eran así, ¿por qué no concederle un andarivel semejante a nuestro copioso presidente?
El uso de rituales y uniformes de Gabriele ‘D’Annunzio, poeta, escritor y político italiano, evoca a la Venecia mítica, una ciudad famosa por sus máscaras de apariencia, aunque él nació en Pescara (1863) —o sea, abruzzese—. Fue conocido por sus poemas, sus obras de teatro, sus novelas, y sus polémicas ideas políticas. Pequeño, calvo, con tres colores de dientes —amarillos, negros y blancos—, tuvo un tempestuoso romance con la actriz Eleonora Duse, la gran rival de Sarah Bernhardt. D’Annunzio pasó parte de su vida en las columnas de chimentos de los diarios por un sinfín de amoríos, y anhelaba que los italianos dejaran de ser reconocidos por sus parajes, sus ciudades y sus obras de arte, y que se ganaran el respeto por la capacidad para ir a la guerra.
Su cuerpo era una obra de arte viviente: abusaba de óxido de zinc como blanqueador de mejillas por la moda decadentista, de polvo de arroz para matizar el rostro de marfileño, de fragancias exóticas (nardo, mirra, almizcle) para su presencia escénica, perfilaba sus cejas para la teatralidad de su mirada, delineaba sus párpados con kohl de carbón vegetal y antimonio, rociaba las sábanas con un compuesto de violeta y cuero, y su ropa interior con el avainillado benjuí. Aunque nunca respaldó totalmente el fascismo, sentía que Mussolini era su imitador. Se le atribuye la frase: “Yo soy su precursor. Él me ha copiado”. Razones no le faltaron: suyos fueron el saludo romano (brazo en alto); la teatralización de la política (desfiles, uniformes, escenografías); el uso de lemas y consignas, como “No me importa” (Me ne frego), adoptado por los Camisas Negras; la exaltación del heroísmo, la violencia redentora y el culto a la juventud; y la idea del Estado como obra de arte total, donde se fundían estética y poder.
Sin embargo, Menem, Borgia y D’Annunzio no agotan la alacena; hay otros must-have que vale la pena recorrer. Tratándose de ideas donde se bambolean entorno y contorno, iniciativas descriptivas que también son prescriptivas (o que pueden llegar a serlo), hay que consultar especialistas (@qets.tuimagen —mentoría—). Por la soleada acera de la calle, llegan Zohran Mamdani, aferrando su manto y zarandeando el sweater amarillo mostaza, junto con su esposa Rama Duwaji. Parecen venir de un país donde se viera el mudo de otra manera.
Primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, el primero de ascendencia del sur de Asia (su madre es india), el primero nacido en África (en Uganda, la nacionalidad de su padre), y uno de los más jóvenes en más de un siglo (34). Es un galimatías de las ciencias cualitativas; los detalles ya se aclararán. Usa el profesionalismo funcional del traje (Uniqlo, de confección y bajo costo), camisas de cuellos Nehru, colores vibrantes en prendas clave. Cumple con los horarios gracias a un reloj Casio, durable, retro y barato. El diseño de marketing mezcla cartelería local de tiendas de barrio y visualizaciones Bollywood. Detrás de la sonrisa emprendedora, pareciera bambolearse una lámina familiar de la diosa Durga a lomos de su tigre; la circunda una guirnalda de caléndulas.
Con un lenguaje visual energético, que comunica su mensaje de forma efectiva, propuso congelar el alquiler para un millón de neoyorquinos —que viven en apartamentos con renta estabilizada—, y aumentar la construcción de viviendas asequibles; organizar un servicio de autobuses públicos gratuito; ofrecer guarderías para niños de hasta 5 años; aumentar los impuestos a los residentes con mayores ingresos (más de $1 millón de dólares). Mamdani es defensor de los derechos palestinos; su esposa Rama Duwaji lo acompaña sin aferrarse a él, como un cuásar de radio cuyos chorros de plasma se desplazan casi a la velocidad de la luz.

Lo de Silvio Berlusconi no fueron los Casio, sino el Audemars Piguet, los Patek Philippe (el Tourbillon y el Calatrava), y el Cartier Panthère. Los polvos matificantes —sílice, talco o arcillas— reducían el brillo del rostro, controlaban el exceso de grasa y fijaban el maquillaje, dejando un aterciopelado mate en la piel, y un delineador sutil (conocido informalmente como guyliner) definía su mirada y hacía que sus ojos parecieran más presentes. Fue fotografiado usando un pañuelo impregnado con maquillaje durante un acto oficial, presionando sobre la zona T (frente, nariz, mentón), lo que le permitía mantener una piel tersa, sin arrugas, y con un tono uniforme; también, retocándose la cara con un disco de cosméticos durante una sesión con las organizaciones que representan a los empresarios y empleadores en Italia. El pelo era una combinación de micro injertos, el uso de una prótesis (tupé), y laca coloreada para unificar el tono y la densidad. Sostenía que mantener una cabellera poblada y oscura era necesario por “respeto a los demás”. Usaba zapatos con alzas (a veces con plataformas o tacones internos). Casi tantos como sus relojes fueron sus apodos: Il Cavaliere, Il Mago di Arcore, Sua Emittenza (juego de palabras entre “Su Eminencia” y “emittente”, emisora, por Mediaset, su imperio mediático). También Papi, por sus escándalos sexuales: las fiestas Bunga Bunga.
Donald Trump no tiene un listado de tratamientos para el cabello, sino un universo observable. Su color improbable —difícil de descubrir en la naturaleza— es el matrimonio entre el tinte “Just for men” y la impaciencia, que impide asentarse a la tonalidad. El corte especula con el estilo mullet: laterales y la nuca más cortos, y más largo en la coronilla. La dihidroxiacetona de los auto bronceadores es la responsable de la piel mandarina anémica. En cuanto al maquillaje, se afirma que es Boosting Hydrating Concealer, de la marca suiza Color Bronx. En un encuentro con Úrsula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) el 27 de julio de 2025, también maquilló sus manos con una base ligera.
El reciente autor del “Corolario” de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) tiene Airbumps laterales color flúor —como algunos autos utilitarios—, pegatinas decorativas sobre el pilar pectoral, cuando avanza se detiene con el disco ventilado visible detrás de la llanta, y cuando retrocede con el freno a tambor trasero. Debido a que el pre-corrector suizo para neutralizar tonos fríos (azul, violeta) en la piel es libre de crueldad (cruelty-free, no ha sido probado en animales en ninguna etapa de su desarrollo) y vegano, es de suponer que esta información está bajo la celosa custodia del Departamento de Guerra de los Estados Unidos.
El 4 de noviembre, Katie Wilson fue elegida como alcalde de Seattle, la ciudad donde están las sedes de Amazon, Microsoft y Boeing, epicentro del boom tecnológico que concentra más de 3 billones de dólares en valor de mercado. Wilson se mudó a la ciudad en 2004, fundó la Transit Riders Union —una organización dedicada a mejorar el transporte público y reducir las desigualdades en la movilidad urbana—, no tiene auto y alquila un departamento de 55 m². El Brookings Metro Monitor 2025 (un informe anual no público que mide el desempeño económico y social de las principales áreas metropolitanas de Estados Unidos en términos de crecimiento, prosperidad e inclusión), advierte que “las áreas metropolitanas con fuerte crecimiento tecnológico, como Seattle, enfrentaron una paradoja: expansión económica sin mejoras proporcionales en la asequibilidad de la vivienda, lo que amplió las brechas sociales y desplazó a miles de residentes”. El informe subraya que la falta de políticas redistributivas y la concentración de riqueza en sectores de alta tecnología “erosionaron la cohesión social y generaron presiones políticas para reformas locales”. Wilson, que ganó por un puñado de votos, “vive como viven los demás”; elude los trajes, el maquillaje profesional, la escenografía institucional, impone el minimalismo y lo despojado como ética, y su presencia visual es baja en artificios. En su estética, la coherencia reside en que lo que está a la vista es todo lo que hay.
Entre los 22° y 55° de latitud sur, y los 53° y 73° de longitud oeste, la Argentina ocupa parte del extremo de América del Sur. Tenemos lo nuestro: nos extraviamos con alboroto, cambiamos la dignidad por el rendimiento, consideramos a los neurodiversos un error de cálculo, congelamos la impavidez del privilegio, coloreamos el sufrimiento en retratos paisajísticos, cada vez vale menos la pena llegar a horario a algún lado. El titular del poder ejecutivo usa un mameluco de YPF —similar al uniforme de los playeros de estación de servicio— para jugar con sus perros por la mañana, y cuatro camperas al mismo tiempo por la noche, para quién sabe qué. Las abuelas, cuando veían un desorden cabelludo, decían: “¡Pasate un peine por ese nido de pirincho!”. ¡A saber qué dirían ahora!
Martes, 9 de diciembre de 2025.
*Abogado y escritor.

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Conozco a los dos Bielsas. Siempre caminaron por el camino de la inteligencia y la verdad. Ejemplos rosarinos y argentinos. Larga vida.