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5 agosto, 2026Alejandra González nos envía una reseña de «Sátira y política. Diario de la Argentina de Milei», de Ariel Pennisi y Adrián Cangi.
Por Alejandra González*
(para La Tecl@ Eñe)
Diario de la Argentina de Milei.
Make Argentina great again
Política sin sátira.
Cierto regusto agridulce, tal vez ácido, nos acompaña en la lectura de Sátira y Política, el texto a cuatro manos, fruto de, imaginamos, charlas, risas, lecturas y más de un insulto muy dirigido, de los amigos Ariel Pennisi y Adrián Cangi.
El texto nos va llevando por una vía crítica, que recurre a los saberes de una filosofía que parece no alcanzar, como una frazada corta, para abrigar lo real que se escapa por todos lados. Es ese el primer sabor de la lectura. No basta con nuestro spinozista deseo de comprensión, con nuestras bibliotecas, con nuestras lecturas nocturnas y nuestros afanes diurnos en activismos más o menos estériles, para soportar la avalancha del fuego destructivo del poder mortífero de la derecha mundial y sus devaluados epígonos locales. Los intentos están: frankfutianos, obreristas alemanes, franceses antiedipianos, todos aportando sus conceptos, sus análisis y sus barricadas simbólicas. La singularidad de la palabra sudaca, devaluada a nivel de la academia, pero cercana en los afanes de nuestros cuerpos doloridos de tanta refriega, empobrecimiento y promesa, brinda algunos lugares desde donde relanzar un movimiento (ya no escribo «emancipatorio», suena de siglos pasados, como justicia social, fraternidad y solidaridad).
Pero queda lugar para la pregunta: ¿qué clase de política pone en acto Milei? ¿es sátira lo que figura su ejercicio o alguna otra forma solemne del resentimiento social? ¿Es auténtica la desnudez de su discurso? ¿Acaso le creímos cuando recomendó vender niños -como Jonathan Swift- para subvencionar los gastos? Si lo que puso en evidencia, fueron nuestras fantasías sádicas, nuestro deseo de venganza, nuestras mezquinas vendettas vecinales, es interesante ver cómo el capitalismo, en esta etapa tecnocrática y elitista, despliega un tipo de estructura psíquica. Ya no es el emprendedor de sí, ahora es el psicópata violento y letal. No se trata, como bien explican los autores, de incurrir en un psicologista análisis de interioridades inexistentes. Los «indivisos» no tenemos interior ni exterior. Solo una superficie con pliegues y repliegues que se hacen y deshacen a fuerza de gestos. Políticas del vaciamiento del espacio público que se construye en común, sin derechos inalienables inmanentes, ni dignidades personales trascendentes. Solo cuerpos oscilantes con figuras en permanente mutación que ocupan el espacio que son capaces de ganar desalojando a otros y adoptando las formas que pueden.
La sátira como género tiene una larga historia que los autores transitan. ¡Pero aquí no hay metáfora! Ni humor negro, ni estilo, ni alegoría, ni punto de vista crítico. No es posible encontrar nada de eso en el modus operandi de la triste pareja fraterna que nos gobierna. Un simbolismo empobrecido, donde el lenguaje se ejerce como motosierra, y el insulto como una piedra que golpea los cuerpos de los silentes o de los cantantes seriales de consignas vacías. Palabras deshistorizadas como «libertad» sobreabundan en una lengua que se ha vuelto sierva de un realismo ramplón. Claro que no se lo puede discutir con un discurso moralista que apela a éticas con fecha de vencimiento: cristianos, liberales y marxistas, peronistas de todos los puntos cardinales -todos zurdos para estos gobernantes- se estremecen por la falta de valores. Como si Nietzsche no se hubiera deshecho de ellos hace tiempo. ¡Falta una buena carcajada!
Una política sin sentido del humor nunca podría llegar a la sátira.
Sólo sátira
La sátira pierde su potencia revulsiva cuando
convive con exceso de folletín,
a veces propio de un sabio humor popular
y otras, acentuada por gestualidades de fanfarrón.
Algunas preguntas nos quitan el sueño ante las reflexiones del texto ¿Sería capaz la sátira de restablecer el círculo mágico de la conversación pública? ¿O es necesario algún requisito previo, por ejemplo, la restauración de la creencia en lo simbólico, en el poder transformador de la palabra como gesto poético? Una ética picaresca, que se ríe de sí misma, ¿dónde se sitúa respecto a la verdad? Interrogación por el saber, pero también, ¿dónde se ubica respecto al odio? Esta vez la interrogación es por las pasiones.
Satirizar el mileísmo, sería encontrar el género que pudiera dar cuenta del personaje que construye el propio Milei: uno que come pastillas, no tiene sexo, ni hijos ni padres, ni amigos. No habría entonces gula, ni fornicación, ni adulterio, ni amor/odio. Perfectas formas de las figuras de la ciudadanía contemporánea, que va mucho más allá del consumidor y del emprendedor. El problema de esta risa es que termina ineludiblemente en llanto. Habría que recuperar esa menipea que permita remar más allá de los nombres para llegar a las vicisitudes que permiten la ruptura del tejido social, el aislamiento psicotizante, y la disolución de toda comunidad por falta de empatía.
De la potencia satírica
Solo el escepticismo crítico suvbversivo
y festivo de la sátira no violenta,
guarda algunas pistas para salidas
ni melancólicas ni moralizantes,
ni confrontativas ni épicas.
Los escritores trasnochados de este libro recuperan al Horacio González que hizo del sarcasmo y de la sátira una propuesta política: «Proponemos entonces la noción de Estado libertario…» (2014) Una democracia extrema, asunto que también da risa. Pero en todo caso, no es letal. Si se trata de poner en juego la potencia satírica en el campo político, lo que surge es una subversión del Orden. La sátira es siempre contra el Estado que se cree a sí mismo garante de la institucionalidad y de libertad. Pero también, y, sobre todo, del progresismo que, muy solemne, se cree depositario del deseo popular. No es por ahí, evidentemente. Los Progresistas con su moral a cuestas y su voluntad de repartija redistributiva son también realistas seriales. Hacen lo que pueden lo mejor posible. Pero no llegan a imaginar un futuro más allá de vacaciones de una semana y un autito de marca nacional que nos aleje del bochorno de enero.
Entonces, si las teorías no bastan para explicar y las buenas intenciones morales no alcanzan para satisfacer las necesidades, algo pasará con los agrisados ciudadanos de estas democracias vetustas. No basta con esperar a los bárbaros, como dice Kavafis, que ignoran la prestancia senatorial y engendran lo nuevo por el arrasamiento de las instituciones. Lo que tememos es que esa espera también termine en decepción.
Los escribas de estas reflexiones se preguntan por los rasgos de una sátira plebeya, sin solemnidades, muy presentes en las frases de Maradona que engrosan el tesoro de nuestra lengua (solo basta recordar el barrio privado/privado de luz y gas). Y el modo en que esa sátira, riéndose del pasado que nunca pasa, encuentre en él, por un giro de la lengua poética, otras figuras que, con el poder de la carcajada y de la imaginación política, pueda encontrar en el presente la forma de convertir el agua en vino para que siga la fiesta sin amasijar un punto para amenizar la velada.

El libro «Sátira y política. Diario de la Argentina de Milei» será presentado en un acto público por Nancy Pazos y Diego Genoud y acompañará Sergio Lánger, junto a los autores, el 6 de agosto a las 6 de la tarde en Abra Cultural, Hipólito Yrigoyen 840 (CABA)
5 de agosto de 2026.
*Doctora en Filosofía y Magíster en Análisis del Discurso, docente e investigadora.

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