

El Equipo de Antropología Forense de Argentina reportó el hallazgo de restos humanos correspondientes a doce personas en el predio de lo que fuera el Centro Clandestino de Detención (y exterminio) conocido como La Perla, en la provincia de Córdoba. Es en estos momentos críticos de revanchismo negacionista, donde es preciso recuperar la militancia con historia de las y los treinta mil militantes desaparecidos y profundizar el debate que es político e ideológico.
Por Carlos Girotti*
(para La Tecl@ Eñe)
El título entrecomillado de esta nota es la leyenda de un cartel que el movimiento de derechos humanos de Illes Balears (Islas Baleares) exhibió frente al Parlamento local en repudio a la derogación de la Ley de Memoria Democrática propiciada por el partido ultraderechista Vox y apoyada por el derechista Partido Popular. Por encima de la leyenda citada, el cartel mostraba las imágenes de doce mujeres republicanas, asesinadas por las hordas franquistas durante la Guerra Civil española.
La ley derogada por el revanchismo clasista de la ultraderecha hispánica fue, hasta ese momento, uno de los pocos logros alcanzados por la democracia posfranquista para intentar reparar, en nombre del Estado, los crímenes de guerra y la persecución perpetrados por el tristísimo Generalísimo.
Casi al mismo tiempo en que se producía la protesta de la Asociación Memoria de Mallorca, el Equipo de Antropología Forense de Argentina -mundialmente reconocido por su contribución a la recuperación e identificación de los restos de militantes desaparecidos por la dictadura de Videla, Massera y Agosti- reportaba el hallazgo de restos humanos correspondientes a doce personas, en el predio de lo que fuera el Centro Clandestino de Detención (y exterminio) conocido como La Perla, en la provincia de Córdoba.
Es como si un hilo invisible hubiera unido las imágenes de aquellas doce mujeres republicanas asesinadas, con los restos de estos doce desaparecidos enterrados en una de las fosas secretas de La Perla. Porque lo del número, vamos, es una pura casualidad, pero el hecho de que tanto en España como aquí soplen vientos renovados de negacionismo sólo puede ser atribuido al envalentonamiento de las derechas que se alborozan al compás del genocidio del pueblo palestino, se codean cuando Maduro y su esposa son secuestrados a la vista de todo el mundo y vibran de emoción cuando Trump y Netanyahu bombardean Irán y Líbano. Ni que hablar cuando sueñan en voz alta con el ahogamiento de Cuba.
Hay toda una tendencia a caracterizar este júbilo revanchista como producto del renacimiento del fascismo. Por cierto, es verdad que hay quienes aclaran que no se trata del mismo tipo de fascismo que el de la Italia de Mussolini, como también están los que hablan de posfascismo o de fascismo del siglo XXI, de manera de matizar un poco lo que podría sonar a forzamiento de la realidad. El debate que encierran estas caracterizaciones no es de naturaleza académica, aunque pudiera parecerlo si uno se distrae con la cantidad de escritos con citas bibliográficas y relecturas de clásicos para fundamentar tal o cual definición.
El debate, pues, es político y, cuando se profundiza, también es ideológico.
En Argentina, decir que el gobierno de Milei «es fascista» equivale a levantar la consigna de un Frente Popular para derrotarlo. Es decir, un frente en el que estarían incluidos desde los representantes de los grandes grupos económicos locales, como Paolo Rocca o Madanes Quintanilla, a quienes Milei insulta públicamente, pasando por los pequeños y medianos empresarios jaqueados por la política económica del gobierno y, desde luego, la clase trabajadora con toda sus expresiones y sus fracturas expuestas.
Por increíble que parezca, ese frente no ha sido expresado con claridad por sectores de izquierda, aunque algunos lo hayan insinuado. En cambio, quien sí lo hizo, tras su visita a la prisión domiciliaria de Cristina, fue el malabarista Miguel Pichetto que manifestó: “el programa tiene que ser capitalista, productivo. Nada de un esquema viejo, intervencionista, el Estado presente, toda esa paparruchada que ya fracasó” – sostuvo en una entrevista con el streaming Gelatina -. Y abundó en detalles: «Tu propuesta y tus emisores no pueden ser ideas peligrosas que determinen que en un solo movimiento el dólar pase de mil quinientos a tres mil”. Pichetto llamó a esto “Frente Nacional” en el que, como se desprende de sus dichos, la hegemonía la deberían tener los capitalistas.
Más claro aún fue en la entrevista que publicó Perfil el pasado 10 de marzo: “(…) yo creo en un centro nacional y creo también que hay un espacio para la construcción. Primero desde la reformulación del peronismo, que tiene que darse un debate de ideas. Porque si no lo hace y sigue funcionando con visiones viejas, estéticas viejas y la inexistencia de un discurso que tenga un correlato con la realidad, indudablemente el peronismo no va a poder ser articulador de ese frente”.
Pichetto, en lugar de definir que para enfrentar a este modelo neocolonial de explotación y miseria lo que se necesita es que, al menos, una parte del peronismo recupere la identidad que lo llevó a ser “el hecho maldito del país burgués”, viene ahora a sostener exactamente lo contrario. Y lo hace, tan luego, a la salida de su visita a la prisión de Cristina de quien, por otra parte, no se conoce su versión del encuentro. Tampoco se supo que dijo Axel de esa reunión ni qué opinión le merecieron las advertencias ideológicas de Pichetto.
¿Vale la pena tanto silencio en vísperas, nada menos, del cincuentenario de la implantación del terrorismo de Estado? ¿Es posible que desde el peronismo nadie levante la voz para oponerse frontalmente a este intento de fundar un nuevo partido del orden?.
Aunque más no fuera para sostener que quienes ofrendaron sus vidas en pos de una Argentina justa, libre, soberana, antiimperialista y combatiente contra el capital, hoy nos imponen su legado y ejemplo de lucha. Legado y ejemplo que no deberíamos traicionar, a pesar de que Pichetto diga que “cambian las circunstancias. El concepto de traición no existe”.
Es en estos momentos críticos, donde es preciso recuperar la conducta revolucionaria de las y los treinta mil militantes desaparecidos, militantes con historia, con identidades partidarias, con representaciones sociales concretas y dejar, de una vez por todas, de considerarlos “víctimas”. Y a quienes se empeñan en hacernos olvidar eso, a perdonarnos unos a otros, como dijo Pichetto, hay que responderles con la convicción y la firmeza de nuestros compañeros en las Baleares: “Porque fueron son, porque son serán”.
Jueves, 12 de marzo de 2026.
*Sociólogo. Secretario de Enlace Territorial de la CTA de los Trabajadores.

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1 Comment
«recuperar la conducta revolucionaria»
¿Para qué, Girotti?
¿Para que en la próxima sean 60 mil los desaparecidos, en lugar de 30 mil?
¿Para que América Latina continúe siendo un territorio pletórico de recursos naturales y, aún más, de pobreza?
¿Para que finalmente todos nos dediquemos a manejar ubers?
¿O acaso usted -sensatamente- cree que con «conductas revolucionarias» vamos a lograr la felicidad de nuestro pueblo?